miércoles, 12 de noviembre de 2008

El primer encuentro

1. El encuentro.

Salí de casa precipitadamente, había calculado el tiempo que necesitaba para cada cosa, y había programado una hora para levantarme y no tener que andar con prisas. Sin embargo cuando sonó el despertador a las 7.15 no pude evitar la tentación de quedarme 15 minutos más en la cama. Esos 15 minutos hicieron que estuviera a la carrera todo el tiempo.

Miré la hora cuando le senté en el coche, eran las 8.25, el avión aterrizaba a las 9.00. En principio no tenía que preocuparme porque tardaría entre 20 y 30 minutos según estuviera el tráfico. Llegaría justa pero llegaría a tiempo.

A los pocos minutos de emprender el camino, me di cuenta de que no había cogido el móvil, y era imprescindible que lo llevara. Tuve que dar la vuelta y volver por él. Esta vez no miré el reloj al salir, no tenía tiempo ni de eso.

De camino por la autovía vi la indicación “Aeropuerto 36 km”, miré el reloj, eran las 8.42, 18 minutos para 36 km por autovía, era totalmente factible. No quería llegar tarde, no podía ser que él estuviera esperando por mí. Tenía que estar muy atenta para evitar mi tendencia a pasarme la salida por estar pensando en otra cosa.

8.50… 8.56, aeropuerto 3 km… bien, vas bien, muy justa pero bien. El avión aterriza a las 9.00, tardará al menos un par de minutos en aparecer por la puerta.

Cuando llegué al aeropuerto, aún tenía que cambiarme la falda (había salido de casa con una mucho más discreta por si me veían los vecinos) y ponerme el collar, que por suerte había dejado en el asiento del copiloto, porque de otra manera me habría olvidado de él. Me cambié en la parte trasera del coche, que era bastante espacioso y alto y me permitía caminar por dentro.

Bajé del coche, lo cerré y tiré de la falda hacia abajo… era demasiado corta. Caminé decidida hacia la entrada. Iba tranquila, sobre todo porque sabía que no había olvidado algo que me pareció importante para él: llevaba en el bolso un sobrecito con pelos arrancados de mi coño. Al acercarme a la puerta me vi reflejada en el cristal durante unas décimas de segundo antes de que se abrieran. Vaya pinta pensé, la minifalda, las botas, las piernas desnudas. Y no llevaba ropa interior, pero eso nadie podía saberlo, y en realidad tampoco me importaba. Me gusté, me pregunté si le gustaría a él, supuse que si.

Caminaba lo más rápido que me permitían los tacones. Miré el reloj del móvil justo cuando me acercaba a la zona de llegadas, eran las 9.00 en punto, la gente esperaba con demasiada tranquilidad, no estaban apelotonados a la puerta. Miré el panel, el vuelo venía retrasado 45 minutos. Vaya putada, pensé por un momento, me aburro mucho cuando tengo que esperar tanto tiempo. Me senté, pensé que ni siquiera tenía juegos en el móvil y no tenía intención de caminar hasta el kiosco para comprar una revista.

Me senté en un rinconcito procurando pasar desapercibida, me cerré un poco el cuello de la chaqueta. Suponía que ya había llamado bastante la atención con la minifalda como para que vieran el collar de perra que llevaba, y que tal vez ya habían visto. Pensaba que si no miraba a nadie, nadie me miraría. Me sorprendí por lo tranquila que estaba por el encuentro, a pesar de lo agitada que estaba con tanta carrera… tal vez estaba tan tranquila porque en realidad no había tenido tiempo de pararme a pensar, en estos 45 minutos me daría tiempo para pensar en muchas cosas.


Dejé que mi cabeza fuera por donde quisiera, intenté imaginar cómo sería el momento en que se abrieran las puertas y lo viera allí, a sólo unos metros de distancia, cómo sería el camino hacia el coche, cómo me sentiría una vez dentro donde sabía exactamente lo que iba a pasar porque me lo había explicado al detalle durante las semanas anteriores.

Al final la espera no se me hizo tan larga, de vez en cuando miraba el reloj y me alegraba de ver que habían pasado unos minutos desde la última vez que había mirado y me sirvió para calmar la agitación de las prisas. Y cuando quise darme cuenta, anunciaban por los altavoces el aterrizaje de su avión. No me levanté enseguida, primero observé el entorno buscando donde colocarme de forma que él me viera bien, pero pasara lo más desapercibida posible para los demás. Había una columna justo delante de la puerta y a una buena distancia, no estaba lejos. Era perfecta, él me vería casi de frente al salir, y estaba más o menos escondida para los demás. Me abrí la cazadora para que él si pudiera ver el collar.

Las puertas se abrían de vez en cuando, le buscaba con la mirada, pero todavía no le veía. Seguía tranquila, no estaba ansiosa, antes o después aparecería. Tranquila pero tensa. Y efectivamente en una de las ocasiones en que se abrieron las puertas le ví a unos 10 metros de mí, me alegré de verle, sonreí, me pregunté si él preferiría una actitud más sumisa, con la mirada baja tal vez. El también sonreía, ligeramente pero sonreía.

Nos saludamos cordialmente y caminamos hacia el coche. No recuerdo sobre qué hablamos en ese momento, seguramente sobre algo trivial, pero recuerdo que la situación se me hizo muy normal, cómoda, fácil. Me había preparado para que él fuera duro desde el principio y me estaba dando un margen. De todas formas seguía tensa, alerta, la cosa podía cambiar en cualquier momento.

Entramos en el coche, me senté en la última fila de asientos. No estaba incómoda, ni insegura, ni dudosa. Sabía que debía hacer, me quité la cazadora y abrí una chaqueta que me había puesto para abrigarme sin inclumplir las normas de vestuario. Separé las piernas y puse las manos en la espalda, miré al frente. El me quería así para poder sobarme y explorarme sin obstáculos. Y eso es lo que hizo, me sobó las tetas apartando la camiseta, pasó su mano después por la cara interna de los muslos, y después por el coño insistiendo especialmente en el clítoris. La situación me parecía morbosa y excitante, aunque estaba muy tensa, no podía concentrarme y no me dejaba llevar del todo y además sabía que no podía correrme, a pesar de que él cada vez insistía más en mi clítoris y antes o después sería inevitable.

En un momento dado, me dijo que si me portaba bien, tal vez me permitiría correrme por el gusto de oír mis gemidos. Eso me relajo bastante, me deje llevar, llegué al punto en el que el orgasmo esta ahí, pero aún no es inevitable… le pedí permiso para correrme y por suerte me lo dio.

2. Empieza el juego.

El camino hacia el hotel fue un poco aventurado, habíamos convenido en tomar primero un café. Pensé que por el camino encontraríamos algún sitio, dimos un montón de vueltas hasta dar con uno, el ambiente era distendido todo el tiempo y yo me iba relajando cada vez más. Habíamos reservado un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad, en medio del monte. Nos costó bastante encontrarlo, dimos otro montón de vueltas hasta que, preguntando, un chico muy amable nos dio las instrucciones de cómo llegar.

Entre unas cosas y otras eran las 12.00 cuando entramos en el hotel, tal vez un poco más tarde.

Una vez allí exploramos el sitio para ver que opciones nos daba, era exactamente igual que habíamos visto en las fotos. Nos daba mucho juego. Lo siguiente fue que mi Señor abrió su maleta y me enseñó las “herramientas” que pensaba utilizar conmigo, las cuerdas, la mordaza, el huevo vibrador, muñequeras y tobilleras con cierre de velcro y unas argollitas, los gatos. Mientras me las enseñaba, me dio unas bolas chinas que tiempo antes se había ofrecido a comprarme, y que yo no había recordado para nada en los últimos días.


Entonces subimos al dormitorio, me ató a la cama boca arriba, en aspa y me tapó los ojos con una venda. Me encanta la venda, aparte de que todo se percibe de otra manera, me ayuda a aislarme, a no pensar en nada más.





Me hizo algunas fotos, y después empezó a sobarme, a masturbarme… hizo que me corriera varias veces, siempre después de pedirle permiso, no sé cuantas, perdí la noción del tiempo, y del espacio porque ni siquiera era consciente de dónde estaba. Estaba totalmente abandonada. A partir de este momento, no recuerdo muy bien. Creo que me desató, me acurruqué y me quedé dormida o casi dormida.

Tampoco recuerdo cuanto tiempo estuve dormida ni como me desperté. Lo siguiente que recuerdo es que me ataba de pie, con los brazos en alto, las muñecas juntas y los ojos vendados. Pero tengo la sensación de que se me olvida algo entre una cosa y otra.

Así atada empezó a pellizcarme los pezones, no lo llevo muy bien, pero realmente no era insoportable, pasó brevemente su mano sobre mi cuerpo, y tras unos instantes empezó a azotarme con el gato, en el culo y las tetas principalmente. De vez en cuando metía su mano entre mis piernas.




Yo recibía los azotes con cierto miedo, temiendo que me dolieran mucho. En realidad solo me dolía alguno que caía sobre los pezones, que ya tenía bastante sensibles por los pellizcos. De todas formas no perdí ese termorcillo hasta que terminaron, que no sé cuanto tiempo fue porque nuevamente perdí la noción del tiempo y del espacio y de lo único que era consciente era de sentir como caían los azotes sobre mi cuerpo. Cuando terminaron mi Amo me masturbó dos veces, me daba mucho placer, me gustaba mucho… llegó el orgasmo, era bastante fuerte y en ese momento me pellizcó un pezón con la mano que tenía libre… el dolor del pezón hizo que me olvidara del orgasmo.




Me soltó las ataduras y me colocó de rodillas sentada sobre mis talones, pero yo no encontraba la postura, estaba incómoda supongo que por la tensión que había cargado en las piernas unos momentos antes. Entonces me dijo que me colocara a 4 patas, así estaba más cómoda. Casi enseguida me hizo caminar hacia él para comerle la polla hasta que se corrió en mi boca y yo le mostré su leche antes de tragarla.




Nuevamente los recuerdos son borrosos, creo que nos sentamos en el sofá y charlamos animadamente sobre diferentes temas, mientras nos alimentábamos de leche y galletas. Estábamos en un apartamento en medio del monte, había calefacción y estábamos bien, fuera llovía, no apetecía salir ni siquiera para comer. Me sentía bien, como con un amigo que hace tiempo que no ves.

Después de un buen rato de conversación, me dijo que íbamos a probar la mesa. Nos acercamos y mientras él la preparaba yo me senté en el sofá y me apeteció un cigarrito. Tenía que pedirle permiso para fumar, hasta entonces lo había hecho y siempre me lo había dado, pero a mí me resultaba un coñazo y muchas veces no fumaba por no pedirle permiso. Decidí no hacerlo esta vez, el había sido muy sutil todo el tiempo, muy complaciente, pensé que no le daría importancia.

Me preguntó por qué estaba fumando sin pedir permiso, le contesté algo así como que pensé que no habría diferencia, puesto que me iba a azotar igualmente. Me dijo que notaría la diferencia en los azotes y me invitó a apagar el cigarro y acercarme a la mesa. Una vez allí ató mis tobillos a las patas y las muñecas juntas, atadas al otro extremo, dejando mi cuerpo tendido sobre la mesa. Tenía cierta movilidad. Me colocó la venda en los ojos.

Y empezó el castigo por mi falta. Dejaba caer dos o tres azotes con el gato, más fuertes que los anteriores, yo me quejaba, él paraba, me acariciaba la cabeza y me preguntaba si estaba bien, estaba perfectamente, le decía que estaba bien. Repitió varias veces la operación, yo estaba bien, pero me quejaba, él estaba preocupado por mí y yo lo notaba. Le dije que me azotara más tiempo y parece que perdió un poco el miedo a ir más allá de lo que yo pudiera soportar. Me concentré en sentir los azotes, los soportaba perfectamente, los disfrutaba. Me incorporé lo que me permitían las ataduras, “¿Por qué me azota Señor?” quería transmitirle que estaba bien, que podía continuar, que estuviera tranquilo.

Y me cayó una lluvia de azotes en el culo principalmente, algunos en la espalda las caderas y las tetas, me sorprendió que a pesar de estar extendida sobre la mesa aún podía azotarme las tetas, al tener los brazos extendidos hacia arriba podía acceder a ellas y también en alguna ocasión en que yo me incorporaba un poco. De vez en cuando levantaba mi cabeza agarrándome por el pelo…

- “¿Volverás a fumar sin permiso?”…
- “No señor, no volveré a fumar sin permiso”
- “¿Lo merecías, zorra?”
- “Sí Señor, lo merecía”

Había observado que él sabía cuando hacer una pausa y cuando continuar… me dejé llevar, me abandoné. Dos o tres de los azotes cayeron en mi coño, me sorprendieron mucho, producían cierto dolor que desaparecía rápido dejando una sensación de calor que en cierta forma era agradable, no podría decir si me había gustado o no, pero sí que me había producido curiosidad. Mientras lo pensaba, los azotes seguían cayendo sobre mi cuerpo y yo en ocasiones intentaba huir de ellos (una de las patas de la mesa quedó desencajada a raíz de eso). Levanté el culo ligeramente, tan ligeramente que no sé si fue perceptible, preparándome para recibir otro posible azote en el coño y al mismo tiempo temiendo quedar demasiado expuesta, temiendo que el dolor fuera mayor que la vez anterior.




Tras una pausa me dijo que me daría 25 azotes más, que yo los contaría uno a uno, irían en tandas de 5 y se terminaría el castigo. Bueno… 25 azotes, me parecía que había recibido muchos más, me pregunté si sería capaz de contarlos mientras los recibía.

Los conté, y cuando terminaron, agradecí el castigo. Me quedé tumbada en la mesa, con los brazos extendidos por encima de mi cabeza y los tobillos atados a las patas, ni siquiera me molesté en apoyar la cabeza en mi brazo. Nunca pensé que recibir azotes pudiera agotar tanto. No pensaba en nada, estaba totalmente evadida de todo, realmente me sentía muy bien. Me dejó un rato abandonada en la mesa, no sé que hizo mientras ni cuanto tiempo fue, no intenté escuchar para averiguarlo, estaba totalmente concentrada en lo bien que estaba, a la vez que cansada, sin pensar en nada, sólo disfrutando de ese descansito mientras él me permitiera estar así, y al mismo tiempo preparándome para lo que pudiera venir. Se acercó, me quitó la venda y me preguntó nuevamente si estaba bien. La luz no era demasiado fuerte, pero me hacía mucho daño en los ojos, no quería abrirlos. Intenté hacerlo para mirarle a los suyos y decirle que realmente estaba bien. Sólo quería apoyar la cabeza un poquito más.

Me dejó un ratito más así… mmmmmm… que gustito. Y después me desató, estaba muy tranquila y sólo tenía los hombros algo adormecidos. Estaba relajada.

Por enésima vez mis recuerdos están borrosos a partir de este momento. Creo que yo me senté en el sofá acurrucada mientras él recogía las “herramientas”, supongo que parecía estar pensativa porque caminando hacia la maleta preguntó en voz alta “¿En qué pensarás pequeña?”, me gusta cuando me llama pequeña, me transmite cariño y me gusta cuando me llama zorra, me transmite quien manda. Cada cosa siempre en el momento oportuno.

Sonreí en mi interior mientras le seguía con la mirada, no sé si exteriormente pudo percibirse esa sonrisa. Sonreí porque si le decía la verdad, que era que realmente no estaba pensando nada, no iba a creerme. No pensaba en nada, estaba tan ausente de todo, tan relajada. No le contesté, no dije nada y él respetó mi silencio.

Lo siguiente que recuerdo es que los dos estábamos sentados en el sofá, vimos un trozo de Historia de O en el portátil que había llevado, pero los dos la habíamos visto varias veces y no parecía interesarnos mucho. Seguimos charlando cómodamente, nos sentíamos bien el uno con el otro. Después de horas hablando, nos fuimos a la cama. Eran las 2 o las 3 de la mañana, yo me había levantado a las 7.30 (él mucho antes) y había sido un día muy intenso, estábamos muy cansados.

En la cama yo estaba inquieta, intentaba no moverme mucho para no molestarle, pero me movía buscando una postura y no conseguía dormirme. El cogió mi mano y la colocó sobre su paquete… mmmmmm que bien. Empecé a masajear sus huevos y su polla que estaba dura, después de un rato apartó sus calzoncillos seguí jugando con su polla y sus huevos, lo disfruté unos minutos y después pensé que me gustaría comérsela, le pedí permiso para hacerlo y salté entusiasmada sobre ella cuando me lo concedió.

Disfruté un buen rato de la libertad de comerle la polla como yo quisiera, lamerle de vez en cuando los huevos… hasta que me sujetó la cabeza y empezó a follarme la boca… y se corrió en el fondo de mi garganta y yo tragué encantada la lechita de mi Señor. No recuerdo si se lo agradecí, si no lo hice debí hacerlo. Fue el momento del día que más mojada estuve.

El se veía tranquilo y relajado, si no estaba dormido no debía estar muy lejos. Me acosté completamente desnuda y destapada, tenía mucho calor, encontré rápidamente una postura y me quedé dormida. Me desperté a las 7.00 (había puesto el despertador a las 8.00) en esa misma postura en la que me había dormido. Y de nuevo empecé a dar vueltas en la cama, quería dormirme, aún me quedaba una hora. Supongo que di tantas vueltas que al final le desperté, (…) y una vez más terminé lamiendo sus huevos, comiendo su polla y tragando su leche.

Nos levantamos tranquilamente, desayunamos más leche y más galletas, nos duchamos, nos arreglamos y fuimos a tomar un último café antes de que le devolviera al aeropuerto. El café fue largo, porque nos habíamos levantado temprano y teníamos tiempo, se pasó charlando animadamente no recuerdo sobre qué. Mi culo se apoyaba directamente sobre la silla de madera porque el “largor” de la falda me obligaba a mantener una postura un poco artificial si quería interponerla entre la silla y yo.

Recuerdo que estaba bastante mojada a pesar de que la conversación no tenía que ver con nada que pudiera excitarme. Tengo orden de comunicarle siempre que esté mojada, pero no veía la forma de meter la cuña dentro de la conversación. Un poco también porque los temas eran tan ajenos a esto, que supuse que decírselo tal vez le haría sentirse obligado a comportarse como amo y quizá en ese momento no tenía ganas. Cuando nos levantamos para marchar, miré de reojo la silla esperando no haber dejado ningún rastro de mi presencia.

Emprendimos el camino hacia el aeropuerto, la conversación seguía siendo animada y yo seguía mojada, cada vez más mojada, y seguía sin ver el momento de decirlo. Al final pensé que se lo diría cuando llegáramos al aeropuerto, o le cogería su mano y la pondría en mi coño para que lo comprobara directamente. Para bien o para mal, a medio camino del aeropuerto se reventó una rueda. Controlé bastante bien la situación, en ningún momento pasé miedo y creo que él tampoco, fui disminuyendo la velocidad sin pisar el freno porque no tenía muy claro que pasaría si lo hacía, paramos y a esperar por la grúa.

Pensé en aprovechar la espera para enseñarle la mojadura de mi coño, pero aunque no parecía nervioso, tampoco se veía tranquilo y entre unas cosas y otras esa humedad casi había desaparecido. Además la grúa llegó muy rápido. Nos cambiaron la rueda, nos la inflaron y nos pusimos de nuevo camino al aeropuerto. Creo que eran las 15.00 cuando finalmente llegamos, decidimos comer aunque no era lo que estaba previsto, pero claro, el pinchazo tampoco estaba previsto.

Nos sentamos en el restaurante del aeropuerto, eso después de cruzar la cafetería llena de gente que me miraba y nos miraba con mayor o menor disimulo. Me haría gracia saber qué pensaban sobre nosotros, que éramos familiares, que éramos pareja, que era mi jefe… no sé, seguramente cualquier cosa menos la realidad, que él era mi Amo y yo su sumisa.

Cuando nos sentamos me arrepentí de no haber ido primero al baño, hacerlo ahora suponía que tenia que volver a cruzar la cafetería y además dos veces. Recorrí el sitio con la mirada esperando encontrar cerca el cartelito WC con su muñequito y su muñequita, pero no tenía ninguno a la vista. Y entonces pensé en voz alta “¿dónde estará el baño?”. El notó esas pocas ganas que tenía de cruzar la cafetería y me dijo que fuera a ponerme las bolas chinas… lo dijo así medio entre bromas, tan medio entre bromas que me pareció más una sugerencia que una orden, y entre bromas intenté escabullirme, si no me levantaba por no ir al baño, como iba a ir además hasta el coche (que es donde estaban las bolas). Hasta que me di cuenta de que realmente tenía que hacerlo, y me levanté diciendo “bueno voy” resignada, en lugar de “Sí Señor” obediente… pero eso lo pensé después, en ese momento fue algo inconsciente, no fue un acto de rebeldía.

Crucé la cafetería cortada, procurando no mirar a nadie, a ver si así no me veían J Después tenía dos opciones, hacer la mayor parte del camino por dentro del edificio donde hacía menos frío pero delante de más gente o ir por fuera del edificio donde había menos gente pero hacía más frío. No lo dudé mucho, pasaría por dentro y si querían mirar que miraran. Pasé muy decidida y seguramente con algo de chulería, que para eso una es chula. Total que fui hasta el coche, luego al baño y volví al restaurante.

Me senté y me preguntó si llevaba puestas las bolas, le dije que sí, me dijo que entonces asomaría por fuera el cordoncito para retirarlas, le dije que sí. Me dijo que me levantara la falda y abriera las piernas, disimuladamente se iba a agachar para comprobarlo, y así lo hizo. Me hizo gracia el juego, el pequeño riesgo de que las otras personas del restaurante se dieran cuenta de lo que se cocía en esa mesa. Me ordenó que mantuviera las piernas abiertas durante toda la comida. El se agachó un par de veces más a lo largo de la comida para ver el cordoncito asomando.

En un momento dado, me dijo que comprobara con la mano la humedad de mi coño, bajé la mano disimuladamente para hacerlo, pero no estaba mojado. A esas alturas yo ya estaba pensando más en la vuelta a casa, me sentía muy cómoda, no me hubiera importado nada esperar hasta la hora de su embarque (las 20.35), pero eran las 16.00, habíamos pasado 4 horas el tiempo establecido y yo debía volver a casa.

Nos levantamos, me acompañó hasta la puerta y conduje de vuelta al hogar. Iba caliente por la autovía, con las bolas chinas porque él me había ordenado mantenerlas hasta llegar. De vez en cuando dejaba que mi mano rozara el coño, aumentando así mi excitación.

… y llegué a casa.

Sé que la próxima vez él no será tan sutil, tan correcto y yo estoy deseando que no lo sea. Me resultaría muy fácil resumirlo en una sola palabra… sencillamente fue perfecto.

ifis{Ae}



domingo, 9 de noviembre de 2008

... y después

Continuamos hablando por msn en los días sucesivos, prácticamente a diario. A mí me excitaba un montón y al mismo tiempo íbamos descubriendo como nuestras personalidades eran completamente diferentes, nuestra forma de enfocar la vida, nuestros valores. Lo único que teníamos en común era el interés en D/s, buscando lo mismo, cada uno desde su lado.

Nuestras diferencias hicieron que chocáramos muchas veces, yo llegué a pensar que nunca nos entendériamos, a la vez que como Amo me atraía cada vez más. Y chocando chocando, un día chocamos más de la cuenta, dejamos (o dejé, no recuerdo bien) nuestra conversación de msn. Me escribió un mail describiendo todas mis "virtudes", pensé que no valía la pena contestarle y decidí no hacerlo. Sin embargo, dos o tres días después le contesté, recriminándole su actitud pero sin cerrar la puerta. A partir de ahí supongo que los dos entendimos que teníamos que ser más tolerantes con las particularidades del otro... y todo empezó a ir bien.

Inicialmente yo había sido muy reacia a darle mi número de teléfono, por un lado para evitar la posibilidad de que se pusiera pesado abusando de su uso, y por otro lado porque aún no quería dejarle entrar en mi vida cuando él quisiera, sólo en los momentos en que a mí me apetecía, cuando yo quería conectarme al msn. Un día que tenía mucho tiempo para estar sola, me sorprendí enviándole un mensaje preguntándole si podía conectarse... por un lado reclamaba su presencia, cosa que hasta entonces para mi era bastante accesoria, y por otro lado, le estaba dando mi número de teléfono.

Poco a poco fui deseando quedar con él, experimentar en sus manos todo eso que me ofrecía. Me había demostrado una paciencia infinita, me había demostrado que me aceptaba tal como y era, y me respetaba... ya no tenía que estar pendiente de "marcar el territorio". Me había dicho muchas veces que no quería quitarme nada de lo que ya tenía, sólo aportarme cosas nuevas... y lo más importante, me lo había demostrado.

Buscamos una fecha para nuestro primer encuentro, por unas circunstancias y otras la más cercana posible sería un mes después. Estaba bien, por mi parte podría haber sido aquel mismo fin de semana, pero por otro lado me gustaba saborear la espera de algo que deseas. Y al mismo tiempo nos daba margen para conocernos más, y planificar, buscar un sitio adecuado, que nos diera juego. Un mes se pasa antes de lo que uno se imagina.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Cómo empezó todo

Le conocí una noche de Sábado, estaba en casa aburrida y no de muy buen humor y entré en el chat de sumisas, con la esperanza de encontrar alguien con quien hablar sobre D/s. No pensaba encontrar un amo, era algo que prácticamente había descartado, primero por mi particular forma de ser y segundo porque hablando con alguno de aquellos posibles candidatos di con un machista consumado. Y pensé que seguramente en el fondo todos pensarían igual y eso sí era imposible de conciliar conmigo. Jugaba a D/s de vez en cuando con algún amigo y eso al menos por el momento servía para calmar el gusanillo.

Cuando entré en el chat no tardaron mucho en aparecer unos cuantos mensajes privados, intenté contestar a todos, aunque era del todo imposible. Entre todos, uno captó especialmente mi atención, no recuerdo porqué, tampoco era para hacer la ola, no es la primera vez que alguien capta mi atención inicialmente y al conocernos más me parece que no tiene nada que aportarme. De momento le di mi cuenta de msn.

La conversación fue bien aquel primer día, hablamos durante varias horas y a mi me excitó mucho. Al día siguiente estuve muy cachonda todo el día, me masturbé 5 o 6 veces hasta que conseguí apagar tanto calor.