lunes, 28 de septiembre de 2009

Quinto encuentro

Después de una serie de trabas y la cancelación de la primera fecha prevista para el encuentro, por fin nos vimos el día 19 de Septiembre, casi 4 meses después de la ultima vez. Aquella semana yo había tenido mucho trabajo, me costó encontrar algunos minutos para ir haciendo los preparativos, así que no tuve mucho tiempo para ponerme nerviosa.

El avión aterrizaría a las 9.00, y yo había dormido como un bebé la noche anterior y en general toda la semana, supongo que por el exceso de trabajo, así que cuando sonó el despertador me levanté sin mayor problema. Me lo tomé todo con mucha tranquilidad porque iba muy bien de tiempo y llegué al aeropuerto 20 minutos antes que él… menos mal, era la primera vez que no llegaba agobiada por las prisas.

La noche anterior a las 12.30 había estado tapando los cristales de la zona de carga de la furgoneta… me había olvidado de comprar cartulinas, así que sólo tenía una que sobró del encuentro anterior. No me pareció grave, podía tapar la ventana que separa la zona de carga de la zona de pasajeros, y las ventanas traseras quedarían tapadas por el muro del aparcamiento. Me llevé una sorpresa al llegar y ver que el muro no era tan alto como yo lo recordaba, y no llegaba hasta las ventanas… no lo pensé mucho, ya no podía hacer nada.

Entré en la Terminal y me senté a esperar mientras observaba a la gente que pasaba por delante de mí, escuché el aviso de aterrizaje de su avión y me coloqué frente a la puerta. Cuando salió nos saludamos sonrientes y fuimos a tomar el café de rigor. Después nos dirigimos a la furgoneta, abrí la puerta lateral y al entrar recordé que las ventanillas no estaban tapadas. Estaban orientadas hacia una carretera, y era difícil que pasara alguien por allí, pero yo sabía que el Amo no estaría tranquilo. La verdad es que de repente me sentí muy apurada y traté de colocar algunos recortes de cartulina, pero no tenía con qué sujetarlos. El Amo se dio cuenta de mi apuro y decidió que fuéramos directamente al apartamento para ganar tiempo, ya que además, era más tarde que en otras ocasiones.

Llegamos sobre las 10.00, después de dar una pequeña vuelta turística, esto ya se está convirtiendo en tradición. El Amo preparó las cuerdas del gancho, me ató con las muñecas juntas y cubrió mis ojos con la venda. Aún llevaba el vestido que me había puesto para la ocasión, con una falda amplia por encima de las rodillas, ceñido al torso y anudado a la nuca, y medias con liguero, sin ropa interior como siempre.



Empezó a sobarme las tetas por encima del vestido, para continuar pellizcándome los pezones. Me hizo sujetar el bajo del vestido con la boca, de forma que mi coño desnudo quedaba al descubierto, sentí su mano acercándose y separe las piernas un poco más. Comenzó a sobarlo, a masturbarme, mi placer iba creciendo y con él mis gemidos y mis movimientos. De vez en cuando intercalaba algún azote entre los sobeteos. Cuando estaba acercándome al orgasmo, el Amo retiró la mano bruscamente y yo quedé muy caliente y mojada, y sin poder hacer nada más que esperar.

Se acercó nuevamente y empecé a sentir los azotes del gato de tiras trenzadas sobre mis nalgas y mis caderas. Estar colgada con las manos juntas me permitía más libertad de movimientos, y trataba de huir.


En ocasiones me dejaba abandonada, mientras me fotografiaba o grababa en video. Yo intentaba aprovechar esos momentos para relajarme, pero no lo conseguía del todo, sabiendo que en cualquier momento el castigo comenzaría de nuevo.

Me azotó hasta que se cansó y después soltó las ataduras de las muñecas, manteniendo la venda y me ordenó quitarme el vestido. Obedecí y coloqué las manos en la espalda y él empezó a masturbarme. Sujetaba mi clítoris entre sus dedos, moviéndolos, excitándome más y más. En ocasiones él paraba sus movimientos y entonces eran mis caderas las que se movían buscando ese placer que un momento antes estaba recibiendo.
Cuando el orgasmo estaba muy cerca le pedí permiso para correrme, me ordenó que se lo suplicara y así lo hice, esperaba que me lo permitiera, estaba muy caliente y no sabía si podría aguantar. Me corrí enloquecida, soltando toda la tensión acumulada hasta el momento, me costaba mantener la postura, de pie con las manos en la espalda. Agradecí el orgasmo, el Amo pellizcó mi clítoris y me dio un par de azotes en el coño.


Sentí como se alejaba de mí y a continuación escuché el sonido de la cadenita de las pinzas, me esforcé por no sugestionarme. No estaba atada y tenía que concentrarme para mantener las manos en la espalda y no tratar de impedir que me las pusiera. Colgó la cadena de la argolla de mi collar, creo que mi pulso se aceleró… y sentí el primer mordisco de las pinzas en uno de los pezones, me quejé levemente por el dolor y tras un instante la segunda pinza mordía el otro pezón. Estaba agotada por los azotes y el orgasmo y el cansancio hacía que mis percepciones fueran más vagas.

Me dejó así un rato, observándome y fotografiándome, mientras yo gemía y me retorcía. A continuación me colgó nuevamente del gancho y empezó a azotarme con el gato en la espalda, las nalgas y los muslos mientras mantenía las pinzas en los pezones.

Yo me sentía agotada, mi resistencia física me parecía menor que las veces anteriores, así que apenas hacía esfuerzos por huir y guardaba mis energías sólo para quejarme y gemir.

Retiró las pinzas de cadena y me colocó las de pesita. Me observó un rato y después comenzó a azotarme con el gato en el coño. Los azotes no eran demasiado fuertes, me producían placer, aunque yo los recibía con reserva ya que en cualquier momento podría caer uno más fuerte. La repetición de los azotes iba transformando progresivamente el placer en dolor, hasta que finalmente hacían que tratara de huir.



Después de dejarme sola un rato, me retiró las pinzas y la venda, pero me mantuvo en el gancho… hizo algunas fotografías en tono distendido, me relajé y luego me vendó de nuevo los ojos y me colocó el bocado. A veces se acercaba y me masturbaba o me torturaba, otras veces me dejaba sola. Yo aprovechaba estas ocasiones para tratar de mover la bola de caucho y conseguir tragar saliva, o colocarla en otra posición que me molestara menos, y siempre procurando que en estos “juegos” no se me escapara de la boca.

Más tarde colocó de nuevo las pinzas de pesita en mis pezones; tras unos instantes acercó sus dedos a mi clítoris y me masturbó hasta que me corrí cuando él me lo ordenó, agradecí el orgasmo y él lo remató con una serie de azotes con su mano sobre mis tetas.

A continuación me soltó del gancho y me ordenó masturbarme de pie. Obedecí, empecé a hacerlo pero la postura me resultaba incómoda y le pregunté si podía ponerme de rodillas, me lo permitió. De rodillas en el suelo, dejé que mi mano jugara con mi coño.


Continué masturbándome, pero tal vez por el agotamiento, el placer iba decreciendo, notaba cómo el coño se iba secando y le dije que no podría correrme. Me ordenó que siguiera… continué con movimientos más lentos, mi coño se fue mojando de nuevo.

Las pinzas de los pezones se me caían de vez en cuando, a veces una, a veces la otra. La primera vez que cayó una de las pinzas, pensé que me había librado de ella, pero él la recogió del suelo y la volvió a colocar. Cada vez que se caían, repetía la operación de colocarlas de nuevo, y yo volvía a sentir el pellizco en mi pezón. Finalmente conseguí correrme mientras me retorcía de placer a gatas en el suelo. Olvidé agradecer el orgasmo y el Amo me recordó que debía hacerlo.

Acto seguido me retiró la venda y las pinzas y me ordenó que me colocara debajo de la mesa para darle placer mientras él revisaba en el PC las fotografías y los videos que había hecho hasta el momento.

Me acomodé debajo de la mesa, entre sus piernas y empecé a masajear sus huevos y jugar con su polla con mi boca y mis manos. Me excitaba darle placer mientras él me ignoraba y me excitaba poder jugar a mi aire con sus huevos y su polla.

Después de un buen rato así, se levantó de la silla y me ordenó tumbarme en el sofá. Quería que le masturbara para correrse sobre mi cuerpo y después yo extendería su leche con mis manos. El se colocó de pie junto al sofá, estaba demasiado “lejos” y le pedí permiso para incorporarme y además poder chupar su polla. Me lo concedió, me senté en el sofá, delante de él, acerqué mi boca a su polla y empecé a chuparla y entonces decidió sujetarme la cabeza y follarme la boca, me dijo que se correría en mi boca pero no debía tragar su leche si no extenderla por mi cuerpo.

Cuando se corrió dejé que el contenido de mi boca, su leche mezclada con mi saliva, resbalara entre mis labios cayendo sobre mis tetas y mi vientre, lo extendí con las manos por todo mi cuerpo mientras le miraba y le sonreía. Me impregnaba del olor de mi Amo.

Había llegado la hora de comer. Preparé una ensalada con fiambre de pollo, queso y arroz, todo precocinado, precortado y prelavado, estaba rica. Después de la comida hicimos una larga sobremesa, charlando sentados en la mesa, y más tarde nos acomodamos en el sofá. Yo coloqué mi mano sobre el paquete del Amo, como tengo ordenado, y seguimos charlando un buen rato hasta que el sueño nos fue venciendo.

La siesta fue larga. Al despertar me colgó de nuevo del gancho, cubrió mis ojos con la venda y colocó la fusta en mi boca, indicándome que no debía dejarla caer. Comenzó a azotarme con el gato de tiras de ante en las tetas, de vez en cuando algún azote caía sobre mi coño. En una ocasión, eché mi cabeza hacia atrás, de forma que mis brazos empujaron la fusta que salió despedida de mi boca, por instinto traté de sujetarla con las manos, pero estaba atada y la fusta cayó al suelo. Recibí unos buenos azotes en las nalgas con la vara de avellano por dejarla caer y comprendí que no se me podía volver a escapar.


El Amo colocó de nuevo la fusta en mi boca, yo procuré acordarme de mantener siempre la cabeza inclinada hacia delante para que mis brazos no volvieran a empujarla hacia fuera.

Continuó con el gato de tiras de ante sobre mis tetas, yo me iba girando sobre mi eje, pero no me servía para huir, daba igual para donde girara los azotes seguían lloviendo sobre mí. En algunos momentos, intentando encogerme para protegerme o vencida por el agotamiento, quedaba colgada de las cuerdas, apenas apoyando mis pies en el suelo.

En un momento dado, durante los azotes, el Amo me dijo que me azotaría más fuerte si seguía girándome, y que debía estar quieta si quería que los azotes fueran menos dolorosos. Procuré estarme quieta, no girar y limitarme a quejarme, mientras las tiras del gato caían sobre mis tetas una y otra vez.

Tras los azotes, quedé otra vez sola unos minutos, no pensaba nada en esos momentos, estaba muy cansada. El Amo se acercó y colocó otra vez las pinzas de pesita en mis pezones… a veces me dejaba abandonada, a veces se acercaba y me masturbaba o me pellizcaba, según le apeteciera.

También me azotó con el gato en las nalgas, la espalda y los muslos, yo no podía olvidarme de la fusta, la sujetaba entre mis dientes para asegurarme de que no se caería… supongo que durante los azotes apreté más de la cuenta, ya que mis dientes quedaron marcados en el nylon de la varilla.


Después de un rato jugando conmigo a su antojo, me soltó del gancho y me colocó de rodillas en el suelo. Empezó a masturbarme con la fusta y yo me incliné hacia atrás apoyando mis manos en el suelo. Continuó masturbándome con la fusta, a continuación me ordenó esperar así para fotografiarme, la postura se me hacía muy incómoda, aguanté todo lo que pude hasta que finalmente le dije que no podía mantenerme así más tiempo.

Me obligó a tumbarme en el sofá, con los pies apoyados en el suelo, las piernas separadas y las manos en la espalda. La venda seguía cubriendo mis ojos y empezó a azotarme el coño con el gato de tiras de ante, mientras me recordaba que debía mantener siempre las piernas separadas. A veces me costaba hacerlo, pero sabía que si desobedecía sería peor.



Cuando se cansó de azotarme, me liberó y cenamos. Continuamos con nuestras charlas durante un buen rato y después nos fuimos temprano a la cama. El Amo estaba cansado, pero yo estaba muy fresca, y además tenía mucho calor. Le pedí un “vale-cigarrito” para poder bajar a fumar más tarde, cuando él estuviera dormido y entre bromas me lo dio.

Estaba acostada boca arriba, tumbada a su lado y con la mano en su paquete, me estaba excitando y deseaba que él colocara su mano sobre mi coño… le pedí permiso para jugar con mi clítoris mientras con la otra mano me dedicaba a sus huevos, me lo concedió y comencé a jugar… a medida que aumentaba mi placer, a veces me despistaba y me parecía que me concentraba más en una mano que en la otra, así que decidí dejar de jugar con mi coño.

Yo no paraba de dar vueltas en la cama, si me cubría con el edredón tenía mucho calor, pero si me destapaba sentía algo de frío. Además tampoco dormí con la mano en el paquete del Amo, acercarse a él era como acercarse a una estufa, él está acostumbrado a temperaturas más altas así que donde él está a gusto, yo tengo calor. Después de bajar a fumar un cigarro y después de muchas más vueltas en la cama, el sueño por fin me venció.

Por la mañana el despertador sonó a las 8.00, lo apagué y me acerqué al Amo, colocando mi mano en sus huevos, no sabía qué le habría parecido que durmiera en la otra punta de la cama, pero el Amo es comprensivo y entendió que no fue por negligencia.

Nos levantamos alrededor de las 10 h. Desayunamos y seguimos charlando en el sofá. Después el Amo cogió mi clítoris entre sus dedos y empezó a jugar con él, lo estiraba, retorcía y pellizcaba, le dije que me dolía y me preguntó si debía importarle… “no Señor”, me preguntó si debía seguir… “si Señor”. Tras un rato de torturas, empezó a frotar la raja de mi coño, yo me movía buscando que los dedos se colaran dentro, estaba muy caliente y muy mojada… entonces él metió dos dedos, sentí un gran placer y empecé a moverme como loca y desenfrenada, el placer que recibía era muy grande. El me recordaba que soy su perra y que puede hacer conmigo lo que quiera, eso me excitaba aún más. Me ordenó correrme y lo hice descontroladamente, gimiendo y retorciéndome como una posesa.

Tras esto, me ordenó subir a la cama para masajear sus huevos, procuré esmerarme para compensar lo que no había hecho por la noche… después de un tiempo el Amo me ordenó que le comiera la polla, me acurruqué de rodillas entre sus piernas y me dediqué a su polla procurando no olvidarme de sus huevos, hasta que se corrió en el fondo de mi garganta. Tragué su leche y mantuve su polla en mi boca un tiempo, me gusta sentir cómo su excitación y dureza van cediendo hasta que queda en estado de reposo.

Me quedé acurrucada entre sus piernas, con mi cara rozando sus huevos, restregándola contra ellos y después coloqué mi cuerpo encima del suyo, apoyada sobre los antebrazos y las rodillas para no pesarle, y en esa posición me quedé dormida. Me desperté un rato después, no sé cuánto, al sentir que me estaba babeando sobre mi propio brazo.

El encuentro había avanzado rápido como siempre, y había llegado el momento de ducharnos y empezar a recoger todas nuestras cosas. Eran algo más de las 15.00 cuando llegamos al restaurante donde hemos comido en otras ocasiones, tardaron bastante en atendernos, así que decidimos marchar y buscar otro sitio. Llegamos al aeropuerto con suficiente antelación para tomar unas Coca Colas tranquilamente en la cafetería de la Terminal hasta que llegó la hora de embarque, nos despedimos y yo le observé como siempre hasta que le perdí de vista y emprendí la vuelta a casa.

Una vez en casa, empecé a recoger mis cosas, me había quitado el vestido y estaba desnuda y excitada… me coloqué de rodillas en la cama y me masturbé frente al espejo viéndome y recordando los excitantes momentos que había vivido unas horas antes. Soy su perra.
ifis{Ae}

jueves, 24 de septiembre de 2009

Fotos quinto encuentro





... esto es parte de lo que pasó...

domingo, 13 de septiembre de 2009