El siguiente encuentro estaba programado para el Sábado, 23 de Mayo. Habían pasado dos meses y medio desde el encuentro anterior. La semana previa había sido especialmente complicada para mí, no había sido muy consciente de la rapidez con la que se acercaba la fecha y hasta el Viernes por la tarde no fui plenamente consciente de que ya se había echado encima. Lo tenía todo preparado, las varas de avellano, la ropa, el collar y unas plantitas que llevaba para regalarle.
Ya lo tenía todo dentro de la furgoneta en la que, por deseo del Amo, iría a buscarle en esta ocasión. Tiene 3 plazas para conductor y pasajeros y una amplia zona de carga, y ya había tapado los cristales de esa zona, ya que en el aparcamiento del aeropuerto tomaría posesión de lo que es suyo.
La noche anterior había dormido poco más de dos horas, porque me había costado mucho conciliar el sueño, y una vez más cuando sonó el despertador no le hice mucho caso. Me levanté un poco más tarde de lo previsto pero aún con tiempo suficiente, sin embargo no había tenido en cuenta que llovería, a pesar de que lo sabía y eso me obligaba a conducir más despacio. Le envié un mensaje avisándole que iba bien de tiempo, aunque iba algo justa, pero quería que se quedara tranquilo.
Fui conduciendo siempre pendiente del reloj y pensando que llegaría justa como siempre pero al menos llegaría a tiempo. El avión aterrizaría a las 8.15 y a las 8.05 estaba entrando en el aparcamiento del aeropuerto, justo en el momento en el que recibía un mensaje que decía “ya estoy aquí”… cachis, el vuelo se había adelantado y yo al menos tardaría 5 minutos más en alcanzar la zona de llegadas, ya estaba perdida. Cuando llegué le localicé rápidamente, me dirigí a él por su espalda y se giró cuando estaba a un metro de él, me acerqué y agaché la cabeza y puse las manos en la espalda, como forma de pedirle disculpas por no estar esperándole cuando llegó, aunque técnicamente no había llegado tarde. Me dijo que primero pensó que le estaba haciendo una broma y estaría por ahí escondida, me regañó un poco, y caminamos hacia la cafetería donde tomamos un café antes de ir al aparcamiento.
Había dejado la furgoneta en la parte más alejada de la Terminal, con las puertas traseras pegadas al muro de forma que no se podían abrir, entramos por la puerta lateral y yo me senté como tenía ordenado encima de una manta que tenía previamente preparada. El sacó parte de sus herramientas mientras yo esperaba, me colocó las muñequeras y me ató los brazos en alto y separados. Además cubrió mis ojos con la venda.
Empezó a sobarme las tetas y el coño, llevaba la camiseta blanca
del primer encuentro, sin mangas y con un amplio escote que facilitaba dejar las tetas al descubierto. Abrió la camiseta mientras las sobaba, apartó la falda dejando a la vista mi coño desnudo y el liguero que sujetaba las medias. Y empezó a jugar con mi clítoris masturbándolo, pellizcándolo o cogiéndolo entre sus dedos y jugando con él a su antojo.
De vez en cuando me agarraba por el pelo y me abofeteaba la cara, mientras me recordaba que merecía ser castigada por llegar tarde. En otras ocasiones agarraba mi clítoris entre sus dedos y tiraba de él o lo pellizcaba, se colocó enfrente de mi, sujetando mis piernas con las suyas, de forma que me impedía cerrarlas mientras se dedicaba a torturarme.
También me azotó con la vara de avellano y me masturbó con ella, siempre sin permitirme correrme. En un par de ocasiones tuve que pedirle que parara sus
maniobras sobre mi clítoris porque me resultaría imposible no correrme, y no tenía permiso.
Al final se tumbó en el suelo, oí como abría su pantalón mientras me decía que ahora iba a comerle la polla y me obligó a hacerlo hasta que se corrió en el fondo de mi garganta; yo tragué su leche como he de hacer siempre. Me dijo que emprenderíamos el camino hacia el apartamento y que yo no merecía correrme por haber llegado tarde.
Nos sentamos en la parte delantera de la furgoneta y nos dirigimos hacia la mazmorra. El camino hacia allí es un pequeño laberinto de caminos asfaltados y yo no puedo presumir de tener un gran sentido de la orientación así que tengo programada la ruta en el navegador. Aún así tardamos en llegar algo más de lo necesario porque me desvié algo del camino.
No teníamos el mismo apartamento de siempre y lo primero que observamos al llegar es que este sólo tenía una planta, por lo que no tenía escalera y no vimos ninguna posibilidad de montar las cuerdas para colgarme, lo que solemos llamar “el gancho”.
Empezamos a explorar las posibilidades que nos daba esta nueva mazmorra. Tenía una especie de sala bastante amplia con una gran cristalera apenas cubierta por unos visillos; al fondo de la sala había dos alcobas, que se cerraban con unas cortinas opacas, cada alcoba con una cama y poco más por su reducido tamaño. El Amo decidió usar una de las habitaciones para dormir y la otra como mazmorra, ya que la sala principal quedaba demasiado a la vista de cualquiera que pudiera pasar por allí. Los colchones estaban apoyados sobre un somier de madera sin patas, llevamos el colchón de la mazmorra a la alcoba que usaríamos para dormir y lo colocamos encima del otro. Levantamos el somier hasta una posición casi vertical apoyado en la pared. Para poder hacer eso, tuvimos que atar previamente los nervios del somier ya que era articulado. Y por último colocamos en un rincón una pequeña mesa de la terraza para poder apoyar la cámara.
Tardamos un buen rato en tenerlo todo listo, y cuando terminamos, sin más preámbulos me dijo que me quitara la ropa salvo las medias y el liguero y me colocara para atarme en el somier, que bautizamos como “la parrilla”.
Me ató de pie en aspa, con la espalda en la parrilla, colocó la venda sobre mis ojos y comenzó a jugar conmigo. No se privó de nada, me azotó con el gato de ante y el de tiras trenzadas, la fusta y la vara, mientras yo me revolvía todo lo que podía, que era bastante poco y protestaba intentando esquivar los azotes.
En ocasiones alternaba azotes y masturbaciones con la fusta, manteniéndome siempre caliente y mojada. Tras el castigo me permitió correrme en una ocasión.

Después de un buen rato de azotes surtidos, empezó a sobarme las tetas mientras me decía que le encantaban. Las cogía entre sus manos y las estrujaba o las sobaba, me excitaba mucho y tras unos minutos se separó y volvió con las pinzas… procuré no sugestionarme y las colocó en mis pezones y me dejó abandonada, sola en la parrilla. Yo me retorcía por el efecto de las pinzas.

Cuando se cansó de jugar conmigo, me soltó las ataduras y agarrándome por el pelo me arrastró hacia la otra habitación, diciéndome que podría descansar unos minutos. Al llegar me empujó sobre los pies de la cama y me acurruqué, él empezó a meter sus dedos en mi coño y me relajé pensando que me tocaba un ratito de placer, pero enseguida empezó a empujar más y más sus dedos, me hacia daño y huí hacia el otro lado de la cama. Me indicó que fuera hacia él, pero no fui y entonces se levantó de la cama y salió de la alcoba, yo me quedé esperando y volvió enseguida con el gato en la mano. Me ordenó que me colocara a 4 patas, obedecí y me cayeron una tanda de azotes en el culo por huir.
Al terminar, no recuerdo bien… estaba agotada y tengo un vago recuerdo de que me hizo algo “relajante”, sentado a mi lado… cuando empezó a apartarse me di cuenta de que estaba apoyada sobre él y al retirarme el apoyo cai sobre el colchón siendo sólo semiconsciente de todo porque estaba prácticamente dormida. Me cubrió con el edredón y quedé dormida unos minutos; al despertar, él estaba frente al PC viendo las fotos y videos hechos hasta el momento. Me acerqué para verlos con él y después comimos las ya clásicas barritas y un par de rodajas de piña.
Después de comer el Amo dijo que se encontraba cansado y que iría a echarse una siesta… me acosté a su lado con la mano en su paquete, masajeando sus huevos y su polla y nos quedamos dormidos. Al despertar me obligó a meterme debajo del edredón y comerle la polla durante un buen rato; llegó un momento en que tenía la nariz llena de mocos y le pedí permiso para ir a sonarme. Volví y continué la mamada hasta que terminó corriéndose en mi boca. Al tragar su leche me dio un golpe de tos, aún con su polla en la boca, y parte de su leche mezclada con mi saliva salió disparada, le pringué con la mezcla, recogí lo que pude con mi boca y mi lengua, pero igualmente quedó bien pringado. No sabía si me iba a castigar por eso, y por suerte no lo hizo, fue a la ducha y se limpió.
Acto seguido me dijo que haríamos un “vuelta y vuelta” en la parrilla. Me ató en aspa, igual que en la mañana, pero esta vez de espaldas a él, aunque en esta ocasión no me puso la venda. Yo me di cuenta de que al moverme la última lámina del somier me pellizcaba la punta de los pies, así que me subí sobre ella. Me azotó con el gato de tiras de ante y el de tiras trenzadas en el culo,
la espalda y el coño. Yo como siempre me agotaba tratando de esquivar los azotes, gimiendo, protestando y lloriqueando.
Como no tenía la venda, recuerdo que una vez giré ligeramente la cabeza para mirar al notar que él no estaba y le vi acercándose con el gato en la mano y ya empecé a huir antes de que iniciara los azotes. Tuve tiempo de ver apenas por un momento su excitación que era evidente debajo de sus calzoncillos y me gustó verle complacido. Empezó nuevamente los azotes y yo me revolvía desesperadamente intentando esquivarlos, pero no tenía nada que hacer, era imposible huir con las piernas y los brazos atados.
Continuó con la vara de avellano sobre mi culo, yo me agotaba tratando de escapar y en una ocasión separé el somier de la pared llevándolo hasta la verticalidad por un momento. En otras ocasiones era mi Amo quien lo sujetaba mientras yo continuaba agitándome como loca.
Probó también el látigo largo, que hasta entonces no había utilizado. Yo miraba de vez en cuando y asustada le veía blandirlo sobre mi espalda. Continuó masturbándome con la fusta, alternándolo con azotes ocasionales.
Más tarde colocó una de las pinzas en un pezón, yo protestaba, me pareció que seguidamente la apretaba, mientras yo gemía y lloriqueaba, me dolía y no quería. Se dirigió hacia el otro pezón y le supliqué que no me la pusiera, al mismo tiempo que trataba de alejarme, aunque poco lejos podía ir. Se apiadó de mí y la colocó en el clítoris, de vez en cuando tiraba de ella.
Retiró la pinza de mi pezón, respiré aliviada aunque acto seguido la colocó en mi clítoris que ya estaba soportando una. La primera pinza me daba cierto placer, pero la segunda me pellizcaba… intentaba concentrarme sólo en las sensaciones que me interesaban y así me mantuve hasta que decidió retirar las pinzas, primero la que me daba placer y después la que me pellizcaba.
A continuación me soltó las muñequeras y tobilleros para girarme y atarme nuevamente de cara a él. Me colocó la venda en los ojos, y me hizo sujetar la fusta en la boca, no me dio ninguna indicación pero supuse que no debía dejarla caer. Yo había escuchado el sonido del mechero, pero cuando se acercó y me dijo que iba a jugar con la cera me impresioné mucho, me parecía que tenía muy sensibles y doloridos los pezones y el clítoris como para recibir el calor de la cera. Cuando empecé a sentir los chorros sobre mi piel gritaba y me agitaba como si tuviera fuego sobre el cuerpo… notaba la cera caer sobre mis teta
s y mi vientre al mismo tiempo que pensaba “en el clítoris no, por favor”. Me pareció que debía tener el cuerpo cubierto de cera y cuando se cansó de jugar y me quitó la venda, me sorprendió ver que apenas tenía unas gotas, mucho menos de lo que yo esperaba encontrarme.
Yo estaba agotada y entonces él colocó su pierna en mi coño y empezó a presionar excitándome en décimas de segundo… el placer era muy grande después del castigo y me corrí como loca varias veces seguidas (6 según me dijo él después). De vez en cuando apartaba la pierna para cambiarla por la otra y me fastidiaba perder esos pequeños momentos de placer.
En una ocasión apartó la pierna justo cuando empezaba a correrme y el orgasmo se fue… cuando volvió a colocarla me ordenó correrme, pero le indiqué que no podía negando con la cabeza, me dejó descansar unos momentos y al colocar de nuevo la pierna me excité rápidamente y terminé corriéndome otra vez, me
excitaba aún más correrme mirándole a los ojos. En una ocasión él presionaba mi cuello fuertemente con su mano, lo notaba pero estaba más pendiente de otra cosa. Después del castigo y de tantos orgasmos descontrolados, estaba tan agotada que no podía mantenerme en pie y quedaba colgada de los brazos… Tengo el vago recuerdo de que aquí me abofeteó, aunque ese momento no lo tengo nada claro porque estaba tan agotada que creo que llegué a perder la consciencia un momento. Volví a la realidad cuando escuché la voz de mi Amo preguntándome si estaba agotada y vencida, le dije que tenía hambre y que “me comería una fabadita, con su choricito y su morcillita.” Supongo que estaba pensando en voz alta, y él no pudo evitar echarse a reír.
Bromeamos un rato con la fabadita, mientras yo seguía atada de brazos y piernas… le pedí que al menos me soltara los brazos, ya hacía rato que me dolían de estar colgada de ellos. En esa posición inclinada hacia atrás, mantener las piernas apoyadas sin que los pies resbalaran en el suelo me suponía un esfuerzo que ya no podía hacer y sólo podía quedar colgada de los brazos. Los soltó y pude apoyarme sobre una de las láminas del somier, y aún me mantuvo un tiempo con las piernas atadas.
Cuando por fin me soltó fui a la ducha para quitarme la cera y después merendamos una taza de colacao con una imitación de las Campurrianas.
Aproximadamente a las 20.00 h. nos tumbamos en una cama de 90 que había en la sala principal, protegida de la vista desde el exterior y vimos una película: “Los puentes de Madison”; yo me tumbé a su lado, con la mano en su paquete como siempre. Al terminar la película cenamos, el Amo estaba cansado y me dijo que prefería acostarse en la cama, aunque no nos durmiéramos aún. Nos acostamos y empezó a contarme cosas sobre él, mientras yo mantenía siempre la mano masajeando sus huevos y su polla y jugaba con ellos. Yo no tenía mucho sueño y su charla me resultaba entretenida… él poco a poco se iba apagando y yo también me dormí en poco tiempo.
Recuerdo que yo me desperté sobre las 7.20, miré la hora y traté de dormir de nuevo, ya que el despertador no sonaría hasta las 8.00, me giré hacia el Amo y coloqué la mano sobre sus huevos, y a partir de ahí me dormí y me desperté varias veces hasta que llego la hora de levantarse.
Después de desayunar, seguimos charlando durante un buen rato. Más tarde colocamos la parrilla apoyada en el suelo, horizontalmente, y me ató nuevamente en aspa de cara a él, con la venda cubriéndome los ojos. Colocó un cojín debajo de mi cabeza y le pedí que colocara otro debajo de la zona lumbar, ya que preveía que con mis movimientos me golpearía más de una vez ahí. Comenzó sus juegos con la fusta, azotándome y masturbándome, después con la vara de avellano y el látigo de ante en el coño y las tetas. Yo aún estaba muy dolorida del trajín del día anterior y me revolvía temiendo que en cualquier momento no podría soportar los azotes.
Seguidamente encendió la vela, y comenzó a verter cera sobre mi cuerpo. Traté de no asustarme tanto como el día anterior, ya que me había impresionado mucho y al final no había sido para tanto, pero eso no impidió que me agitara como loca cuando sentía los chorros resbalando por mi piel.
Tras un rato de castigo, empezó a masturbarme con la fusta, me excitaba cada vez más, aunque no conseguía correrme a pesar de que me lo había ordenado, por un lado porque la postura me resultaba demasiado incómoda, tampoco me dejaba llevar del todo, temiendo que en cualquier momento volvieran los azotes, y por último, el placer que me daba la fusta no me resultaba suficiente. Conseguí correrme dos veces, pero eran unos orgasmos que podríamos llamar “Light”, me suponían un gran esfuerzo y en realidad me dejaban igual de caliente que estaba, pero eso sí, robaban parte de la poca energía que me quedaba ya.
En ocasiones, mi Amo me dejaba atada sobre la parrilla, inmovilizada y caliente. Cuando intuía que no estaba allí, trataba de soltar una de las manos. La muñequera derecha estaba demasiado ajustada para poder escapar, pero me pareció que la izquierda tenía algo de holgura y tal vez podría zafarme. Intentaba sacar la mano, y conseguía mover la muñequera un buen trozo, aunque no lo suficiente para soltarme, al ver que todos mis esfuerzos resultaban inútiles, me enfadaba y agitaba bruscamente mis brazos por la frustración. Entonces trataba de juntar las piernas en la medida que me permitían las ataduras y buscaba un poco de roce contra el clítoris, pero lo poco que conseguía no me daba suficiente placer y no me compensaba de ninguna manera el esfuerzo que me suponía, así que intentaba nuevamente soltar la mano para poder masturbarme. No había nada que pudiera hacer, a veces decidía rendirme y dejar de luchar, me quedaba quieta, tratando de descansar, pero enseguida mi coño me pedía que iniciara nuevamente la lucha.
El Amo debió oírme tratando de escapar, se acercó y azotó mi coño con la fusta por intentarlo. Después aflojó las cuerdas de la pierna derecha de forma que me daba algo más de margen de movimiento, pero tampoco era suficiente para obtener el placer que buscaba. Colocó la fusta entre mis piernas y yo intentaba sujetarla al mismo tiempo que buscaba rozarme con ella, pero no conseguía mantenerla más que unos segundos. Le pedía más, no sabía si más presión, más velocidad… en realidad lo que quería era que me follara, o al menos que me masturbara con la mano ya que la fusta era totalmente insuficiente. Gimiendo y agitándome le dije que quería su polla, pero seguidamente le oí trajinar lejos de mí y supuse que no me había oído.
Estaba agotada de tratar de huir y de frotarme. Mi Señor se acercó y me dijo que se iba a masturbar y se correría en un vaso, y después me obligaría a beber su leche. Mientras lo hacía me ordenó que me moviera lascivamente para excitarle, obedecí buscando además un poquito de placer mientras me frotaba con los muslos lo poco que podía. Cuando se corrió me agarró por la cabeza y acercó el vaso a mis labios, yo bebí mansamente su leche y la tragué. Nunca había probado lechita que no saliera directamente de la polla, la mayor diferencia que noté fue que no estaba caliente.
Me dejó nuevamente sola, atada y muy caliente. Retomé mis esfuerzos por intentar soltarme, cada vez más agotada y frustrada al ver que no conseguía nada. Se acercó hacia mi y me preguntó que trataba de hacer, no le contesté y volvió a preguntármelo; le dije que intentaba soltarme, temiendo que eso me supusiera otro nuevo castigo, me preguntó para qué quería soltarme, me preguntó si quería masturbarme… le dije que sí. Me dejó nuevamente sola, o eso me parecía a mi, aunque nunca podía estar segura, ya que llevaba la venda y podía estar allí observándome en silencio. Al quedar sola seguí con mi empeño de escaparme, ya no importaba si me castigaba, sólo quería poder calmar mi coño, así que intentaba escapar incluso cuando sabía que él estaba ahí.
Me preguntó por qué no pedía las cosas por favor… yo me quedé parada por un momento, pensé “¿tan fácil? ¿sólo tengo que pedirlo?”, y le pedí por favor que me soltara. Desató mi mano izquierda y yo la llevé rápidamente hacia mi coño… lo encontré muy mojado y me costó muy poco correrme. Cuando terminé estaba vencida y agotada y quedé tendida en el somier, inmóvil, exhausta… soltó mis ataduras y me acurruqué, me cubrió con el edredón y me quede dormida con la venda en los ojos.
Supongo que un somier de láminas para dormir debe ser lo más incómodo del mundo, pero yo estaba tan agotada que para mí era igual que estar en un colchón muy mullido.
Cuando desperté, me quité la venda, él estaba recogiendo parte de sus cosas, me levanté, empecé a recoger, recompusimos el apartamento y tratamos de borrar cualquier huella de nuestras acciones allí. Emprendimos el camino hacia el restaurante, ya eran más de las 14.00. Le comenté que lo primero tendríamos que ir a echar gasoil, me preguntó si estaba en reserva y le dije que ya casi había gastado la reserva. Estas cosas a él le estresan mucho, yo me lo tomo con más tranquilidad, hay muchas gasolineras y si no, siempre habrá un buen samaritano que te ceda algo de gasoil.
Paramos en el restaurante de otras veces, eran casi las 15.00 y aunque había tiempo suficiente para llegar al aeropuerto, no queríamos aventurarnos a llegar a algún sitio con la cocina cerrada. Comimos tranquilamente, yo fumé todo lo que quise, siempre con permiso del Amo e hicimos una larga sobremesa de dos cafés.
Llegamos al aeropuerto aún con mucha antelación, yo siempre caliente y mojada, aunque no le dije nada porque suponía que él ya lo sabía… paseamos por la Terminal y después fuimos a la cafetería, estuvimos allí un buen rato, antes de ir al mostrador de facturación, en el que la recepcionista no pudo evitar desviar su mirada a mi collar por unas décimas de segundo mientras hablaba con mi Señor. Me pregunté que habría pensado, sólo por curiosidad, no porque me preocupara excesivamente.
Y así fue como terminó nuestro 4º encuentro, como los anteriores se me pasó casi como un suspiro. En el momento de embarcar, yo ya empezaba a tener la cabeza en las preocupaciones que había dejado atrás la semana anterior, consciente de me estarían esperando a mi vuelta. Me quedé esperando mientras él pasaba el proceso del scanner y le saludé con la mano un par de veces que se giró… cuando le perdí de vista caminé hacia el aparcamiento y regresé al hogar.
Me hace volver loca, retorciéndome de placer y dolor y llevándome al límite, siempre con un control absoluto de la situación. Creo que no se puede tener mejor Amo.
Ifis{Ae}
Ya lo tenía todo dentro de la furgoneta en la que, por deseo del Amo, iría a buscarle en esta ocasión. Tiene 3 plazas para conductor y pasajeros y una amplia zona de carga, y ya había tapado los cristales de esa zona, ya que en el aparcamiento del aeropuerto tomaría posesión de lo que es suyo.
La noche anterior había dormido poco más de dos horas, porque me había costado mucho conciliar el sueño, y una vez más cuando sonó el despertador no le hice mucho caso. Me levanté un poco más tarde de lo previsto pero aún con tiempo suficiente, sin embargo no había tenido en cuenta que llovería, a pesar de que lo sabía y eso me obligaba a conducir más despacio. Le envié un mensaje avisándole que iba bien de tiempo, aunque iba algo justa, pero quería que se quedara tranquilo.
Fui conduciendo siempre pendiente del reloj y pensando que llegaría justa como siempre pero al menos llegaría a tiempo. El avión aterrizaría a las 8.15 y a las 8.05 estaba entrando en el aparcamiento del aeropuerto, justo en el momento en el que recibía un mensaje que decía “ya estoy aquí”… cachis, el vuelo se había adelantado y yo al menos tardaría 5 minutos más en alcanzar la zona de llegadas, ya estaba perdida. Cuando llegué le localicé rápidamente, me dirigí a él por su espalda y se giró cuando estaba a un metro de él, me acerqué y agaché la cabeza y puse las manos en la espalda, como forma de pedirle disculpas por no estar esperándole cuando llegó, aunque técnicamente no había llegado tarde. Me dijo que primero pensó que le estaba haciendo una broma y estaría por ahí escondida, me regañó un poco, y caminamos hacia la cafetería donde tomamos un café antes de ir al aparcamiento.
Había dejado la furgoneta en la parte más alejada de la Terminal, con las puertas traseras pegadas al muro de forma que no se podían abrir, entramos por la puerta lateral y yo me senté como tenía ordenado encima de una manta que tenía previamente preparada. El sacó parte de sus herramientas mientras yo esperaba, me colocó las muñequeras y me ató los brazos en alto y separados. Además cubrió mis ojos con la venda.
Empezó a sobarme las tetas y el coño, llevaba la camiseta blanca
del primer encuentro, sin mangas y con un amplio escote que facilitaba dejar las tetas al descubierto. Abrió la camiseta mientras las sobaba, apartó la falda dejando a la vista mi coño desnudo y el liguero que sujetaba las medias. Y empezó a jugar con mi clítoris masturbándolo, pellizcándolo o cogiéndolo entre sus dedos y jugando con él a su antojo.De vez en cuando me agarraba por el pelo y me abofeteaba la cara, mientras me recordaba que merecía ser castigada por llegar tarde. En otras ocasiones agarraba mi clítoris entre sus dedos y tiraba de él o lo pellizcaba, se colocó enfrente de mi, sujetando mis piernas con las suyas, de forma que me impedía cerrarlas mientras se dedicaba a torturarme.
También me azotó con la vara de avellano y me masturbó con ella, siempre sin permitirme correrme. En un par de ocasiones tuve que pedirle que parara sus
maniobras sobre mi clítoris porque me resultaría imposible no correrme, y no tenía permiso.Al final se tumbó en el suelo, oí como abría su pantalón mientras me decía que ahora iba a comerle la polla y me obligó a hacerlo hasta que se corrió en el fondo de mi garganta; yo tragué su leche como he de hacer siempre. Me dijo que emprenderíamos el camino hacia el apartamento y que yo no merecía correrme por haber llegado tarde.
Nos sentamos en la parte delantera de la furgoneta y nos dirigimos hacia la mazmorra. El camino hacia allí es un pequeño laberinto de caminos asfaltados y yo no puedo presumir de tener un gran sentido de la orientación así que tengo programada la ruta en el navegador. Aún así tardamos en llegar algo más de lo necesario porque me desvié algo del camino.
No teníamos el mismo apartamento de siempre y lo primero que observamos al llegar es que este sólo tenía una planta, por lo que no tenía escalera y no vimos ninguna posibilidad de montar las cuerdas para colgarme, lo que solemos llamar “el gancho”.
Empezamos a explorar las posibilidades que nos daba esta nueva mazmorra. Tenía una especie de sala bastante amplia con una gran cristalera apenas cubierta por unos visillos; al fondo de la sala había dos alcobas, que se cerraban con unas cortinas opacas, cada alcoba con una cama y poco más por su reducido tamaño. El Amo decidió usar una de las habitaciones para dormir y la otra como mazmorra, ya que la sala principal quedaba demasiado a la vista de cualquiera que pudiera pasar por allí. Los colchones estaban apoyados sobre un somier de madera sin patas, llevamos el colchón de la mazmorra a la alcoba que usaríamos para dormir y lo colocamos encima del otro. Levantamos el somier hasta una posición casi vertical apoyado en la pared. Para poder hacer eso, tuvimos que atar previamente los nervios del somier ya que era articulado. Y por último colocamos en un rincón una pequeña mesa de la terraza para poder apoyar la cámara.
Tardamos un buen rato en tenerlo todo listo, y cuando terminamos, sin más preámbulos me dijo que me quitara la ropa salvo las medias y el liguero y me colocara para atarme en el somier, que bautizamos como “la parrilla”.
Me ató de pie en aspa, con la espalda en la parrilla, colocó la venda sobre mis ojos y comenzó a jugar conmigo. No se privó de nada, me azotó con el gato de ante y el de tiras trenzadas, la fusta y la vara, mientras yo me revolvía todo lo que podía, que era bastante poco y protestaba intentando esquivar los azotes.
En ocasiones alternaba azotes y masturbaciones con la fusta, manteniéndome siempre caliente y mojada. Tras el castigo me permitió correrme en una ocasión.

Después de un buen rato de azotes surtidos, empezó a sobarme las tetas mientras me decía que le encantaban. Las cogía entre sus manos y las estrujaba o las sobaba, me excitaba mucho y tras unos minutos se separó y volvió con las pinzas… procuré no sugestionarme y las colocó en mis pezones y me dejó abandonada, sola en la parrilla. Yo me retorcía por el efecto de las pinzas.

Cuando se cansó de jugar conmigo, me soltó las ataduras y agarrándome por el pelo me arrastró hacia la otra habitación, diciéndome que podría descansar unos minutos. Al llegar me empujó sobre los pies de la cama y me acurruqué, él empezó a meter sus dedos en mi coño y me relajé pensando que me tocaba un ratito de placer, pero enseguida empezó a empujar más y más sus dedos, me hacia daño y huí hacia el otro lado de la cama. Me indicó que fuera hacia él, pero no fui y entonces se levantó de la cama y salió de la alcoba, yo me quedé esperando y volvió enseguida con el gato en la mano. Me ordenó que me colocara a 4 patas, obedecí y me cayeron una tanda de azotes en el culo por huir.
Al terminar, no recuerdo bien… estaba agotada y tengo un vago recuerdo de que me hizo algo “relajante”, sentado a mi lado… cuando empezó a apartarse me di cuenta de que estaba apoyada sobre él y al retirarme el apoyo cai sobre el colchón siendo sólo semiconsciente de todo porque estaba prácticamente dormida. Me cubrió con el edredón y quedé dormida unos minutos; al despertar, él estaba frente al PC viendo las fotos y videos hechos hasta el momento. Me acerqué para verlos con él y después comimos las ya clásicas barritas y un par de rodajas de piña.
Después de comer el Amo dijo que se encontraba cansado y que iría a echarse una siesta… me acosté a su lado con la mano en su paquete, masajeando sus huevos y su polla y nos quedamos dormidos. Al despertar me obligó a meterme debajo del edredón y comerle la polla durante un buen rato; llegó un momento en que tenía la nariz llena de mocos y le pedí permiso para ir a sonarme. Volví y continué la mamada hasta que terminó corriéndose en mi boca. Al tragar su leche me dio un golpe de tos, aún con su polla en la boca, y parte de su leche mezclada con mi saliva salió disparada, le pringué con la mezcla, recogí lo que pude con mi boca y mi lengua, pero igualmente quedó bien pringado. No sabía si me iba a castigar por eso, y por suerte no lo hizo, fue a la ducha y se limpió.
Acto seguido me dijo que haríamos un “vuelta y vuelta” en la parrilla. Me ató en aspa, igual que en la mañana, pero esta vez de espaldas a él, aunque en esta ocasión no me puso la venda. Yo me di cuenta de que al moverme la última lámina del somier me pellizcaba la punta de los pies, así que me subí sobre ella. Me azotó con el gato de tiras de ante y el de tiras trenzadas en el culo,
la espalda y el coño. Yo como siempre me agotaba tratando de esquivar los azotes, gimiendo, protestando y lloriqueando.Como no tenía la venda, recuerdo que una vez giré ligeramente la cabeza para mirar al notar que él no estaba y le vi acercándose con el gato en la mano y ya empecé a huir antes de que iniciara los azotes. Tuve tiempo de ver apenas por un momento su excitación que era evidente debajo de sus calzoncillos y me gustó verle complacido. Empezó nuevamente los azotes y yo me revolvía desesperadamente intentando esquivarlos, pero no tenía nada que hacer, era imposible huir con las piernas y los brazos atados.
Continuó con la vara de avellano sobre mi culo, yo me agotaba tratando de escapar y en una ocasión separé el somier de la pared llevándolo hasta la verticalidad por un momento. En otras ocasiones era mi Amo quien lo sujetaba mientras yo continuaba agitándome como loca.
Probó también el látigo largo, que hasta entonces no había utilizado. Yo miraba de vez en cuando y asustada le veía blandirlo sobre mi espalda. Continuó masturbándome con la fusta, alternándolo con azotes ocasionales.
Más tarde colocó una de las pinzas en un pezón, yo protestaba, me pareció que seguidamente la apretaba, mientras yo gemía y lloriqueaba, me dolía y no quería. Se dirigió hacia el otro pezón y le supliqué que no me la pusiera, al mismo tiempo que trataba de alejarme, aunque poco lejos podía ir. Se apiadó de mí y la colocó en el clítoris, de vez en cuando tiraba de ella.
Retiró la pinza de mi pezón, respiré aliviada aunque acto seguido la colocó en mi clítoris que ya estaba soportando una. La primera pinza me daba cierto placer, pero la segunda me pellizcaba… intentaba concentrarme sólo en las sensaciones que me interesaban y así me mantuve hasta que decidió retirar las pinzas, primero la que me daba placer y después la que me pellizcaba.
A continuación me soltó las muñequeras y tobilleros para girarme y atarme nuevamente de cara a él. Me colocó la venda en los ojos, y me hizo sujetar la fusta en la boca, no me dio ninguna indicación pero supuse que no debía dejarla caer. Yo había escuchado el sonido del mechero, pero cuando se acercó y me dijo que iba a jugar con la cera me impresioné mucho, me parecía que tenía muy sensibles y doloridos los pezones y el clítoris como para recibir el calor de la cera. Cuando empecé a sentir los chorros sobre mi piel gritaba y me agitaba como si tuviera fuego sobre el cuerpo… notaba la cera caer sobre mis teta
s y mi vientre al mismo tiempo que pensaba “en el clítoris no, por favor”. Me pareció que debía tener el cuerpo cubierto de cera y cuando se cansó de jugar y me quitó la venda, me sorprendió ver que apenas tenía unas gotas, mucho menos de lo que yo esperaba encontrarme.Yo estaba agotada y entonces él colocó su pierna en mi coño y empezó a presionar excitándome en décimas de segundo… el placer era muy grande después del castigo y me corrí como loca varias veces seguidas (6 según me dijo él después). De vez en cuando apartaba la pierna para cambiarla por la otra y me fastidiaba perder esos pequeños momentos de placer.
En una ocasión apartó la pierna justo cuando empezaba a correrme y el orgasmo se fue… cuando volvió a colocarla me ordenó correrme, pero le indiqué que no podía negando con la cabeza, me dejó descansar unos momentos y al colocar de nuevo la pierna me excité rápidamente y terminé corriéndome otra vez, me
excitaba aún más correrme mirándole a los ojos. En una ocasión él presionaba mi cuello fuertemente con su mano, lo notaba pero estaba más pendiente de otra cosa. Después del castigo y de tantos orgasmos descontrolados, estaba tan agotada que no podía mantenerme en pie y quedaba colgada de los brazos… Tengo el vago recuerdo de que aquí me abofeteó, aunque ese momento no lo tengo nada claro porque estaba tan agotada que creo que llegué a perder la consciencia un momento. Volví a la realidad cuando escuché la voz de mi Amo preguntándome si estaba agotada y vencida, le dije que tenía hambre y que “me comería una fabadita, con su choricito y su morcillita.” Supongo que estaba pensando en voz alta, y él no pudo evitar echarse a reír.Bromeamos un rato con la fabadita, mientras yo seguía atada de brazos y piernas… le pedí que al menos me soltara los brazos, ya hacía rato que me dolían de estar colgada de ellos. En esa posición inclinada hacia atrás, mantener las piernas apoyadas sin que los pies resbalaran en el suelo me suponía un esfuerzo que ya no podía hacer y sólo podía quedar colgada de los brazos. Los soltó y pude apoyarme sobre una de las láminas del somier, y aún me mantuvo un tiempo con las piernas atadas.
Cuando por fin me soltó fui a la ducha para quitarme la cera y después merendamos una taza de colacao con una imitación de las Campurrianas.
Aproximadamente a las 20.00 h. nos tumbamos en una cama de 90 que había en la sala principal, protegida de la vista desde el exterior y vimos una película: “Los puentes de Madison”; yo me tumbé a su lado, con la mano en su paquete como siempre. Al terminar la película cenamos, el Amo estaba cansado y me dijo que prefería acostarse en la cama, aunque no nos durmiéramos aún. Nos acostamos y empezó a contarme cosas sobre él, mientras yo mantenía siempre la mano masajeando sus huevos y su polla y jugaba con ellos. Yo no tenía mucho sueño y su charla me resultaba entretenida… él poco a poco se iba apagando y yo también me dormí en poco tiempo.
Recuerdo que yo me desperté sobre las 7.20, miré la hora y traté de dormir de nuevo, ya que el despertador no sonaría hasta las 8.00, me giré hacia el Amo y coloqué la mano sobre sus huevos, y a partir de ahí me dormí y me desperté varias veces hasta que llego la hora de levantarse.
Después de desayunar, seguimos charlando durante un buen rato. Más tarde colocamos la parrilla apoyada en el suelo, horizontalmente, y me ató nuevamente en aspa de cara a él, con la venda cubriéndome los ojos. Colocó un cojín debajo de mi cabeza y le pedí que colocara otro debajo de la zona lumbar, ya que preveía que con mis movimientos me golpearía más de una vez ahí. Comenzó sus juegos con la fusta, azotándome y masturbándome, después con la vara de avellano y el látigo de ante en el coño y las tetas. Yo aún estaba muy dolorida del trajín del día anterior y me revolvía temiendo que en cualquier momento no podría soportar los azotes.
Seguidamente encendió la vela, y comenzó a verter cera sobre mi cuerpo. Traté de no asustarme tanto como el día anterior, ya que me había impresionado mucho y al final no había sido para tanto, pero eso no impidió que me agitara como loca cuando sentía los chorros resbalando por mi piel.
Tras un rato de castigo, empezó a masturbarme con la fusta, me excitaba cada vez más, aunque no conseguía correrme a pesar de que me lo había ordenado, por un lado porque la postura me resultaba demasiado incómoda, tampoco me dejaba llevar del todo, temiendo que en cualquier momento volvieran los azotes, y por último, el placer que me daba la fusta no me resultaba suficiente. Conseguí correrme dos veces, pero eran unos orgasmos que podríamos llamar “Light”, me suponían un gran esfuerzo y en realidad me dejaban igual de caliente que estaba, pero eso sí, robaban parte de la poca energía que me quedaba ya.
En ocasiones, mi Amo me dejaba atada sobre la parrilla, inmovilizada y caliente. Cuando intuía que no estaba allí, trataba de soltar una de las manos. La muñequera derecha estaba demasiado ajustada para poder escapar, pero me pareció que la izquierda tenía algo de holgura y tal vez podría zafarme. Intentaba sacar la mano, y conseguía mover la muñequera un buen trozo, aunque no lo suficiente para soltarme, al ver que todos mis esfuerzos resultaban inútiles, me enfadaba y agitaba bruscamente mis brazos por la frustración. Entonces trataba de juntar las piernas en la medida que me permitían las ataduras y buscaba un poco de roce contra el clítoris, pero lo poco que conseguía no me daba suficiente placer y no me compensaba de ninguna manera el esfuerzo que me suponía, así que intentaba nuevamente soltar la mano para poder masturbarme. No había nada que pudiera hacer, a veces decidía rendirme y dejar de luchar, me quedaba quieta, tratando de descansar, pero enseguida mi coño me pedía que iniciara nuevamente la lucha.
El Amo debió oírme tratando de escapar, se acercó y azotó mi coño con la fusta por intentarlo. Después aflojó las cuerdas de la pierna derecha de forma que me daba algo más de margen de movimiento, pero tampoco era suficiente para obtener el placer que buscaba. Colocó la fusta entre mis piernas y yo intentaba sujetarla al mismo tiempo que buscaba rozarme con ella, pero no conseguía mantenerla más que unos segundos. Le pedía más, no sabía si más presión, más velocidad… en realidad lo que quería era que me follara, o al menos que me masturbara con la mano ya que la fusta era totalmente insuficiente. Gimiendo y agitándome le dije que quería su polla, pero seguidamente le oí trajinar lejos de mí y supuse que no me había oído.
Estaba agotada de tratar de huir y de frotarme. Mi Señor se acercó y me dijo que se iba a masturbar y se correría en un vaso, y después me obligaría a beber su leche. Mientras lo hacía me ordenó que me moviera lascivamente para excitarle, obedecí buscando además un poquito de placer mientras me frotaba con los muslos lo poco que podía. Cuando se corrió me agarró por la cabeza y acercó el vaso a mis labios, yo bebí mansamente su leche y la tragué. Nunca había probado lechita que no saliera directamente de la polla, la mayor diferencia que noté fue que no estaba caliente.
Me dejó nuevamente sola, atada y muy caliente. Retomé mis esfuerzos por intentar soltarme, cada vez más agotada y frustrada al ver que no conseguía nada. Se acercó hacia mi y me preguntó que trataba de hacer, no le contesté y volvió a preguntármelo; le dije que intentaba soltarme, temiendo que eso me supusiera otro nuevo castigo, me preguntó para qué quería soltarme, me preguntó si quería masturbarme… le dije que sí. Me dejó nuevamente sola, o eso me parecía a mi, aunque nunca podía estar segura, ya que llevaba la venda y podía estar allí observándome en silencio. Al quedar sola seguí con mi empeño de escaparme, ya no importaba si me castigaba, sólo quería poder calmar mi coño, así que intentaba escapar incluso cuando sabía que él estaba ahí.
Me preguntó por qué no pedía las cosas por favor… yo me quedé parada por un momento, pensé “¿tan fácil? ¿sólo tengo que pedirlo?”, y le pedí por favor que me soltara. Desató mi mano izquierda y yo la llevé rápidamente hacia mi coño… lo encontré muy mojado y me costó muy poco correrme. Cuando terminé estaba vencida y agotada y quedé tendida en el somier, inmóvil, exhausta… soltó mis ataduras y me acurruqué, me cubrió con el edredón y me quede dormida con la venda en los ojos.
Supongo que un somier de láminas para dormir debe ser lo más incómodo del mundo, pero yo estaba tan agotada que para mí era igual que estar en un colchón muy mullido.
Cuando desperté, me quité la venda, él estaba recogiendo parte de sus cosas, me levanté, empecé a recoger, recompusimos el apartamento y tratamos de borrar cualquier huella de nuestras acciones allí. Emprendimos el camino hacia el restaurante, ya eran más de las 14.00. Le comenté que lo primero tendríamos que ir a echar gasoil, me preguntó si estaba en reserva y le dije que ya casi había gastado la reserva. Estas cosas a él le estresan mucho, yo me lo tomo con más tranquilidad, hay muchas gasolineras y si no, siempre habrá un buen samaritano que te ceda algo de gasoil.
Paramos en el restaurante de otras veces, eran casi las 15.00 y aunque había tiempo suficiente para llegar al aeropuerto, no queríamos aventurarnos a llegar a algún sitio con la cocina cerrada. Comimos tranquilamente, yo fumé todo lo que quise, siempre con permiso del Amo e hicimos una larga sobremesa de dos cafés.
Llegamos al aeropuerto aún con mucha antelación, yo siempre caliente y mojada, aunque no le dije nada porque suponía que él ya lo sabía… paseamos por la Terminal y después fuimos a la cafetería, estuvimos allí un buen rato, antes de ir al mostrador de facturación, en el que la recepcionista no pudo evitar desviar su mirada a mi collar por unas décimas de segundo mientras hablaba con mi Señor. Me pregunté que habría pensado, sólo por curiosidad, no porque me preocupara excesivamente.
Y así fue como terminó nuestro 4º encuentro, como los anteriores se me pasó casi como un suspiro. En el momento de embarcar, yo ya empezaba a tener la cabeza en las preocupaciones que había dejado atrás la semana anterior, consciente de me estarían esperando a mi vuelta. Me quedé esperando mientras él pasaba el proceso del scanner y le saludé con la mano un par de veces que se giró… cuando le perdí de vista caminé hacia el aparcamiento y regresé al hogar.
Me hace volver loca, retorciéndome de placer y dolor y llevándome al límite, siempre con un control absoluto de la situación. Creo que no se puede tener mejor Amo.
Ifis{Ae}
