martes, 24 de marzo de 2009

Tercer encuentro. A su disposición de nuevo


Siete de Marzo de 2009, su avión aterrizaría a las 9.00.

Aquella semana había estado tranquila… el encuentro no me preocupaba en absoluto, estaba muy serena y me creaba mucha excitación. También cierta ansiedad, no sé, miedo a olvidarme algo, o a que algo saliera mal… no sabría definirlo, era más una sensación que un pensamiento concreto.

Llegué al aeropuerto justísima, como siempre. Me había propuesto levantarme a las 7.30, pero prácticamente no había dormido nada, supongo que la inminencia del encuentro generaba cierto estrés. El despertador sonó a las 7.20… me perdió el placer de quedarme unos minutos en la cama antes de levantarme… volví a dormirme pensando en levantarme 10 minutos después cuando volviera a sonar el despertador. La siguiente vez que abrí los ojos eran las 7.45… otra vez a correr.

Salí de casa a las 8.30… y llegué a las 9.00 en punto. Cuando me acercaba al aeropuerto, vi como me sobrevolaba un avión que pensé que seguramente sería el suyo. Dejé el coche en la parte del aparcamiento lo más alejada posible de la Terminal, porque esta vez no llevaba un coche con lunas tintadas, pero la exploración de mi cuerpo iba a tener lugar igualmente.

Fui corriendo hacia la Terminal, como buenamente podía con los tacones. Llevaba las mismas botas de los encuentros anteriores; en esta ocasión mi Amo me había ordenado llevar además unos leggins. En la parte de arriba llevaba una camiseta larga hasta por debajo del culo y bastante amplia de hombros de forma que quedaban al descubierto, y un abrigo que me había prestado una amiga, y por supuesto, el collar. Yo estaba caliente, lo había estado toda la semana, pero tenía prohibido masturbarme desde el jueves a las 12.00 de la noche. Al correr notaba los leggins mojados y fríos rozando mi coño, también mojado pero caliente.

Cuando estuve por fin delante de la puerta, de repente me puse muy nerviosa, el corazón me latía muy deprisa. La gente salía muy lentamente, como con un cuentagotas… 3 o 4 personas cada vez. Yo le buscaba con la mirada en esos pocos segundos que las puertas se mantenían abiertas… de alguna manera mi corazón se iba tranquilizando y poco a poco volvía a latir a un ritmo normal… hasta que en una de las ocasiones que se abrieron le vi por fin llegar. Estaba muy sonriente y supongo que yo también lo estaba.

Nos saludamos como siempre y fuimos a tomar un café en la cafetería del aeropuerto, charlamos distendidamente y después caminamos hacia el coche. Mientras él colocaba su maleta yo me senté en el asiento trasero, me quité el abrigo, coloqué las manos en la espalda y separé los muslos.

Entró en el coche y empezó a sobarme las tetas y pellizcarme los pezones por encima de la camiseta, después puso su mano en mi coño y comenzó a sobarlo, yo estaba caliente y mojada y su mano aumentaba mi excitación, mientras tanto sujetaba mi cabeza por el pelo, y me recordaba constantemente que no podía correrme, no tenía permiso y me castigaría si lo hiciera. De vez en cuando me daba una bofetada para recordarme quien manda. En algunos momentos en los que llegaba al punto de apenas poder evitar el orgasmo, le pedía que parara luchando contra mi deseo de que continuara… y por suerte cedía el ritmo y me permitía relajarme.

En otras ocasiones azotaba mi coño con su mano, la excitación de mi coño bajaba ligeramente, pero la mía aumentaba y me hacía desear más el siguiente roce. A veces trataba de cerrar las piernas, pero él enseguida me ordenaba abrirlas nuevamente. Eso me excitaba a pesar de que yo deseaba poder juntar las rodillas.

Después de aproximadamente media hora de sobeteos, pellizcos y azotes, y sin haber permitido que me corriera, me dijo que emprenderíamos el camino hacia el apartamento. Antes de hacerlo, me entregó una cajita que contenía el anillo que me había ofrecido en el encuentro anterior. Lo había encargado en una joyería con el diseño y las medidas exactas que él había ideado, le había puesto mucha ilusión. Abrí la cajita despacio y el anillo fue apareciendo poco a poco, era como me lo había imaginado: bonito, sencillo y elegante. Me lo colocó en el dedo y emprendimos el camino. Me gusta tener este anillo.





Media hora más de viaje y llegamos sobre las 10.30. Nada más llegar me colocó unas muñequeras de cuero y las unió entre sí detrás de la espalda, cubrió mis ojos con la venda y me dejó esperando unos minutos mientras él preparaba las cuerdas en la cama y en la barandilla de la escalera.




Yo le oía trajinar arriba y abajo, de vez en cuando se acercaba a mí, me sobaba y me pellizcaba. Bajó la camiseta hasta la cintura, dejando mis tetas descubiertas, y me recordaba que haría conmigo lo que quisiera. Yo seguía muy caliente mientras esperaba, de pie con las piernas separadas, atada y con los ojos vendados.


Cuando regresó a mi lado me obligó a arrodillarme en el suelo, y comenzó a azotarme las tetas con el gato, yo agradecía los azotes de vez en cuando… sentí uno en mi coño que me pilló por sorpresa, mientras trataba de asumir los azotes en las tetas… seguidamente sentí una bofetada por no agradecer el azote en el coño, para después continuar con mis tetas.

Las azotó hasta que se cansó y después le apeteció follarme la boca, metía toda su polla y la mantenía así mientras yo aguantaba sin respirar, y continuó follándola hasta que terminó corriéndose en el fondo de mi garganta.

Más tarde me llevó hacia las cuerdas que colgaban de la barandilla, sacó mis brazos de las mangas de la camiseta que quedó colgando de mis caderas, y me ató con los brazos en alto y separados, manteniendo el tanga en la boca, que hasta el momento iba absorbiendo mi saliva. Me masturbó con la fusta, azotó mis tetas con ella, recordándome siempre que no tenía permiso para correrme y yo cada vez más caliente y salida, intentaba agradecer los azotes como le gusta a mi Señor. Después de un rato me ordenó que me corriera… pero no podía, no lo conseguía, hacía muchas horas que deseaba tener un orgasmo, y llevaba mucho tiempo reprimiéndolo. Por unos segundos quedé colgada por los brazos, con la vara de la fusta entre mis piernas, apretaba los muslos y acercaba las rodillas a mi cuerpo buscando intensificar las sensaciones de mi coño.

Le dije que no podía, me dio dos azotes en el culo con la mano, seguidamente azotó mis tetas con la fusta, después con el gato de tiras de ante, para terminar poniendo su mano en mi coño, y mientras lo frotaba me ordenó nuevamente que me corriera, y me corrí descontroladamente. El tanga en mi boca empezaba a estar lleno de saliva y en ocasiones que apretaba la mandíbula un hilillo de baba resbalaba por mi barbilla.
En un momento dado, él se alejó de mí y escuché el sonido de la cadenita de las pinzas. Sabía que había comprado unas pinzas más grandes, más adecuadas para mis pezones… pero a pesar de eso, y a pesar de que ya las había probado en el encuentro anterior, de repente las temí. Los días previos había procurado no pensar mucho en ellas.


Me obligué a serenarme, el principal temor que tenía era sentir un dolor intenso e insoportable, y sabía que eso no iba a pasar. En el tiempo que tardó en recorrer los pocos metros que le separaban de mí conseguí tranquilizarme y cuando le sentí cerca me preparé para recibirlas. Después colocó unas de las pinzas en el clítoris y me dijo que ahora sí tenía permiso para correrme.

Seguidamente me soltó de las cuerdas y me obligó a arrodillarme manejándome por el pelo, colocó su polla delante de mi boca y me ordenó que se la chupara. Durante un rato me dediqué a su polla, manteniendo los brazos en la espalda, hasta que me ordenó que usara también las manos. Masajeé sus huevos constantemente, como le gusta que haga mientras mi boca se dedica a su polla, hasta que se corrió en el fondo de mi garganta al tiempo que me decía secamente que tragara su leche.

Manejándome firmemente por el pelo, me dirigió hacia la planta superior, donde estaba la cama en la que ya tenía preparadas las cuerdas para atarme en aspa. Me azotó y me masturbó con la fusta, tenía permiso para correrme y lo hice dos veces, eso sí, cuando él decidió. Me mantenía excitada y salida pero sin darme suficiente placer para correrme, hasta que me ordenaba que lo hiciera, y en ese momento aumentaba la presión de la fusta sobre mi coño, me ordenaba secamente que me corriera, “córrete puta, córrete” y yo me dejaba llevar por el inmenso placer que sentía, que me recorría el cuerpo y hacía que mis piernas temblaran descontroladamente hasta el punto de hacer temblar también la cama.

Había llegado una hora prudente para comer. Comimos unas barritas como las del encuentro anterior mientras charlábamos sobre diferentes temas que tenían que ver o no con D/s. Después de comer me dijo que podía echar una siestecita, no tenía sueño como para dormirme pero me apetecía descansar un poco, abrí un sofá cama que hay en la planta de abajo y me acosté, tapándome con el edredón de la cama. Me dormí a los pocos minutos, mientras él quedó sentado al PC. Cuando desperté, mi Amo seguía en la silla delante del PC. Me enseñó las fotos que había hecho hasta el momento, me acerqué para verlas mejor y me arrodillé a su lado apoyando los brazos en la mesa y la barbilla en los brazos, el jugaba con su mano en mi pelo. Estaba desnuda y tenía algo de frío, cuando terminamos de ver las fotos me envió de nuevo a la cama mientras él recogía el PC, y le pregunté si él no se iba a echar un poco.

Al rato se acostó también y yo me acerqué para colocar mi mano en su paquete, como me tiene ordenado. Jugaba con su polla y sus huevos, creo que de vez en cuando me quedaba momentáneamente dormida, y al despertar seguía con el manoseo. Eso me iba excitando cada vez más, me acercaba a él buscando un leve contacto de su pierna en mi coño… Yo estaba muy muy caliente, la humedad de mi coño empapaba mis muslos y nada más rozar su pierna la mojé y él lo notó enseguida.

Poco a poco procuraba que ese contacto fuera más intenso y más frecuente, hasta que terminé frotándome desesperada contra su pierna, procurando no olvidarme de seguir masajeando su paquete, aunque a veces me olvidaba y de repente era consciente de que mi mano estaba quieta sobre sus huevos.

En ocasiones le oía decir que le estaba dando mucho placer, me gustaba oirlo porque en realidad no estaba muy segura de si estaba más pendiente de mi coño que de su paquete, mientras movía la mano con la misma energía que me apetecía recibir a mí.

El de vez en cuando apartaba la pierna, yo le miraba intentado suplicarle que volviera a acercarla. Después de mucho tiempo así, y de mucho suplicar que me permitiera correrme, estaba muy salida, al borde de no poder más, por fin me lo concedió y lo hice moviéndome desesperadamente contra su pierna.

Más tarde, acostada boca arriba y con las piernas separadas azotó nuevamente mi coño con su mano, sentado a mi lado. Instintivamente yo trataba de cerrar las piernas, hasta que sujetó una de ellas entre las suyas y la otra con la mano y cruzó su cuerpo por encima del mío, dándome la espalda... continuó los azotes entre mis quejas y mis intentos fallidos de huir. Después empezó a masturbarme, tras los azotes el placer era muy intenso, tenía permiso para correrme así que me dejé llevar...
Cuando me corrí, me ordenó colocarme boca abajo con las piernas separadas y me azotó con una vara que yo misma había cortado del avellano de mi jardín. La vara escocía bastante y yo trataba de atenuar mis quejidos clavando la cara en un cojín, atenuó la intensidad de los azotes. Más tarde aprisionó mi clítoris con las pinzas y continuó azotándome con el gato. Me ordenó colocarme a cuatro patas, llevaba las pinzas y tenía cierto miedo de que ese movimiento hiciera que las sintiera más, me molestara o incluso me doliera, procuré no dudar o al menos que no se notara, me puse a cuatro patas, las pinzas no me molestaron al hacerlo. Y en esa posición me azotó nuevamente con la vara y con el gato.

Cuando terminó teníamos algo de hambre, merendamos una taza de leche y Colacao con Campurrianas y charlamos animadamente sobre diferentes temas, como siempre que no estamos en sesión.

Después de esto me llevó hacia las cuerdas de la barandilla, me ató las dos muñecas juntas en una de las cuerdas, y el tobillo izquierdo en la otra, de forma que mi pierna quedaba paralela con el suelo y mi coño quedaba muy expuesto y accesible. Lo frotó con la varilla de la fusta, me excitaba mucho, y después con la mano… me excitaba mucho más. Movía su mano rápidamente sobre mi clítoris, llevándome al borde del orgasmo. Me corrí cuando me lo ordenó.

La postura era muy incómoda, y no me permitía disfrutar totalmente de las sensaciones de mi coño, aunque hubo un momento que conseguí centrarme sólo en eso y sentí un gran placer que no quería que terminara. Cuando estaba muy salida, colocó una silla entre mis piernas y me obligó a masturbarme con ella. Era complicado, la postura no me dejaba controlar totalmente mis movimientos, a veces perdía el equilibrio y me alejaba de la silla. En una ocasión debí empujarla y cayó al suelo ante mi frustración, aunque mi Amo no tardó en colocarla cerca de mí. El placer era relativo, tenía el clítoris dolorido y no podía presionar demasiado, pero la falta de esa presión no me dejaba llegar a donde quería. Finalmente, tras un gran esfuerzo conseguí correrme con un leve movimiento sobre la silla.

Posteriormente cenamos y vimos una película, “Las edades de Lulú”, tumbados en el sofá y tapados con el edredón de la cama. Me ordenó que colocara la mano en su paquete y jugara con él, eso me mantenía ligeramente caliente mientras veíamos la película en silencio. En un momento dado yo tenía mucho calor, y me levanté para fumar un cigarro. Le pedí permiso, esta vez no se me había olvidado pedirlo en ninguna ocasión, y ya no me fastidiaba tanto. El siempre me lo había dado, aunque esporádicamente me recordaba que podía no dármelo en algún momento. Después volví al sofá y continué masajeando sus huevos.

A veces le observaba y veía que por momentos se quedaba dormido. Cuando terminó la película nos fuimos a la cama y allí me acerqué a él para dormir con la mano en su paquete, jugueteando con él hasta que nuevamente me ordenó comerle la polla, para terminar follándome la boca y corriéndose en el fondo.

Dormimos hasta que a las 6.30 yo me desperté con mucho calor, aparté el edredón pero así tenía frío. Bajé las escaleras en busca de la camiseta de su pijama, que a lo largo del día me había permitido llevar en ocasiones cuando tenía frío desnuda. Me acosté y le pedí permiso para ponérmelo, me lo dio y me obligó a hacerle otra mamada.

A las 8.00 de la mañana sonó el despertador, yo volví a colocar la mano en su paquete y terminé comiéndole la polla durante un buen rato.

En esta ocasión era a mi Amo al que le estaba costando más salir de la cama y estuvimos holgazaneando un rato hasta que nos levantamos, desayunamos y seguimos charlando durante bastante tiempo.

En algún momento, yo estaba sentada encima de la mesa, y él de pie delante de mí… me preguntó que pasaría si oyera un chasquido al mismo tiempo que chasqueaba los dedos… contesté algo dudosa por miedo a equivocarme “me colocaría…” antes de que terminara la frase me dijo que lo hiciera. Bajé de la mesa, me volví y me apoyé en ella, ofreciéndole mis nalgas. Me azotó con la vara de avellano, colocó una de las pinzas en mi clítoris y la otra en un pezón, iba a hacerlo en el izquierdo, pero me parecía que estaba bastante dolorido y le pedí que la pusiera en el otro y así lo hizo.

De esta manera me rozaba ligeramente la bolita del clítoris con un dedo y me iba excitando más y más, para terminar obligándome a correrme moviendo la pinza a través de la cadena. Lo repitió cuatro veces consecutivas, las tres primeras conseguí correrme, la tercera ya con cierta dificultad, y además me pellizqué levemente el clítoris por intentar cerrar las piernas. En la cuarta ocasión, la pinza del clítoris resbaló debido a la humedad de mi coño y al colocarla de nuevo el orgasmo me resultó imposible.

Entre unas cosas y otras la mañana había avanzado mucho. Nos duchamos y recogimos nuestras cosas y emprendimos el camino hacia el mismo restaurante donde habíamos comido la última vez. Íbamos muy bien de tiempo, así que hicimos una larga sobremesa.

En el aeropuerto facturó su equipaje y esperamos la hora de embarque tomando un café y haciendo algunos apuntes sobre el encuentro. Llegaba el momento de la despedida, una vez más se me había hecho muy corto y me apetecía alargarlo un poquito más. Entre bromas, le pedí que se quedará… deseaba que se quedara un poquito más.

ifis{Ae}

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