Camino desnuda, con las manos esposadas por delante y los ojos vendados, mi Amo me conduce tirando de una cadena que termina en las esposas. Cuando se detiene me quita la venda y veo ante mí una mesa con varios comensales, no sé cuantos porque bajo la mirada rápidamente por pudor. En ese momento mi Señor me ordena colocarme encima de la mesa a cuatro patas, yo no me muevo y él vuelve a ordenármelo más duramente, pero sigo sin moverme.
Entonces me agarra por el pelo y echando la cabeza hacia atrás me dice que trataremos más tarde esa desobediencia… me da un azote en el coño y me empuja hacia la mesa. Dos de los comensales se levantan y son ellos los que me colocan encima, dejándome en el centro de la misma a cuatro patas. Enseguida empiezo a notar manos sobre mi cuerpo, sobándome, hurgándome, explorándome y dándome azotes, al mismo tiempo que alguien me coloca la venda nuevamente.
Oigo sus comentarios sobre mí, sobre lo mojada que empiezo a estar y lo bien que lo van a pasar conmigo… tiran de mi agarrándome por el collar y me hacen avanzar un par de pasos. Noto una polla rozando mi cara y después introduciéndose en mi boca y follándomela a la vez que otras manos recorren mi c
uerpo a su antojo y algunos dedos penetran mis agujeros. Estoy caliente y mojada, mi excitación cada vez es mayor y también lo es la de mis “comensales”.
Me mueven de un lado a otro de la mesa, de unas manos a otras… unos me follan como les apetece mientras otros me agarran firmemente los brazos y las piernas. Empiezo a notar cómo el orgasmo se va acercando, en breve será inevitable pero tengo una polla llenándome la boca y no puedo pedir permiso, sin embargo tampoco puedo hacer nada por evitarlo… hasta que finalmente me corro. Mis gemidos, aunque ahogados por la polla que me folla la boca, y el temblor de mis piernas me delatan. Mi Amo no dice nada ni hace nada, supongo que no quiere interrumpir la fiesta, pero sé que ese orgasmo no permitido tendrá consecuencias.
Los invitados siguen usándome sin piedad, sin darme una pequeña tregua para recuperar el aliento. Se van alternando para follarme la boca, el coño y el culo, al mismo tiempo que siguen sobando cualquier rincón de mi cuerpo que quede disponible.
De pie en el suelo, reclinada sobre la mesa, siento la primera corrida sobre mi espalda, en pocos instantes la polla que me folla el culo se retira y percibo otra corrida en mis nalgas y seguidamente otra más. Me colocan en la mesa tumbada boca arriba, con los brazos sujetos por uno de los
comensales por encima de mi cabeza y las piernas también agarradas por otros dos participantes.
El mantel se pega a mi piel cubierta de leche, para entonces estoy totalmente rendida y agotada, soy una muñeca de trapo en sus manos. Mientras alguien me folla el coño, noto más corridas en las tetas y en el vientre. Cuando terminan quedo exhausta, inerte encima de la mesa. Oigo como van recogiendo sus cosas mientras se despiden y comentan lo bien que lo han pasado… ¿qué ocurrirá cuando se vayan?... ¿mi Señor castigará mis faltas?... ¿pospondrá el castigo y podré darme un baño calentito?... sólo Aedes, mi Amo, lo sabe.
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