sábado, 22 de agosto de 2009

Fantasía: La Inquisición

Estamos en tiempos de la Inquisición, y yo he sido sorprendida fornicando con un amigo. Nos llevan a los dos ante el juez Aedes, famoso por su mano dura. Llevo las tetas al descubierto, ya que fui sorprendida así, y las manos atadas en la espalda. Los guardias se detienen frente al juez, me levantan los faldumentos y bajan mi ropa interior hasta las rodillas. Aedes lleva su mano hasta mi coño y seguidamente me dice “Estás muy mojada zorra, vas a ser castigada”, pellizca mis pezones y da la orden a los guardias para que me lleven.

Me desnudan completamente y me conducen hacia dos postes perpendiculares al suelo, yo quedo atada entre los dos postes, con una muñeca y un tobillo amarrado a cada uno. Me colocan una venda en los ojos y comienzan a azotarme con un látigo de colas, por todas partes, el guardia da vueltas a mi alrededor azotándome nalgas, muslos, espalda, tetas… Yo gimo y me retuerzo tratando de escapar, aunque todos mis esfuerzos son inútiles.

Después de un rato de castigo, respiro aliviada al oir al juez diciendo que ya es suficiente, pero el alivio dura poco ya que seguidamente dice que vayan al siguiente paso. Yo me estremezco asustada… ¿cuál será el siguiente paso?. Enseguida lo averiguo, una pinza muerde uno de mis pezones y sin tardar, otra hace lo mismo en el otro. Yo gimoteo, lloriqueo, no quiero. Alguien sujeta mis caderas por detrás, empujándolas hacia delante, y antes de que tenga tiempo para pensar que va a pasar, noto una tercera pinza aferrándose a mi clítoris… gimoteo, estoy atada, no puedo escapar, no puedo quitarme las pinzas.

Me dejan así unos momentos que parecen interminables; después siento al juez acercándose hacia mí; cuando está muy cerca empieza a jugar con las pinzas, yo protesto y me retuerzo tratando de evitarlo… Aedes me indica que me esté quieta, y me obliga a reconocer que merecía el castigo… “lo merecías ¿verdad puta?... Sí Señor, lo merecía”.

Entonces retira las pinzas de los pezones y soba mis tetas… siento un gran alivio con el masajeo, después de los azotes y las pinzas. A continuación retira la pinza del clítoris y soba mi coño, comprueba lo mojada que estoy… “Estás chorreando puta, voy a secarte el coño con la fusta”.

Oh no! Yo estaba disfrutando con el sobeteo, pensaba que ya no habría más castigos, pero todavía no había terminado. Empiezo a notar los azotes cayendo sobre mi coño, sobre mi clítoris hinchado y sensible… quiero huir, pero lo más que puedo hacer es retorcerme y agitarme hasta agotarme.

Cuando termina el castigo, los guardias sueltan mis ataduras y quedo tirada en el suelo, agotada, humillada y caliente…

1 comentario:

Aedes dijo...

Ya sabes lo que me gusta azotarte el clítoris cuanto más turgente está... y lo excitante que me resulta conseguir que que te corras pellizcándolo sin descanso...
Tu Dueño
Aedes