martes, 29 de diciembre de 2009
domingo, 27 de diciembre de 2009
Sexto encuentro
En esta ocasión mi Amo venía el viernes por la noche, a las 21.25. Habíamos programado el encuentro con sólo unos días de antelación y la combinación de vuelos no dejaba muchas opciones y además mi Señor me concedía ese pequeño capricho de venir el viernes por la noche en lugar del sábado por la mañana. Yo había estado muy tranquila la semana anterior debido a una sobrecarga de trabajo que no me había dejado mucho tiempo para pensar en el fin de semana, que ya estaba ahí.
Me tomé la tarde libre para tener tiempo de preparar mis cosas y llegar al aeropuerto con suficiente antelación y quería ir a la peluquería para estar más guapa. Cuando llegué al aeropuerto aún faltaban al menos 20 minutos para el aterrizaje, así que me quedé en la furgoneta fumando un cigarro. Cuando entré en la terminal, vi en la pantalla que su vuelo estaba retrasado 20 minutos, busqué un asiento y me dispuse a esperar mientras observaba a la gente. No pensaba nada en concreto, diferentes ideas iban y venían de mi cabeza y el tiempo fue pasando.
Escuché el aviso del aterrizaje de su avión y me acerqué a la puerta, cuando salió nos saludamos como siempre, un par de besos en la mejilla y una sonrisa y nos dirigimos directamente a la furgoneta y emprendimos el camino hacia el apartamento. Mi Amo no estaba muy tranquilo con mi sentido de la orientación y esta vez era de noche y nos alojábamos en un apartamento diferente al habitual en otros encuentros. Saliendo del aeropuerto sacó de su maletín un par de bolsas de gominolas que yo le había pedido por “buen comportamiento”, aunque también me había ganado algunos castigos por lo contrario.
Llegamos sobre las 22.30, al primer intento, ya que lo tenía programado en el navegador y además el acceso era muy fácil, a pocos kilómetros de la autovía. Este apartamento era más amplio y estaba mucho mejor acondicionado, tenía un gran salón con cocina, dos habitaciones amplias y dos baños, pero perdíamos la posibilidad del gancho ya que no tenía escalera, ni ninguna otra forma de colgarme.
Mientras dejaba en la cocina las bolsas de comida, mi Amo se acercó por detrás y me dio un par de azotes en el culo con la fusta, después empezó a sobarme las tetas mientras me decía que tenía ganas de verme. Su cuerpo estaba pegado al mío, estiré las manos hacia atrás y las posé en sus caderas y dejé caer mi cabeza sobre su hombro, disfrutando de sus sobeteos y sus palabras.
Después terminamos de colocar nuestras cosas y le pregunté medio en broma si cenábamos o quería someterme, me contestó que cenar sin duda porque era tarde y los dos teníamos mucha hambre. Yo cené un tazón de Cola Cao con galletas Campurrianas y él una barrita dietética y algunas galletas Campurrianas y los dos estuvimos “pellizcando” las bolsas de gominolas.
Después de cenar y hacer una sobremesa, me ordenó levantarme y me colocó la venda en los ojos, colocó las muñequeras y las unió entre sí a mi espalda, me sobeteó durante un momento y después me condujo a la habitación sujetándome fuerte por el pelo… al llegar me empujó bruscamente y cai sobre la cama. Aún estaba vestida, llevaba unos leggins negros, una camiseta fina de algodón y una chaqueta larga de un tejido fino. En los pies, las botas blancas de tacón. No llevaba ropa interior. Levantó la camiseta, dejando mis tetas al descubierto.
Mientras frotaba mi coño con su mano por encima de los leggins, yo notaba lo mojada que estaba y él también me lo recordaba. Yo estaba muy caliente y saboreaba cada sobeteo. Se tumbó a mi lado y estrujó mi coño con su mano, me producía mucho placer. Mi Señor me preguntó si estaba caliente, me dijo que notaba los tirones en el clítoris. Realmente estaba muy caliente.
Tras un rato de placer, me agarró el coño con una mano, me metió los dedos en la vagina y presionó sobre mi monte con su palma y pulgar y enganchada de ese modo, me levantaba la cintura y me agitaba. Yo me quejaba y trataba de huir, pero mi Amo no me lo permitía y me recordaba que haría conmigo lo que quisiera. Me torturó hasta que se cansó, después se levantó y bajó bruscamente los leggins, descubriendo mi coño caliente y mojado… chorreaba… Me dejó así un tiempo mientras me fotografiaba, más tarde me quitó las botas y los leggins y continuó fotografiándome.
Yo estaba muy caliente, me había parecido especialmente morboso que me arrastrara por el pelo hasta la cama y después me empujara… y cuando bajó los leggins de un tirón. Y ahora me encontraba tirada en la cama, medio desnuda y sin saber qué le apetecería hacer conmigo.
Se acercó y me agarró por los tobillos haciendo girar mi cuerpo 90º hasta dejarlo en el centro de la cama. Me excita que me traté así, sin contemplaciones.
Después se recostó a mi lado y volvió a sobarme, yo me retorcía de placer, intentaba incorporarme pero él me tenía agarrada por el pelo y cada vez que lo intentaba notaba el tirón que me obligaba a volver a la posición. Cuando se cansó de jugar conmigo, me dejó y escuché como abría sus pantalones… instantes después me follaba la boca hasta correrse en el fondo de mi garganta. Me tragué toda su leche.
Mi Amo estaba muy cansado, así que nos acostamos, yo coloqué como siempre la mano en su paquete, y le pedí un “vale-cigarrito” por si tenía ganas de levantarme después de que se hubiera dormido.
El se durmió enseguida, yo no tenía sueño, así que después de un rato dando vueltas en la cama, decidí levantarme a fumar. Después volví a la cama, coloqué nuevamente la mano en el paquete de mi Señor y me quedé dormida hasta las 8.00 cuando sonó el despertador.
Al despertar, apagué el despertador y me giré hacia él y coloqué la mano en su paquete, masajeé un rato sus huevos, hasta que me ordenó que le masturbara, jugué con sus huevos y su polla dura durante un rato, hasta que me ordenó que me la metiera en la boca. La dejaba entrar y salir, la mojaba bien con mi saliva, la succionaba, mis manos jugaban con los huevos y la base de la polla hasta que me sujetó la cabeza y me quedé quieta dejando que follara mi boca hasta que me la lleno con su leche caliente y dulce. Me bebí toda su leche.
Nos levantamos y fuimos a la habitación contigua, apartamos los colchones y cubrimos el somier con una manta, esta era la nueva parrilla. Después fuimos a desayunar, leche con Cola Cao y galletas Campurrianas y charlamos un rato.
Tras el desayuno, mi Amo me llevó a la parrilla y me ató boca arriba, en aspa, completamente desnuda, con las piernas bien separadas. Me dejó así uno rato, yo estaba muy incómoda, las cuerdas estaban muy tensas y apenas tenía espacio para moverme. Me retorcía intentando encontrar una postura que me resultara más cómoda, pero no lo conseguía. Por un momento pensé en pedirle un cojín para la zona lumbar mientras le oía trajinando fuera de la habitación.
Oí acercarse a mi Señor y acto seguido, sentí los azotes del gato sobre mi coño. Me dolían mucho, había tenido un despiste del que estaba siendo consciente justo en ese momento: me había depilado el coño la tarde anterior y tenía la piel demasiado sensible. Empecé a retorcerme sobre el somier lo poco que me permitían las ataduras, mientras gimoteaba y suplicaba.
En mis esfuerzos por huir, se habían aflojado las cuerdas de la mano y la pierna izquierdas, lo que me permitía algo más de movilidad. Mi Amo continuó azotándome ignorando mis súplicas hasta que en un tirón de mi pierna tras un azote, la cuerda que me sujetaba se soltó. Yo me quedé quieta, inmóvil, temiendo que haberme soltado me supusiera un nuevo castigo.
Ató de nuevo mi pierna, con las cuerdas bien tensas y me dejó sola otra vez. Continué buscando una postura más cómoda. Las ataduras de las piernas apenas me permitían balancear un poco las caderas, la mano izquierda estaba ligeramente más floja. Pensaba cómo iba a hacer para soportar todo el encuentro con lo dolorido que tenía el coño y apenas estábamos empezando.
Cuando volvió, dejó caer dos azotes de gato sobre mi coño, yo casi me incorporaba tratando de huir, pero todos mis esfuerzos eran en vano.
Tras unos instantes me dijo que recibiría 10 azotes más y que debía contarlos. Sentí el primero, sólo podía quejarme y retorcerme, no podía contar, empezó a contar él, “uno”… pensé que me resultaría imposible llegar hasta 10, en ese momento lo veía tan lejano.
Me agotaba girándome y retorciéndome, traté de cerrar las piernas lo que me permitían las cuerdas y de esta manera y medio girada, conseguía que algunos azotes se desviaran a la cara interna de mis muslos, escocía, pero al menos daba una pequeña tregua a mi coño.
Por fin llegó el azote “número 10”, aunque los últimos habían sido algo más leves, me había parecido eterno.
Volví a quedar sola, la postura se me hacía cada vez más incómoda, estaba dolorida por los azotes y había dos moscas pesadísimas paseándose por mi cuerpo. Odio ese cosquilleo que producen las patas de mosca sobre la piel, pero apenas tenía fuerzas para moverme y las ataduras me seguían limitando.
Escuché los pasos de mi Amo acercándose, temí que fuera a azotarme de nuevo. Sentí el roce de la fusta en el clítoris, estaba muy sensible y me excitó enseguida. Empezó a masturbarme, yo estaba muy caliente, pero demasiado agotada para encontrar la energía que necesitaba para un orgasmo. Un par de azotes aumentaron notablemente mi excitación, si mi Amo dejaba de mover la fusta, eran mis caderas las que se movían buscando mantener el placer, pero me suponía demasiado esfuerzo, y el aumento de la presión o el ritmo me producía dolor. Me masturbó durante un buen rato pero no conseguí ni siquiera acercarme al orgasmo.
Quedé nuevamente sola, no recuerdo si pensaba en algo, estaba cada vez más agotada y más evadida. Después volví a sentir la fusta presionando mi coño, me producía mucho placer, levantaba las caderas buscando más… notaba la fusta intentando penetrar mi vagina, me gustaba, aunque al mismo tiempo me producía una sensación molesta que fue creciendo a medida que mis movimientos se hacían más rápidos.
Mi Amo me ordenó que me corriera, en esta ocasión estuve más cerca, pero tampoco lo conseguí y recibí un par de azotes más por no obedecer. Continuó masturbándome con la mano, me daba mucho más placer, me retorcía y gemía, notaba lo mojada que estaba en cada sobeteo de su mano. Pero igual que en las ocasiones anteriores, el aumento de la presión y del ritmo, transformaban el placer en dolor y hacían que suplicara que parara.
Escuché a mi Señor trajinando fuera de la habitación y después oí como se acercaba el sonido de sus pasos y el de la cadenita de las pinzas. Estaba tan agotada que no tenía fuerzas ni para preocuparme y creo que no opuse la menor resistencia ni protesta mientras las colocaba en mis pezones. A continuación los azotes del gato volvieron a llover sobre mi coño. Yo ya no podía más… me retorcía sin control, suplicaba “no, no, no, por favor Señor”, estuve a punto de decir “ROJO”, llegue a decir “ro…” justo cuando los azotes pararon y me quedé quieta en la parrilla gimoteando y deseando que me soltara.
Pero la cosa no había acabado, todavía cayeron 4 ó 5 azotes más. Yo me retorcía en la parrilla, tratando de soltarme. Después las otras pinzas mordieron mi clítoris y le escuché decir “así te estarás quieta”… y efectivamente, me quedé quieta, procurando no olvidarme de las pinzas. Quería concentrarme en las segundas, ya que me producían cierto placer, sin embargo las primeras me recordaban constantemente que también estaban ahí. Así me dejó un rato mientras me fotografiaba.
Después retiró las pinzas del clítoris y comenzó a masturbarme con la mano, yo estaba demasiado agotada y dolorida y huía de los sobeteos. Estaba algo preocupada, no estaba respondiendo de la forma habitual a ninguna de sus maniobras, y no sabía qué podía estar pensando él.
Sentí que me soltaba una pierna, y después la otra. Salió de la habitación, yo me quedé quieta, no tenía energía para nada. Enseguida volvió y me soltó también las manos, sin decir nada. Volvió a salir, me parecía extraña esta forma de dar por finalizada la sesión, yo aún llevaba la venda, y esperé hasta que me la quitó. Entonces le miré, me levanté y le seguí, le pregunté si le ocurría algo y me dijo que no se encontraba bien. Se sentó en un sillón y yo en el brazo del mismo, acurrucada encima de él, estuvimos charlando un rato, hasta que el sueño nos fue venciendo y dimos una cabezadita. Supongo que la postura no era muy cómoda, fuimos a la cama y allí dormimos un rato más.
Al despertar mi Amo se encontraba mejor y ya era la hora de comer. Comimos una ensalada de canónigos con varios quesos y pechuga de pavo y picoteamos de las bolsas de gominolas.
Después hicimos una larga sobremesa, que continuamos más tarde en el sofá, viendo un par de películas. Me acosté al lado de mi Señor con la mano en su paquete y me quedé dormida viendo la primera película, “Salon Kitty”, que era en italiano y no me estaba enterando de nada. Antes de que terminara, mi Amo cambió la película porque él ya la había visto y yo no la estaba siguiendo. La nueva película, “Las perversiones de Livia”, me pareció interesante y la vi masajeando constantemente el paquete de mi Amo, muy mojada y excitada, con mi coño pegado a su muslo.
En un momento dado, me agarró por el pelo, se me escapó un gemido de placer, y varios más con los tirones que siguieron al primero, estaba muy caliente y eso me excitó aún más. Continuamos viendo la película, yo seguía jugando con los huevos de mi Señor y su polla que estaba durísima. Después de un rato así, se me antojó un cigarro y pedí permiso para fumar, me lo dio y me levanté del sofá, me coloqué a su lado y estiré mi mano hacia su polla. Me ordenó colocarme de pie con las manos en la nuca y las piernas separadas, introdujo un dedo en mi coño y yo me volví loca en décimas de segundo. Disfruté un rato de los movimientos de su dedo y de mis caderas, mirándole a los ojos, hasta que me ordenó correrme, lo hice inmediatamente, estaba tan excitada, me corrí desenfrenada.
Me dijo que fuera a fumar el cigarro, le dije que no tenía prisa mientras me agachaba para darle un chupetón en su polla, me ordenó que se la comiera. Jugué con su polla en mi boca hasta que empezó a follármela, empujando fuerte hasta terminar corriéndose. Tragué todo su semen.
Chupé un poco más su polla y después fui a buscar su dedo, que estaba empapado con mis jugos, y lo lamí durante un rato disfrutando del sabor de mi coño en el dedo de mi Amo.
Y entonces fui a fumar el cigarro. Continuamos viendo la película, y cuando terminó cenamos. El una ensalada como la de la comida y yo un tazón de leche con Cola Cao y galletas Campurrianas. Después de una buena sobremesa tras la cena, volvimos al sofá y allí estuvimos viendo una película sobre el crimen de Fago. La película era muy larga y yo estaba haciendo esfuerzos por no quedarme dormida, aunque estaba interesante y en realidad no sabíamos la hora que era. Cuando terminó vimos que eran las 3 de la madrugada y nos acostamos ya que los dos nos caíamos de sueño.
En la cama coloqué la mano en el paquete y le pedí como siempre un “vale-cigarrito” por si me costaba dormir, aunque en esta ocasión me quedé dormida enseguida. Los “vales-cigarrito” que no uso, se pierden, no me sirven para fumar en otra ocasión sin pedir permiso, pero bueno, ya me voy acostumbrando.
El despertador sonó a las 8.00, yo estaba caliente y tenía ganas de jugar con la polla de mi Amo, que estaba dura, agradecida con mis juegos. Después de un rato de juegos, le pedí permiso para meterla en mi coño, pero me lo negó y me dijo que se la chupara. Obedecí enseguida, y me dediqué a ella con ganas, con mis manos y mi boca, sin olvidarme de los huevos. Se corrió emitiendo un gran suspiro que me gustó mucho, ya que suele ser muy silencioso en sus orgasmos.
El se levantó primero, y yo me dormí un rato más en la cama, mientras él preparaba las cosas para someterme seguidamente.
Enganchó la correa en el collar y me arrastró hacia el salón tirando de ella hacia arriba. Me ordenó colocarme de rodillas en el suelo, apoyando los brazos en un sillón, no llevaba la venda ni estaba atada, y empezó a azotarme con el gato en las nalgas, me dijo que empezara a contar los azotes hasta 20. El gato iba cayendo sobre mi culo y yo iba contando entre quejidos y gemidos mientras balanceaba las caderas, intentando tal vez estirar la piel para calmarla. Después de los veinte azotes, me cayó uno más por no agradecer el castigo, aunque en realidad lo estaba balbuceando cuando sentí nuevamente las tiras de cuero sobre mi piel.
Más tarde cubrió mis ojos con la venda y me ordenó sentarme en el mismo sillón sobre el que un momento antes me apoyaba. Me dejó así unos instantes mientras me fotografiaba, yo mantenía las manos en la espalda y las piernas separadas. Después me ordenó masturbarme. Cuando llevé la mano a mi coño me dí cuenta de lo mojada que estaba, se oía una especie de chasquido a medida que lo frotaba, mi Amo lo oyó y comentó lo caliente que estaba.
El placer y la excitación iban aumentando a medida que la mano jugaba entre mis piernas, cada vez un poquito más deprisa. El placer se iba incrementando hasta que sentí el orgasmo cerca y entre jadeos pedí permiso para correrme. Me ordenó que lo hiciera, aceleré el ritmo de mi mano, pero el orgasmo me costaba… intentaba concentrarme, estaba demasiado excitada para parar, pero el orgasmo no llegaba, escuché la voz de mi Señor “córrete puta”, ese pequeño estímulo lo desencadenó. Una gran explosión de placer se concentraba en mi coño para después recorrer mi cuerpo como una descarga eléctrica. Agradecí el orgasmo y me coloqué en la posición inicial.
Mi Amo me agarró por el pelo y me condujo a una silla, me obligó a sentarme y allí me ató los tobillos a las patas de la silla, y las muñecas en el respaldo. Me dijo que iba a recibir 20 azotes en las tetas y debería contarlos, era uno de los castigos que teníamos pendientes, “Bien Señor” le dije.
Empezaron los azotes, y yo empecé a contarlos entre gemidos y jadeos. Me zarandeaba intentando huir, y eso hacía que la silla zozobrara y quedaba a veces apoyada en dos patas por unas décimas de segundo. El azote nº 19 cayó antes de que hubiera contado el 18, dudé sobre como seguir la cuenta, no sabía si debía decir 19 que eran los que habían caído o 18, ya que éste no lo había contado. Pensé que un azote más o menos no tendría demasiada importancia, así que continué desde 18… 19… y por fin 20. Y agradecí el castigo.
Me dejó un rato en esa posición, yo deseaba tener las manos libres para poder masajearme las tetas, sobre las que aún sentía el picor de los azotes.
Después de un tiempo soltó mis ataduras, manteniendo la venda en los ojos, y me ordenó colocarme de pie, apoyando las manos en el respaldo de la silla. Iba a recibir un nuevo castigo, 20 azotes en las nalgas y también debería contarlos. Y empecé a contarlos, mientras me quejaba y me retorcía. El nº 17 me dejó doblada, antes de que pudiera contarlo la fusta cayó de nuevo sobre mi culo.
Creo que por un momento perdí la noción del tiempo y perdí la cuenta, no sabía exactamente por dónde iba, 17, 18, 19… sabía que aún no había llegado a 20 pero esta vez no quería dejar pasar ninguno… abrí la boca y dije “¡¡20!!”, no sé porqué dije 20, sabía que aún no había llegado, tal vez por si colaba… pero no coló…. Escuché a mi Señor corrigiéndome, “No, 18 y vas a recibir cuatro más”. El mismo continuó la cuenta mientras yo me quejaba y me retorcía, en alguna ocasión doblaba las rodillas y me quedaba agachada, pero inmediatamente mi Amo me ordenaba levantarme. Recibí los 24 azotes, y uno más “de premio”. Después continuó con el gato sobre mis nalgas y mi coño. Al terminar quedé agachada, con las rodillas dobladas y aún agarrándome al respaldo de la silla y me ordenó que agradeciera el castigo.
Me incorporé y me coloqué de nuevo en la posición inicial. Me mantuve así un rato, mientras sentía a mi Señor moviéndose a mi alrededor, observándome y fotografiándome. Yo estaba quieta, a la espera, sabiendo que en cualquier momento mi Amo empezaría a jugar otra vez conmigo y sin querer preguntarme qué sería lo siguiente.
Lo siguiente fue que noté una de las pinzas de pesita en mi pezón derecho, no me había producido excesivo dolor así que procuré no quejarme demasiado. En el segundo pezón fue diferente, sentí una especie de pinchazo muy intenso y continuo, protesté y le dije que no podía, “te aguantas” me contestó, al mismo tiempo la sensación de pinchazo iba cediendo hasta convertirse en algo soportable. Me dejó nuevamente, para continuar observándome y fotografiándome al tiempo que yo me concentraba en averiguar qué sensación me producían las pinzas. Tras unos momentos, una de las pinzas cayó al suelo, pensé “oh no”, sabía que me la colocaría de nuevo y no quería volver a sentir el pinchazo de antes. Por suerte no fue así, la volvió a colocar y me dejó nuevamente abandonada.
Cuando se cansó de jugar conmigo, me liberó de las pinzas, la correa, las muñequeras y las tobilleras y nos preparamos para desayunar. Yo no me podía creer que hubiera aguantado toda la sesión sin haber desayunado antes, ya que normalmente es lo primero que hago.
Después de un rato de charla, empezamos a recoger nuestras cosas y nos duchamos. No podíamos retrasar demasiado la comida, el avión de regreso de mi Amo salía más pronto que en otras ocasiones. Cuando estuvimos listos salimos a hacer algunas fotos de los exteriores, las vistas eran preciosas se mirara donde se mirara. Y nos dirigimos al restaurante donde solemos comer, en un pueblo cercano al aeropuerto.
La comida fue tranquila y amena, como siempre, incluso creo que estábamos en la misma mesa que en las otras ocasiones que habíamos comido allí. Después de comer y tomar café, emprendimos el camino hacia el aeropuerto.
Nada más llegar allí, yo empecé a estar algo intranquila, había algo que quería comentarle a mi Señor, ya se lo había adelantado en la comida. No era algo de demasiada importancia, pero me preocupaba no encontrar las palabras adecuadas para transmitir exactamente lo que pensaba.
Hicimos los trámites de facturación del equipaje y nos dirigimos a la cafetería, pedí unas Coca Colas, nos sentamos en una mesa, y le comenté mis dudas. Mi Amo se mostró comprensivo como siempre. Terminamos las Coca Colas y fuimos a la zona de embarque. Seguí con la mirada los primeros pasos de mi Amo, cuando pasó por el detector de metales me dirigí a la salida, no esperé como siempre hasta que le pierdo totalmente de vista. En esta ocasión estaba deseando salir de allí, la gente me agobiaba.
Conduje hasta mi casa, llegué bastante caliente y mojada, me cambié de ropa y me masturbé frente al PC viendo fotos y vídeos de otros encuentros y recordando momentos de este.
Deseando la próxima vez…
Ifis{Ae}
viernes, 25 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
sábado, 19 de diciembre de 2009
domingo, 13 de diciembre de 2009
sábado, 12 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
sábado, 28 de noviembre de 2009
domingo, 22 de noviembre de 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
Quinto encuentro
Después de una serie de trabas y la cancelación de la primera fecha prevista para el encuentro, por fin nos vimos el día 19 de Septiembre, casi 4 meses después de la ultima vez. Aquella semana yo había tenido mucho trabajo, me costó encontrar algunos minutos para ir haciendo los preparativos, así que no tuve mucho tiempo para ponerme nerviosa.
El avión aterrizaría a las 9.00, y yo había dormido como un bebé la noche anterior y en general toda la semana, supongo que por el exceso de trabajo, así que cuando sonó el despertador me levanté sin mayor problema. Me lo tomé todo con mucha tranquilidad porque iba muy bien de tiempo y llegué al aeropuerto 20 minutos antes que él… menos mal, era la primera vez que no llegaba agobiada por las prisas.
La noche anterior a las 12.30 había estado tapando los cristales de la zona de carga de la furgoneta… me había olvidado de comprar cartulinas, así que sólo tenía una que sobró del encuentro anterior. No me pareció grave, podía tapar la ventana que separa la zona de carga de la zona de pasajeros, y las ventanas traseras quedarían tapadas por el muro del aparcamiento. Me llevé una sorpresa al llegar y ver que el muro no era tan alto como yo lo recordaba, y no llegaba hasta las ventanas… no lo pensé mucho, ya no podía hacer nada.
Entré en la Terminal y me senté a esperar mientras observaba a la gente que pasaba por delante de mí, escuché el aviso de aterrizaje de su avión y me coloqué frente a la puerta. Cuando salió nos saludamos sonrientes y fuimos a tomar el café de rigor. Después nos dirigimos a la furgoneta, abrí la puerta lateral y al entrar recordé que las ventanillas no estaban tapadas. Estaban orientadas hacia una carretera, y era difícil que pasara alguien por allí, pero yo sabía que el Amo no estaría tranquilo. La verdad es que de repente me sentí muy apurada y traté de colocar algunos recortes de cartulina, pero no tenía con qué sujetarlos. El Amo se dio cuenta de mi apuro y decidió que fuéramos directamente al apartamento para ganar tiempo, ya que además, era más tarde que en otras ocasiones.
Llegamos sobre las 10.00, después de dar una pequeña vuelta turística, esto ya se está convirtiendo en tradición. El Amo preparó las cuerdas del gancho, me ató con las muñecas juntas y cubrió mis ojos con la venda. Aún llevaba el vestido que me había puesto para la ocasión, con una falda amplia por encima de las rodillas, ceñido al torso y anudado a la nuca, y medias con liguero, sin ropa interior como siempre.
El avión aterrizaría a las 9.00, y yo había dormido como un bebé la noche anterior y en general toda la semana, supongo que por el exceso de trabajo, así que cuando sonó el despertador me levanté sin mayor problema. Me lo tomé todo con mucha tranquilidad porque iba muy bien de tiempo y llegué al aeropuerto 20 minutos antes que él… menos mal, era la primera vez que no llegaba agobiada por las prisas.
La noche anterior a las 12.30 había estado tapando los cristales de la zona de carga de la furgoneta… me había olvidado de comprar cartulinas, así que sólo tenía una que sobró del encuentro anterior. No me pareció grave, podía tapar la ventana que separa la zona de carga de la zona de pasajeros, y las ventanas traseras quedarían tapadas por el muro del aparcamiento. Me llevé una sorpresa al llegar y ver que el muro no era tan alto como yo lo recordaba, y no llegaba hasta las ventanas… no lo pensé mucho, ya no podía hacer nada.
Entré en la Terminal y me senté a esperar mientras observaba a la gente que pasaba por delante de mí, escuché el aviso de aterrizaje de su avión y me coloqué frente a la puerta. Cuando salió nos saludamos sonrientes y fuimos a tomar el café de rigor. Después nos dirigimos a la furgoneta, abrí la puerta lateral y al entrar recordé que las ventanillas no estaban tapadas. Estaban orientadas hacia una carretera, y era difícil que pasara alguien por allí, pero yo sabía que el Amo no estaría tranquilo. La verdad es que de repente me sentí muy apurada y traté de colocar algunos recortes de cartulina, pero no tenía con qué sujetarlos. El Amo se dio cuenta de mi apuro y decidió que fuéramos directamente al apartamento para ganar tiempo, ya que además, era más tarde que en otras ocasiones.
Llegamos sobre las 10.00, después de dar una pequeña vuelta turística, esto ya se está convirtiendo en tradición. El Amo preparó las cuerdas del gancho, me ató con las muñecas juntas y cubrió mis ojos con la venda. Aún llevaba el vestido que me había puesto para la ocasión, con una falda amplia por encima de las rodillas, ceñido al torso y anudado a la nuca, y medias con liguero, sin ropa interior como siempre.

Empezó a sobarme las tetas por encima del vestido, para continuar pellizcándome los pezones. Me hizo sujetar el bajo del vestido con la boca, de forma que mi coño desnudo quedaba al descubierto, sentí su mano acercándose y separe las piernas un poco más. Comenzó a sobarlo, a masturbarme, mi placer iba creciendo y con él mis gemidos y mis movimientos. De vez en cuando intercalaba algún azote entre los sobeteos. Cuando estaba acercándome al orgasmo, el Amo retiró la mano bruscamente y yo quedé muy caliente y mojada, y sin poder hacer nada más que esperar.
Se acercó nuevamente y empecé a sentir los azotes del gato de tiras trenzadas sobre mis nalgas y mis caderas. Estar colgada con las manos juntas me permitía más libertad de movimientos, y trataba de huir.

En ocasiones me dejaba abandonada, mientras me fotografiaba o grababa en video. Yo intentaba aprovechar esos momentos para relajarme, pero no lo conseguía del todo, sabiendo que en cualquier momento el castigo comenzaría de nuevo.
Me azotó hasta que se cansó y después soltó las ataduras de las muñecas, manteniendo la venda y me ordenó quitarme el vestido. Obedecí y coloqué las manos en la espalda y él empezó a masturbarme. Sujetaba mi clítoris entre sus dedos, moviéndolos, excitándome más y más. En ocasiones él paraba sus movimientos y entonces eran mis caderas las que se movían buscando ese placer que un momento antes estaba recibiendo.
Cuando el orgasmo estaba muy cerca le pedí permiso para correrme, me ordenó que se lo suplicara y así lo hice, esperaba que me lo permitiera, estaba muy caliente y no sabía si podría aguantar. Me corrí enloquecida, soltando toda la tensión acumulada hasta el momento, me costaba mantener la postura, de pie con las manos en la espalda. Agradecí el orgasmo, el Amo pellizcó mi clítoris y me dio un par de azotes en el coño.

Sentí como se alejaba de mí y a continuación escuché el sonido de la cadenita de las pinzas, me esforcé por no sugestionarme. No estaba atada y tenía que concentrarme para mantener las manos en la espalda y no tratar de impedir que me las pusiera. Colgó la cadena de la argolla de mi collar, creo que mi pulso se aceleró… y sentí el primer mordisco de las pinzas en uno de los pezones, me quejé levemente por el dolor y tras un instante la segunda pinza mordía el otro pezón. Estaba agotada por los azotes y el orgasmo y el cansancio hacía que mis percepciones fueran más vagas.
Me dejó así un rato, observándome y fotografiándome, mientras yo gemía y me retorcía. A continuación me colgó nuevamente del gancho y empezó a azotarme con el gato en la espalda, las nalgas y los muslos mientras mantenía las pinzas en los pezones.
Yo me sentía agotada, mi resistencia física me parecía menor que las veces anteriores, así que apenas hacía esfuerzos por huir y guardaba mis energías sólo para quejarme y gemir.
Retiró las pinzas de cadena y me colocó las de pesita. Me observó un rato y después comenzó a azotarme con el gato en el coño. Los azotes no eran demasiado fuertes, me producían placer, aunque yo los recibía con reserva ya que en cualquier momento podría caer uno más fuerte. La repetición de los azotes iba transformando progresivamente el placer en dolor, hasta que finalmente hacían que tratara de huir.

Después de dejarme sola un rato, me retiró las pinzas y la venda, pero me mantuvo en el gancho… hizo algunas fotografías en tono distendido, me relajé y luego me vendó de nuevo los ojos y me colocó el bocado. A veces se acercaba y me masturbaba o me torturaba, otras veces me dejaba sola. Yo aprovechaba estas ocasiones para tratar de mover la bola de caucho y conseguir tragar saliva, o colocarla en otra posición que me molestara menos, y siempre procurando que en estos “juegos” no se me escapara de la boca.
Más tarde colocó de nuevo las pinzas de pesita en mis pezones; tras unos instantes acercó sus dedos a mi clítoris y me masturbó hasta que me corrí cuando él me lo ordenó, agradecí el orgasmo y él lo remató con una serie de azotes con su mano sobre mis tetas.
A continuación me soltó del gancho y me ordenó masturbarme de pie. Obedecí, empecé a hacerlo pero la postura me resultaba incómoda y le pregunté si podía ponerme de rodillas, me lo permitió. De rodillas en el suelo, dejé que mi mano jugara con mi coño.

Continué masturbándome, pero tal vez por el agotamiento, el placer iba decreciendo, notaba cómo el coño se iba secando y le dije que no podría correrme. Me ordenó que siguiera… continué con movimientos más lentos, mi coño se fue mojando de nuevo.
Las pinzas de los pezones se me caían de vez en cuando, a veces una, a veces la otra. La primera vez que cayó una de las pinzas, pensé que me había librado de ella, pero él la recogió del suelo y la volvió a colocar. Cada vez que se caían, repetía la operación de colocarlas de nuevo, y yo volvía a sentir el pellizco en mi pezón. Finalmente conseguí correrme mientras me retorcía de placer a gatas en el suelo. Olvidé agradecer el orgasmo y el Amo me recordó que debía hacerlo.
Acto seguido me retiró la venda y las pinzas y me ordenó que me colocara debajo de la mesa para darle placer mientras él revisaba en el PC las fotografías y los videos que había hecho hasta el momento.
Me acomodé debajo de la mesa, entre sus piernas y empecé a masajear sus huevos y jugar con su polla con mi boca y mis manos. Me excitaba darle placer mientras él me ignoraba y me excitaba poder jugar a mi aire con sus huevos y su polla.
Después de un buen rato así, se levantó de la silla y me ordenó tumbarme en el sofá. Quería que le masturbara para correrse sobre mi cuerpo y después yo extendería su leche con mis manos. El se colocó de pie junto al sofá, estaba demasiado “lejos” y le pedí permiso para incorporarme y además poder chupar su polla. Me lo concedió, me senté en el sofá, delante de él, acerqué mi boca a su polla y empecé a chuparla y entonces decidió sujetarme la cabeza y follarme la boca, me dijo que se correría en mi boca pero no debía tragar su leche si no extenderla por mi cuerpo.
Cuando se corrió dejé que el contenido de mi boca, su leche mezclada con mi saliva, resbalara entre mis labios cayendo sobre mis tetas y mi vientre, lo extendí con las manos por todo mi cuerpo mientras le miraba y le sonreía. Me impregnaba del olor de mi Amo.
Había llegado la hora de comer. Preparé una ensalada con fiambre de pollo, queso y arroz, todo precocinado, precortado y prelavado, estaba rica. Después de la comida hicimos una larga sobremesa, charlando sentados en la mesa, y más tarde nos acomodamos en el sofá. Yo coloqué mi mano sobre el paquete del Amo, como tengo ordenado, y seguimos charlando un buen rato hasta que el sueño nos fue venciendo.
La siesta fue larga. Al despertar me colgó de nuevo del gancho, cubrió mis ojos con la venda y colocó la fusta en mi boca, indicándome que no debía dejarla caer. Comenzó a azotarme con el gato de tiras de ante en las tetas, de vez en cuando algún azote caía sobre mi coño. En una ocasión, eché mi cabeza hacia atrás, de forma que mis brazos empujaron la fusta que salió despedida de mi boca, por instinto traté de sujetarla con las manos, pero estaba atada y la fusta cayó al suelo. Recibí unos buenos azotes en las nalgas con la vara de avellano por dejarla caer y comprendí que no se me podía volver a escapar.

El Amo colocó de nuevo la fusta en mi boca, yo procuré acordarme de mantener siempre la cabeza inclinada hacia delante para que mis brazos no volvieran a empujarla hacia fuera.
Continuó con el gato de tiras de ante sobre mis tetas, yo me iba girando sobre mi eje, pero no me servía para huir, daba igual para donde girara los azotes seguían lloviendo sobre mí. En algunos momentos, intentando encogerme para protegerme o vencida por el agotamiento, quedaba colgada de las cuerdas, apenas apoyando mis pies en el suelo.
En un momento dado, durante los azotes, el Amo me dijo que me azotaría más fuerte si seguía girándome, y que debía estar quieta si quería que los azotes fueran menos dolorosos. Procuré estarme quieta, no girar y limitarme a quejarme, mientras las tiras del gato caían sobre mis tetas una y otra vez.
Tras los azotes, quedé otra vez sola unos minutos, no pensaba nada en esos momentos, estaba muy cansada. El Amo se acercó y colocó otra vez las pinzas de pesita en mis pezones… a veces me dejaba abandonada, a veces se acercaba y me masturbaba o me pellizcaba, según le apeteciera.
También me azotó con el gato en las nalgas, la espalda y los muslos, yo no podía olvidarme de la fusta, la sujetaba entre mis dientes para asegurarme de que no se caería… supongo que durante los azotes apreté más de la cuenta, ya que mis dientes quedaron marcados en el nylon de la varilla.
Después de un rato jugando conmigo a su antojo, me soltó del gancho y me colocó de rodillas en el suelo. Empezó a masturbarme con la fusta y yo me incliné hacia atrás apoyando mis manos en el suelo. Continuó masturbándome con la fusta, a continuación me ordenó esperar así para fotografiarme, la postura se me hacía muy incómoda, aguanté todo lo que pude hasta que finalmente le dije que no podía mantenerme así más tiempo.Me obligó a tumbarme en el sofá, con los pies apoyados en el suelo, las piernas separadas y las manos en la espalda. La venda seguía cubriendo mis ojos y empezó a azotarme el coño con el gato de tiras de ante, mientras me recordaba que debía mantener siempre las piernas separadas. A veces me costaba hacerlo, pero sabía que si desobedecía sería peor.

Cuando se cansó de azotarme, me liberó y cenamos. Continuamos con nuestras charlas durante un buen rato y después nos fuimos temprano a la cama. El Amo estaba cansado, pero yo estaba muy fresca, y además tenía mucho calor. Le pedí un “vale-cigarrito” para poder bajar a fumar más tarde, cuando él estuviera dormido y entre bromas me lo dio.
Estaba acostada boca arriba, tumbada a su lado y con la mano en su paquete, me estaba excitando y deseaba que él colocara su mano sobre mi coño… le pedí permiso para jugar con mi clítoris mientras con la otra mano me dedicaba a sus huevos, me lo concedió y comencé a jugar… a medida que aumentaba mi placer, a veces me despistaba y me parecía que me concentraba más en una mano que en la otra, así que decidí dejar de jugar con mi coño.
Yo no paraba de dar vueltas en la cama, si me cubría con el edredón tenía mucho calor, pero si me destapaba sentía algo de frío. Además tampoco dormí con la mano en el paquete del Amo, acercarse a él era como acercarse a una estufa, él está acostumbrado a temperaturas más altas así que donde él está a gusto, yo tengo calor. Después de bajar a fumar un cigarro y después de muchas más vueltas en la cama, el sueño por fin me venció.
Por la mañana el despertador sonó a las 8.00, lo apagué y me acerqué al Amo, colocando mi mano en sus huevos, no sabía qué le habría parecido que durmiera en la otra punta de la cama, pero el Amo es comprensivo y entendió que no fue por negligencia.
Nos levantamos alrededor de las 10 h. Desayunamos y seguimos charlando en el sofá. Después el Amo cogió mi clítoris entre sus dedos y empezó a jugar con él, lo estiraba, retorcía y pellizcaba, le dije que me dolía y me preguntó si debía importarle… “no Señor”, me preguntó si debía seguir… “si Señor”. Tras un rato de torturas, empezó a frotar la raja de mi coño, yo me movía buscando que los dedos se colaran dentro, estaba muy caliente y muy mojada… entonces él metió dos dedos, sentí un gran placer y empecé a moverme como loca y desenfrenada, el placer que recibía era muy grande. El me recordaba que soy su perra y que puede hacer conmigo lo que quiera, eso me excitaba aún más. Me ordenó correrme y lo hice descontroladamente, gimiendo y retorciéndome como una posesa.
Tras esto, me ordenó subir a la cama para masajear sus huevos, procuré esmerarme para compensar lo que no había hecho por la noche… después de un tiempo el Amo me ordenó que le comiera la polla, me acurruqué de rodillas entre sus piernas y me dediqué a su polla procurando no olvidarme de sus huevos, hasta que se corrió en el fondo de mi garganta. Tragué su leche y mantuve su polla en mi boca un tiempo, me gusta sentir cómo su excitación y dureza van cediendo hasta que queda en estado de reposo.
Me quedé acurrucada entre sus piernas, con mi cara rozando sus huevos, restregándola contra ellos y después coloqué mi cuerpo encima del suyo, apoyada sobre los antebrazos y las rodillas para no pesarle, y en esa posición me quedé dormida. Me desperté un rato después, no sé cuánto, al sentir que me estaba babeando sobre mi propio brazo.
El encuentro había avanzado rápido como siempre, y había llegado el momento de ducharnos y empezar a recoger todas nuestras cosas. Eran algo más de las 15.00 cuando llegamos al restaurante donde hemos comido en otras ocasiones, tardaron bastante en atendernos, así que decidimos marchar y buscar otro sitio. Llegamos al aeropuerto con suficiente antelación para tomar unas Coca Colas tranquilamente en la cafetería de la Terminal hasta que llegó la hora de embarque, nos despedimos y yo le observé como siempre hasta que le perdí de vista y emprendí la vuelta a casa.
Una vez en casa, empecé a recoger mis cosas, me había quitado el vestido y estaba desnuda y excitada… me coloqué de rodillas en la cama y me masturbé frente al espejo viéndome y recordando los excitantes momentos que había vivido unas horas antes. Soy su perra.
ifis{Ae}
jueves, 24 de septiembre de 2009
domingo, 13 de septiembre de 2009
domingo, 23 de agosto de 2009
sábado, 22 de agosto de 2009
Fantasía: La Inquisición
Estamos en tiempos de la Inquisición, y yo he sido sorprendida fornicando con un amigo. Nos llevan a los dos ante el juez Aedes, famoso por su mano dura. Llevo las tetas al descubierto, ya que fui sorprendida así, y las manos atadas en la espalda. Los guardias se detienen frente al juez, me levantan los faldumentos y bajan mi ropa interior hasta las rodillas. Aedes lleva su mano hasta mi coño y seguidamente me dice “Estás muy mojada zorra, vas a ser castigada”, pellizca mis pezones y da la orden a los guardias para que me lleven.
Me desnudan completamente y me conducen hacia dos postes perpendiculares al suelo, yo quedo atada entre los dos postes, con una muñeca y un tobillo amarrado a cada uno. Me colocan una venda en los ojos y comienzan a azotarme con un látigo de colas, por todas partes, el guardia da vueltas a mi alrededor azotándome nalgas, muslos, espalda, tetas… Yo gimo y me retuerzo tratando de escapar, aunque todos mis esfuerzos son inútiles.
Después de un rato de castigo, respiro aliviada al oir al juez diciendo que ya es suficiente, pero el alivio dura poco ya que seguidamente dice que vayan al siguiente paso. Yo me estremezco asustada… ¿cuál será el siguiente paso?. Enseguida lo averiguo, una pinza muerde uno de mis pezones y sin tardar, otra hace lo mismo en el otro. Yo gimoteo, lloriqueo, no quiero. Alguien sujeta mis caderas por detrás, empujándolas hacia delante, y antes de que tenga tiempo para pensar que va a pasar, noto una tercera pinza aferrándose a mi clítoris… gimoteo, estoy atada, no puedo escapar, no puedo quitarme las pinzas.
Me dejan así unos momentos que parecen interminables; después siento al juez acercándose hacia mí; cuando está muy cerca empieza a jugar con las pinzas, yo protesto y me retuerzo tratando de evitarlo… Aedes me indica que me esté quieta, y me obliga a reconocer que merecía el castigo… “lo merecías ¿verdad puta?... Sí Señor, lo merecía”.
Entonces retira las pinzas de los pezones y soba mis tetas… siento un gran alivio con el masajeo, después de los azotes y las pinzas. A continuación retira la pinza del clítoris y soba mi coño, comprueba lo mojada que estoy… “Estás chorreando puta, voy a secarte el coño con la fusta”.
Oh no! Yo estaba disfrutando con el sobeteo, pensaba que ya no habría más castigos, pero todavía no había terminado. Empiezo a notar los azotes cayendo sobre mi coño, sobre mi clítoris hinchado y sensible… quiero huir, pero lo más que puedo hacer es retorcerme y agitarme hasta agotarme.
Cuando termina el castigo, los guardias sueltan mis ataduras y quedo tirada en el suelo, agotada, humillada y caliente…
Me desnudan completamente y me conducen hacia dos postes perpendiculares al suelo, yo quedo atada entre los dos postes, con una muñeca y un tobillo amarrado a cada uno. Me colocan una venda en los ojos y comienzan a azotarme con un látigo de colas, por todas partes, el guardia da vueltas a mi alrededor azotándome nalgas, muslos, espalda, tetas… Yo gimo y me retuerzo tratando de escapar, aunque todos mis esfuerzos son inútiles.
Después de un rato de castigo, respiro aliviada al oir al juez diciendo que ya es suficiente, pero el alivio dura poco ya que seguidamente dice que vayan al siguiente paso. Yo me estremezco asustada… ¿cuál será el siguiente paso?. Enseguida lo averiguo, una pinza muerde uno de mis pezones y sin tardar, otra hace lo mismo en el otro. Yo gimoteo, lloriqueo, no quiero. Alguien sujeta mis caderas por detrás, empujándolas hacia delante, y antes de que tenga tiempo para pensar que va a pasar, noto una tercera pinza aferrándose a mi clítoris… gimoteo, estoy atada, no puedo escapar, no puedo quitarme las pinzas.
Me dejan así unos momentos que parecen interminables; después siento al juez acercándose hacia mí; cuando está muy cerca empieza a jugar con las pinzas, yo protesto y me retuerzo tratando de evitarlo… Aedes me indica que me esté quieta, y me obliga a reconocer que merecía el castigo… “lo merecías ¿verdad puta?... Sí Señor, lo merecía”.
Entonces retira las pinzas de los pezones y soba mis tetas… siento un gran alivio con el masajeo, después de los azotes y las pinzas. A continuación retira la pinza del clítoris y soba mi coño, comprueba lo mojada que estoy… “Estás chorreando puta, voy a secarte el coño con la fusta”.
Oh no! Yo estaba disfrutando con el sobeteo, pensaba que ya no habría más castigos, pero todavía no había terminado. Empiezo a notar los azotes cayendo sobre mi coño, sobre mi clítoris hinchado y sensible… quiero huir, pero lo más que puedo hacer es retorcerme y agitarme hasta agotarme.
Cuando termina el castigo, los guardias sueltan mis ataduras y quedo tirada en el suelo, agotada, humillada y caliente…








































