lunes, 29 de diciembre de 2008

Segundo encuentro. Nos vemos de nuevo

El segundo encuentro estaba programado para el 20 de Diciembre, le recogería en el aeropuerto a las 8.15. Los días previos estuve más tranquila que en la ocasión anterior y el día antes, entre el trajín y las prisas del trabajo, sobre todo estuve muy caliente. Esta vez programé el despertador contando con que me apetecería quedarme 15 minutos en la cama antes de levantarme.

Llegué al aeropuerto unos minutos después de las 8:00, ya tenía todo preparado, el collar puesto. Llevaba camiseta abierta por delante que se cerraba cruzando los lados y atándolos en la espalda, sin sujetador. Mi Amo me había ordenado que llevara unos vaqueros ajustados sin ropa interior y las botas blancas del encuentro previo. Me abrigaba con una cazadora negra.

En la Terminal de llegadas, la gente ya se apelotonaba a la puerta, miré el panel, el vuelo se había adelantado 5 minutos, no importaba… llegaba a tiempo y serena, no tan alterada como la vez anterior.

Esperé de pie unos minutos entre la gente hasta que le vi aparecer, me acerqué, nos saludamos y caminamos hacia la cafetería. Había estado muy tranquila en todo momento, pero puede que me pusiera un poco nerviosa al verle allí frente a mí.

Después del café nos dirigimos al coche, donde me exploraría como en la anterior ocasión y tomaría posesión de lo que es suyo. Nos sentamos en la parte trasera, menos espaciosa esta vez, aunque también con las lunas tintadas. Yo había colocado previamente una tela entre los asientos delanteros para evitar que la gente desde fuera pudiera ver lo que pasaba en el coche. Me quité la cazadora y le entregué otro sobrecito con pelos arrancados de mi coño, que en realidad era el sobrecito que había preparado con mucha antelación para el primer encuentro y que el día antes no había podido localizar.
Coloqué las manos en la espalda y separé los muslos. El empezó a sobarme, abrió el cinturón, el botón, la cremallera y yo me bajé los pantalones hasta los tobillos, como tenía previamente ordenado y volví a colocarme en la misma posición. Continuó sobándome y después me colocó la venda en los ojos, para seguir explorándome. Yo estaba cada vez más excitada, me apetecía correrme, estaba a punto… le pedí permiso pero no me lo dio, sin embargo tampoco cesó en sus maniobras en mi coño… intenté aguantar un poco más, le supliqué que me permitiera correrme, no me lo permitió, pero inevitablemente me corrí jadeando escandalosamente, y eso ocurrió dos veces. Me recordó en cada ocasión, antes y después del orgasmo, que por correrme sin autorización, sería castigada con azotes al llegar a destino. Me dio un par de azotes en el coño con la mano y me masturbó nuevamente mientras me mantenía agarrada por el pelo, hasta que me corrí, esta vez con el preceptivo permiso. En algún momento mientras me masturbaba y me besaba, me dijo que abriera la boca y tragara su saliva… lo hice así sin ningún reparo.

Emprendimos el camino hacia el apartamento, el mismo de la otra ocasión. Esta vez lo encontramos sin perdernos… eran más o menos las 10:00 cuando llegamos. Mi Amo había programado un riguroso sistema de períodos horarios y estábamos en Horario de Sesión de Doma hasta las 11.30, hora en que empezaría un Período de Recreo, un tiempo de total libertad para mí en el que sólo tendría que mantener el trato de Vd. y Señor a mi Amo, pero no tendría que pedir permiso para comer, beber, ni ir al servicio y ni siquiera para fumar.
Al llegar mi Amo preparó las cuerdas que colgaban de la base de la barandilla del piso superior del duplex, yo me desnudé y me coloqué las muñequeras. Mi Amo me terminó de ajustar las muñequeras y me colocó los tobilleros Me cubrió los ojos con la venda y me hizo subir las escaleras agarrada por el pelo.

Una vez arriba, tirada en la cama me ató los tobillos juntos y las muñecas juntas y los unió entre sí con una cuerda. En esa posición me azotó el coño con la fusta y me masturbó con ella. Tuve varios orgasmos con permiso, frotada con la fusta, con su mano y uno porque él me lo ordenó. Los azotes me producían un dolorcillo placentero, aunque los recibía entre excitada y asustada, temiendo siempre que el siguiente fuera peor.

Después, así atada como estaba, y agotada de correrme y retorcerme, me agarró la cabeza y empezó a follarme la boca hasta que se corrió en el fondo de mi garganta mientras me repetía, secamente y con autoridad, “¡¡ traga puta !!”.

Bajamos a la planta de abajo, allí me ató de pie con los brazos separados y levantados por encima de la cabeza, yo mantenía las piernas separadas. Me sobó, me introdujo un huevo vibrador con control remoto y lo puso en marcha, yo estaba caliente y eso me excitaba aún más. Alternaba los azotes con los sobeteos… en una ocasión se colocó detrás de mi, agarró mis tetas con sus manos, las sobaba mientras el huevo vibrador hacía de las suyas en mi coño. Se mantuvo así unos instantes, yo estaba cada vez más caliente… mi Amo me ordenó correrme, puso una mano en mi coño y me corrí sin ningún control.

En la tensión de los orgasmos, muchas veces quedaba literalmente colgada de las cuerdas por las muñecas… en un momento dado sentí las manos dormidas y se lo advertí, él se apresuró a soltar los cierres de velcro de las muñequeras y empezó a masajearme las manos para restaurar la circulación… mmmm que gustito!!. Cuando estuve bien aparté mis manos de las suyas y las coloqué en la espalda, yo estaba bien, no necesitaba más contemplaciones.

Entonces se apartó, le oí buscando en su maleta y sentí el sonido de una cadenita… eran las pinzas, yo nunca las había probado y no tenía muy claro que sensación me iban a producir… en nuestros chats había aceptado probarlas en el clítoris, no sé porque razón me daba mucho más “repelus” en los pezones. Colocó cuidadosamente un par de pinzas en mi clítoris, una vez vencido el temor inicial comprobé que no pasaba nada, no me estaba muriendo de dolor J, él me preguntó si me atrevía a probar en los pezones… dudé un momento, pensé rápido… “no será para tanto… a él le gusta y quiero complacerle… estoy tranquila con él… si me resulta insoportable me las quitará… las tengo puestas en el clítoris y no pasa nada…” y acepté las pinzas en los pezones. Las colocó con cuidado, ajustando la presión milimétricamente con el tornillo y cuando terminó, efectivamente no pasaba nada.

En algún momento pasé un mal rato con las pinzas en el clítoris, aparte de que lo tenía extrasensible y dolorido, las pinzas se resbalaban a veces por la humedad de mi coño excitado. Me las quitó en cuanto empecé a quejarme, me tranquilicé mientras él me observaba y aguardaba mis reacciones y antes de que el volviera a colocarme las pinzas, me avancé y le pedí que las colocara otra vez.

En alguna otra ocasión, noté como si las pinzas me pellizcaran un labio, no sabía si decírselo o tratar de aguantar… mientras lo pensaba el dolor iba creciendo… utilicé el aviso de código de color: “¡Amarillo, amarillo!”... me retiró las pinzas inmediatamente.

Después me azotó con el gato de tiras de ante en las tetas, de pie, con las manos en la espalda sin atar, manejándome agarrada del pelo. Yo me retorcía intentado huir. En algún momento separé mi brazo de la espalda con idea de interponerlo entre el látigo y mis tetas… pero desistí, seguramente si lo hiciera sería peor. En otro momento, siempre agarrada y controlada por el pelo, estuve a punto de pedirle que parara… “Señor… por favor…” balbuceé insegura…, “Por favor ¿qué?” me respondió él de inmediato y secamente… no me atreví, sólo acerté a susurrar un leve “nada”. Cuando ya no podía soportarlo más me arrodillé a sus pies intentando que se apiadara de mí y una vez más olvidé agradecer el castigo.

Era la hora de la comida, ninguno de los dos somos muy comilones… yo había llevado alguna cosa para hacer una ensalada, y él barritas dietéticas de chocolate “BIMANAN” de las que dos sustituyen una comida. Al final comimos las barritas, una cada uno y complementamos con Campurrianas y Nevaditos y después nos quedamos en el sofá para ver las fotos, yo estaba acurrucada tapada con la manta de la cama, estaba deseando ver las fotos, pero estaba agotada, me costaba mantener los ojos abiertos y me quedé dormida mientras él pasaba las fotos de la tarjeta al PC.

Creo que no dormí durante mucho tiempo, cuando desperté él se sentó a mi lado y le dije que se echara allí conmigo. Al poco tiempo puso su mano sobre mi coño, permanentemente mojado… como estábamos en Periodo de Recreo me tomé la libertad de colocar su mano como más me gustara… y así entre los movimientos de su mano y los de mis caderas me corrí nuevamente.

Entonces me dijo que ahora quería que me dedicara a su polla y que no tenía ninguna prisa… mmmmmm no tenía prisa, yo podría juguetear con su polla en mi boca durante un buen rato, no podía descuidar acariciar cuidadosamente sus huevos, ya me lo había advertido… y así hice hasta que me sujetó la cabeza por el cabello, con ambas manos para marcar el ritmo con el fin de follarme la boca, y correrse nuevamente en el fondo de mi garganta. Como siempre tragué su semen como me tiene ordenado.

Después me cubrió los ojos con venda, y me dispuso extendida boca arriba sobre la mesa, en posición de “Y invertida”, es decir con los brazos extendidos por encima de mi cabeza y las muñecas atadas juntas con los arneses de anilla, mientras mis piernas colgaban por fuera de la mesa y sujetó los tobillos a las patas también con los arneses de argolla. Empezó a jugar con la cera. Yo tampoco la había probado nunca, pero estaba menos reticente porque un amigo me había hablado bastante de ello. A pesar de todo, me quedaba cierto temorcillo a las nuevas sensaciones que iba a percibir.

Noté calor en el vientre, había caído el primer chorro de cera… después un calor más intenso en el pezón, se repitió un par de veces. No sabría decir lo que sentí, la sensación no era exactamente desagradable, pero soy muy impresionable y es más lo que me asusto, que lo que al final es. Mientras lo pensaba noté ese calor en el coño… ahí me impresionaba mucho más, quería huir pero no podía, me retorcía como podía en la mesa y notaba el chorro de cera deslizándose por mi piel mientras se iba enfriando. Y así fue cayendo uno tras otro hasta que mi coño quedo cubierto de cera… entonces mi Amo la retiró con la fusta para luego continuar vertiendo más. Cuando se cansó de jugar, retiró con la fusta la cera de mi coño y mis pezones.

Continuó jugando con la fusta… la usaba para azotarme o masturbarme, según le apeteciera… hasta que me corrí… fue un orgasmo raro, a esas alturas después del trajín que había sufrido, no sabía muy bien lo que sentía… me quedé extendida en la mesa, exhausta… tanto que me olvidé de agradecer el orgasmo, volví a la realidad cuando escuché la voz de mi Amo preguntándome si no debía decir algo… “Gracias Señor”, pero ya era tarde y sentí en mi coño un azote con la fusta “Para que aprendas a agradecerlo cuando debes”.

Tras unos momentos, soltó las ataduras de la mesa y me colocó de pie, inclinada hacia delante, con las manos apoyadas en el asiento de la silla, me azotó con el gato en el culo y los muslos… intentaba moverme lo menos posible mientras gemía y me quejaba… de vez en cuando, la intensidad de los azotes me obligaba a agacharme, me doblaban y al mismo tiempo me servía para indicarle que necesitaba una pausa, y me reincorporaba cuando estaba recuperada. Mientras tanto estaba temblando casi constantemente… mi Amo me preguntó si tenía frío, le dije que no, no tenía sensación de frío, era consciente de que temblaba pero suponía que era por la tensión. Me retiró de la silla, me apartó y entonces sí fui consciente de la sensación de frío, estaba tiritando… me llevó a la cama y me tapó con el edredón… estaba muy a gusto y calentita… le dije “gracias Señor” y me contestó “gracias a ti”. Bajó a la planta de abajo y yo me quedé un rato dormida.

Después cenamos la ensalada y charlamos animadamente… en un momento de la conversación, estaba tan distraída que cogí un cigarro, lo llevé a la boca y cuando estaba a punto de encenderlo me saltó un clic… no había pedido permiso… me libré en el último segundo. Volví a colocar el cigarro en el paquete y pedí permiso para fumar… me dijo que esperara un poco por el despiste que había tenido.

A las 22.00 empezaba una nueva Sesión de Doma, así me lo dijo… pero añadió que estaba muy cansado (se había levantado a las 4:00 de la mañana y no sesteó en ningún momento) y prefería irse a la cama. Yo no tenía nada de sueño, ni me encontraba excesivamente cansada… las dos siestecitas que había echado me habían dejado como nueva. Subí a la cama con mi Amo para estar a su disposición, me dijo que podía quitarme el collar para dormir, le dije que no quería. También le pedí permiso para bajar a fumar un cigarro cuando él se hubiera dormido… me dijo que bajara en ese momento y después subiera y me quedara.

Cuando regresé todavía estaba despierto, me acosté desnuda a su lado, a su disposición… debería haber colocado mi mano en su paquete como a él le gusta… pero no me atreví a hacerlo sin que él me lo ordenara. Al cabo de unos minutos cogió mi mano y la colocó sobre su polla, estaba excitado, empecé a masajearle la polla y los huevos, me colocó la mano debajo de los boxers para que continuara con mi trabajo… después de un rato le pedí permiso para comerle la polla… como siempre me dejó juguetear con ella como yo quisiera, hasta el momento en que me agarró la cabeza por el cabello, con ambas manos, para follarme la boca y correrse en el fondo de la garganta.

Nos acostamos para dormir, yo seguía sin tener sueño… me quedé tumbada en la cama dando vueltas y vueltas, me hubiera gustado masturbarme, pero no sabía si tenía permiso para hacerlo… seguí dando vueltas hasta que a las 2 de la mañana me levanté para fumar un cigarrito. El me había dicho que en ese caso le despertara para pedirle permiso para fumar, pero prefiero asumir el castigo por fumar sin permiso que despertarle por un vicio mío.

Fumé, tomé un zumo, volví a la cama y me quedé dormida. En mitad de la noche desperté con la mano de mi Amo sobándome el coño, estaba muy mojada… me masturbó hasta que me corrí y entonces me ordenó masturbarle, después llevó mi cabeza a su polla, me folló la boca y se corrió nuevamente en el fondo de mi garganta. Nos quedamos dormidos otra vez, hasta que sonó el despertador a las 8.15, yo tenía que levantarme a las 8.30 y él supuestamente se levantaría a las 8.00 pero aún estaba dormido.

El se levantó primero, tal como estaba previsto, se duchó y preparó el desayuno. Yo me levanté después más dormida que despierta y bajé a la mesa. Desayunamos, durante el desayuno le comenté que lo había pensado y había decidido que prefería no disponer de Períodos de Recreo, y que era consciente que eso me suponía tener que pedir permiso para fumar constantemente, que es lo que más me fastidia. El me dijo que había establecido los Períodos de Recreo por mí, para poder soportar mejor las Sesiones de Doma por lo que si yo solicitaba eliminarlos, se eliminaban a partir de ese mismo momento.

Después del desayuno fui a ducharme. Fue el único momento en que me quité el collar, y me lo puse otra vez cuando me sequé. Salí del baño con un conjunto de “mamá Noel” que una amiga me había regalado para la ocasión… me ató las muñecas en las cuerdas que colgaban de la barandilla, con los brazos separados. Después me colocó la venda en los ojos y el bocado en la boca. Y empezó a jugar con las fusta, rozaba mi coño con ella, o lo azotaba, excitándome cada vez más. Al mismo tiempo me molestaba la bola de caucho en la boca ajustada con correas de cuero alrededor de mi nuca. Como era algo nuevo para mí, y él conocía lo incómodo de esa mordaza, para no agobiarme más de la cuenta, no me la dejó excesivamente apretada, de modo que me permitía tragar saliva (aunque no toda), pero me forzaba a mantener las mandíbulas separadas, tensas.

De vez en cuando conseguía empujarla un poco con la lengua, me pareció que incluso podría deshacerme de ella sólo con empujar un poco más, por un momento deseé hacerlo para concentrarme en un sinfín de sensaciones que percibía en mi coño, pero ni se me ocurrió hacerlo, estaba segura de que mi Amo me castigaría por eso. Cuando se cansó de jugar conmigo, colocó la varilla de la fusta entre mis piernas, presionando mi clítoris, yo estaba muy caliente, me frotaba desesperadamente contra la varilla… me daba placer pero no suficiente para correrme… el orgasmo estaba ahí pero no terminaba de llegar, y mientras seguía moviéndome descontrolada buscando ese poquito más que me faltaba. En ese momento mi Amo me ordenó correrme y tras un par de movimientos más por fin llegaba el orgasmo, aunque no lo pude disfrutar totalmente de lo agotada que me había dejado la lucha por conseguirlo. Quedé unos instantes colgada de las muñecas, porque mis piernas no tenían suficiente fuerza para sujetarme. Cuando me fui recuperando me quitó el bocado, me desató y me quité el conjunto dejando sólo las medias.

Busqué tranquilamente entre la ropa que había llevado, encontré un chal rojo en forma de triangulo, ligeramente transparente y después de probar varias opciones para ponérmelo, me lo coloqué a modo de falda atado por delante. De los bajos de la falda colgaban unos flecos que se movían al menor movimiento mío. Entonces mi Amo me obligó a bailar así, semidesnuda.

Me colocó la venda en los ojos y puso la música, quería grabarme bailando… intenté dejarme llevar, pero la venda me desorientaba y además saber que me estaba observando, no me dejaba llevar del todo… tras dos o tres canciones yo no acababa de soltarme, me movía tímidamente… se ofreció para ocultarse en el baño para que yo pudiera moverme desinhibidamente, libremente y sin la venda. Así lo hicimos… bailé inicialmente más cortada y poco a poco dejándome llevar hasta que acabé desatando el chal y jugando con él por mi cuerpo mientras bailaba. Al acabar la canción le avisé que podía salir… fue uno de los momentos cómicos del encuentro.


Después de eso me mantuvo unos minutos de rodillas en el suelo, con las manos en la espalda sentada sobre mis talones. Llevaba solamente las medias, lo único que había quedado del traje de “mamá Noel”, el collar y la venda. Después de un rato me obligó a masturbarme de rodillas en el suelo… llevaba la venda, eso me hacía ser menos consciente de que él me estaba mirando… empecé a acariciarme las tetas, bajé la mano… noté el coño hinchado y sensible… me acaricié despacio inicialmente, mi clítoris estaba muy sensible y respondía al más mínimo roce. Fui excitándome cada vez más, gimiendo y retorciéndome de rodillas en el suelo, apoyaba una mano en el suelo mientras movía la otra a mi antojo. Estaba a punto de pedir permiso para correrme cuando escuché la voz de mi Amo ordenándome que lo hiciera… y me corrí por enésima vez. Agradecí el orgasmo y me quedé quieta en la postura en la que no sé como había terminado, de rodillas, apoyada en mis talones y con la frente en el suelo.

A continuación me ordenó colocarme en la posición inicial y me dejó así un par de minutos, después me agarró bruscamente por el pelo y me llevó hacia una silla, donde me ató con las manos en la espalda, sin las muñequeras, directamente con las cuerdas y después ató mis tobillos a las patas de la silla, llevaba tanto tiempo con la venda que me resultaba algo natural la sensación de no poder ver. Colocó las pinzas de pesita en los pezones y las otras en el clítoris… tras unos momentos me obligó a inclinarme hacia delante, pensaba que era para algún tipo de juego con las pesas de los pezones… en realidad lo que estaba haciendo era enganchar al collar una de las pinzas de la cadenita, la otra estaba en mi clítoris… yo no era consciente de que estaba enganchada así y traté de incorporarme, el tirón me produjo un gran dolor que expresé con un chillido, en realidad creo que grité todo lo fuerte que podía gritar, por suerte el resto de los apartamentos estaban desocupados… Mi Amo me quitó las pinzas enseguida y me tranquilizó. Le dije que me encontraba bien y que podía seguir. El, como en otras ocasiones, se sintió satisfecho y orgulloso de verme sumisa, decidida y absolutamente entregada a su servicio y placer.


Lo siguiente fue que me agarró por el cabello, y atada en la silla me azotó las tetas con el gato de tiras de ante. Yo trataba de huir, me retorcía en la silla intentando esquivar los azotes o conseguir que cayeran en otra parte. Tras un rato así me rendí, luchar no me servía de nada, sólo para agotarme. Unos instantes después los azotes terminaron… quedé extenuada, me relajé y olvidé agradecer el castigo. Recibí unos azotes en el coño por eso.

Entre unas cosas y otras el tiempo había pasado rápidamente y ya eran las 13.00, Período de Comida. Ya habíamos pensado que comeríamos fuera del apartamento, y decidimos hacerlo en algún sitio de camino al aeropuerto. Recogimos nuestras cosas, cogí unas “bolas chinas de castigo” que me había regalado el día anterior, y fui al baño a colocármelas… estaba ligeramente mojada, pero o bien porque mi xixi había echado el cierre con tanto uso, o bien por los pinchitos de goma de las bolas, o por las dos cosas a la vez, aquello me resultaba una tarea imposible. Me coloqué en cuclillas, con la esperanza de que la postura facilitara las cosas y conseguí introducir una de las bolas… en eso estaba cuando mi Amo, supongo que al ver que tardaba se acercó a la puerta del baño, que yo había dejado entre abierta y me sorprendió con esas trazas. La verdad es que la cara que puso era todo un poema, rápidamente le expliqué con toda la naturalidad del mundo lo que estaba haciendo… no recuerdo muy bien que dijo, se fue y me dejó a lo mío. Tras una breve lucha, conseguí introducir la otra bola. Me puse los vaqueros, sin ropa interior. Sentí perfectamente la costura presionándome el clítoris, en una sensación que no sabría decir si me dolió o me gustó, pero por si acaso aparté el pantalón lo que puede.

Emprendimos el camino hacia el aeropuerto. Paramos en un pueblecito, en un sitio tranquilo con poca gente. Comimos tranquilamente, enlazando una conversación con otra, siempre fluida, sin esos silencios en los que te quedas sin saber que decir. En algún punto de la conversación me habló de un anillo con una argollita, como el de Historia de O… me encantó la idea, me encanta Historia de O. En nuestro próximo encuentro me regalará ese anillo diseñado y hecho exclusivamente para mí.

Terminamos de comer tranquilamente, con café, sin copa y con algún que otro cigarrito con permiso. Volvimos al coche para continuar el camino hacia el aeropuerto, no había ninguna prisa, teníamos tiempo de sobra. Al llegar esperamos algo menos de una hora sentados en los asientos, la conversación seguía fluida, a veces metía su dedo en la argollita del collar y daba pequeños tirones, o me agarraba disimuladamente el pelo y hacía lo mismo, o sencillamente lo mantenía agarrado. Mmmmm eso me encantaba y me servía para no despistarme con la conversación distendida, seguía estando con mi Amo.

Se acercaba el momento de la despedida y la verdad es que me daba pena. Igual que en el primer encuentro, había estado muy cómoda en todo momento, ni un solo minuto que quisiera borrar, ni siquiera que me aburriera. Había quedado aún con ganas de Amo, aunque después de la aventura relatada, a algun@ le parecerá una locura J

Creo que para resumir este encuentro voy a usar la expresión “lluvia de sensaciones”. La próxima vez, más y mejor…

ifis{Ae}

lunes, 8 de diciembre de 2008

Fantasía: Reunión de amigos


Mi Amo tiene una reunión de amigos en su casa, me ha ordenado que no les moleste, pero que esté atenta para acudir enseguida cuando me llame... en un momento dado, me llama y acudo, me coloco a su lado con las manos en la espalda. Mi Amo está sentado en un sillón, a su izquierda hay un sofá con 3 de sus amigos y a su derecha otro sofá con dos amigos más. Voy vestida con minifalda y camiseta, sin ropa interior. Mi Señor coge el vuelo de la falda por la parte delantera y lo sujeta en la cinturilla, de esta forma mi coño queda expuesto para él y sus amigos. Tras unos instantes empieza a sobarlo, mientras les dice a sus amigos que les va a permitir jugar con su nuevo juguete. Coloca unas esposas en mis muñecas para asegurarse de que voy a mantener las manos así, y me empuja hacia el sofá de la izquierda.

Sus amigos empiezan a sobarme, mientras me mantengo de pie frente a ellos con las piernas separadas y las manos esposadas en la espalda. Me separan los labios, exploran y hurgan mi coño... Mi Amo me ordena que me acerque al otro sofá... los otros dos hacen lo mismo, me giran, separan mis nalgas y exploran también mi ano. Uno de ellos dice "esta puta se está mojando"… mi Señor le dice "es muy puta y nos complacerá a todos", se acerca a mi, me agarra por el pelo y echando mi cabeza hacia atrás me dice "te vas a portar bien, verdad zorra?", "si Señor, me portaré bien".

Entonces me quita las esposas y me lleva manejándome por el pelo a una mesa baja que hay en el centro entre los sofás. Me coloca a 4 patas en esa mesa y les dice a sus amigos que tiene que azotarme primero para amansarme bien. Va a buscar el látigo y me deja unos momentos expuesta ante sus amigos... un par de ellos se acercan para seguir sobándome. Cuando vuelve empieza a azotarme el culo, las tetas y el coño... yo gimo y me quejo... y mi Amo me dice que me quejo demasiado, a ver si con una polla en la boca soy más silenciosa... uno de sus amigos mete su polla en mi boca mientras mi Señor continúa azotándome... me dice que es mejor que me esmere porque me azotará hasta que su amigo se corra. Los azotes llueven sobre mi cuerpo hasta que por fin aquel extraño se corre sobre mi cara.



En ese momento terminan los azotes, mi Señor me agarra por el pelo y me incorpora, dejándome de rodillas, y sin soltarme el pelo, empieza a sobarme el coño, que está empapado. Yo estoy tan caliente que noto como la sensación entre mis piernas me va a hacer explotar de un momento a otro… mi Amo lo sabe y decide parar… me empuja contra la mesa para que vuelva a quedar a 4 patas… se aparta y les dice a sus amigos que ahí me tienen, que pueden hacer conmigo lo que quieran, mientras él se sentará a disfrutarlo desde su sillón.


Los otros 4 hombres se acercan a mí, dos se turnan para follarme la boca, mientras los otros dos lo hacen con mi coño y mi ano. Se incorpora el primero, ya recuperado. Me soban, me follan y me usan hasta que se cansan, y van corriéndose uno a uno sobre mi cuerpo. Yo quedo agotada, exhausta, casi inerte tendida sobre la mesa. Entonces mi Señor se acerca, levanta mi cabeza agarrándola por el pelo y se masturba delante de mi cara, lo alterna metiendo su polla en mi boca hasta que termina corriéndose en el fondo de mi garganta.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El primer encuentro

1. El encuentro.

Salí de casa precipitadamente, había calculado el tiempo que necesitaba para cada cosa, y había programado una hora para levantarme y no tener que andar con prisas. Sin embargo cuando sonó el despertador a las 7.15 no pude evitar la tentación de quedarme 15 minutos más en la cama. Esos 15 minutos hicieron que estuviera a la carrera todo el tiempo.

Miré la hora cuando le senté en el coche, eran las 8.25, el avión aterrizaba a las 9.00. En principio no tenía que preocuparme porque tardaría entre 20 y 30 minutos según estuviera el tráfico. Llegaría justa pero llegaría a tiempo.

A los pocos minutos de emprender el camino, me di cuenta de que no había cogido el móvil, y era imprescindible que lo llevara. Tuve que dar la vuelta y volver por él. Esta vez no miré el reloj al salir, no tenía tiempo ni de eso.

De camino por la autovía vi la indicación “Aeropuerto 36 km”, miré el reloj, eran las 8.42, 18 minutos para 36 km por autovía, era totalmente factible. No quería llegar tarde, no podía ser que él estuviera esperando por mí. Tenía que estar muy atenta para evitar mi tendencia a pasarme la salida por estar pensando en otra cosa.

8.50… 8.56, aeropuerto 3 km… bien, vas bien, muy justa pero bien. El avión aterriza a las 9.00, tardará al menos un par de minutos en aparecer por la puerta.

Cuando llegué al aeropuerto, aún tenía que cambiarme la falda (había salido de casa con una mucho más discreta por si me veían los vecinos) y ponerme el collar, que por suerte había dejado en el asiento del copiloto, porque de otra manera me habría olvidado de él. Me cambié en la parte trasera del coche, que era bastante espacioso y alto y me permitía caminar por dentro.

Bajé del coche, lo cerré y tiré de la falda hacia abajo… era demasiado corta. Caminé decidida hacia la entrada. Iba tranquila, sobre todo porque sabía que no había olvidado algo que me pareció importante para él: llevaba en el bolso un sobrecito con pelos arrancados de mi coño. Al acercarme a la puerta me vi reflejada en el cristal durante unas décimas de segundo antes de que se abrieran. Vaya pinta pensé, la minifalda, las botas, las piernas desnudas. Y no llevaba ropa interior, pero eso nadie podía saberlo, y en realidad tampoco me importaba. Me gusté, me pregunté si le gustaría a él, supuse que si.

Caminaba lo más rápido que me permitían los tacones. Miré el reloj del móvil justo cuando me acercaba a la zona de llegadas, eran las 9.00 en punto, la gente esperaba con demasiada tranquilidad, no estaban apelotonados a la puerta. Miré el panel, el vuelo venía retrasado 45 minutos. Vaya putada, pensé por un momento, me aburro mucho cuando tengo que esperar tanto tiempo. Me senté, pensé que ni siquiera tenía juegos en el móvil y no tenía intención de caminar hasta el kiosco para comprar una revista.

Me senté en un rinconcito procurando pasar desapercibida, me cerré un poco el cuello de la chaqueta. Suponía que ya había llamado bastante la atención con la minifalda como para que vieran el collar de perra que llevaba, y que tal vez ya habían visto. Pensaba que si no miraba a nadie, nadie me miraría. Me sorprendí por lo tranquila que estaba por el encuentro, a pesar de lo agitada que estaba con tanta carrera… tal vez estaba tan tranquila porque en realidad no había tenido tiempo de pararme a pensar, en estos 45 minutos me daría tiempo para pensar en muchas cosas.


Dejé que mi cabeza fuera por donde quisiera, intenté imaginar cómo sería el momento en que se abrieran las puertas y lo viera allí, a sólo unos metros de distancia, cómo sería el camino hacia el coche, cómo me sentiría una vez dentro donde sabía exactamente lo que iba a pasar porque me lo había explicado al detalle durante las semanas anteriores.

Al final la espera no se me hizo tan larga, de vez en cuando miraba el reloj y me alegraba de ver que habían pasado unos minutos desde la última vez que había mirado y me sirvió para calmar la agitación de las prisas. Y cuando quise darme cuenta, anunciaban por los altavoces el aterrizaje de su avión. No me levanté enseguida, primero observé el entorno buscando donde colocarme de forma que él me viera bien, pero pasara lo más desapercibida posible para los demás. Había una columna justo delante de la puerta y a una buena distancia, no estaba lejos. Era perfecta, él me vería casi de frente al salir, y estaba más o menos escondida para los demás. Me abrí la cazadora para que él si pudiera ver el collar.

Las puertas se abrían de vez en cuando, le buscaba con la mirada, pero todavía no le veía. Seguía tranquila, no estaba ansiosa, antes o después aparecería. Tranquila pero tensa. Y efectivamente en una de las ocasiones en que se abrieron las puertas le ví a unos 10 metros de mí, me alegré de verle, sonreí, me pregunté si él preferiría una actitud más sumisa, con la mirada baja tal vez. El también sonreía, ligeramente pero sonreía.

Nos saludamos cordialmente y caminamos hacia el coche. No recuerdo sobre qué hablamos en ese momento, seguramente sobre algo trivial, pero recuerdo que la situación se me hizo muy normal, cómoda, fácil. Me había preparado para que él fuera duro desde el principio y me estaba dando un margen. De todas formas seguía tensa, alerta, la cosa podía cambiar en cualquier momento.

Entramos en el coche, me senté en la última fila de asientos. No estaba incómoda, ni insegura, ni dudosa. Sabía que debía hacer, me quité la cazadora y abrí una chaqueta que me había puesto para abrigarme sin inclumplir las normas de vestuario. Separé las piernas y puse las manos en la espalda, miré al frente. El me quería así para poder sobarme y explorarme sin obstáculos. Y eso es lo que hizo, me sobó las tetas apartando la camiseta, pasó su mano después por la cara interna de los muslos, y después por el coño insistiendo especialmente en el clítoris. La situación me parecía morbosa y excitante, aunque estaba muy tensa, no podía concentrarme y no me dejaba llevar del todo y además sabía que no podía correrme, a pesar de que él cada vez insistía más en mi clítoris y antes o después sería inevitable.

En un momento dado, me dijo que si me portaba bien, tal vez me permitiría correrme por el gusto de oír mis gemidos. Eso me relajo bastante, me deje llevar, llegué al punto en el que el orgasmo esta ahí, pero aún no es inevitable… le pedí permiso para correrme y por suerte me lo dio.

2. Empieza el juego.

El camino hacia el hotel fue un poco aventurado, habíamos convenido en tomar primero un café. Pensé que por el camino encontraríamos algún sitio, dimos un montón de vueltas hasta dar con uno, el ambiente era distendido todo el tiempo y yo me iba relajando cada vez más. Habíamos reservado un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad, en medio del monte. Nos costó bastante encontrarlo, dimos otro montón de vueltas hasta que, preguntando, un chico muy amable nos dio las instrucciones de cómo llegar.

Entre unas cosas y otras eran las 12.00 cuando entramos en el hotel, tal vez un poco más tarde.

Una vez allí exploramos el sitio para ver que opciones nos daba, era exactamente igual que habíamos visto en las fotos. Nos daba mucho juego. Lo siguiente fue que mi Señor abrió su maleta y me enseñó las “herramientas” que pensaba utilizar conmigo, las cuerdas, la mordaza, el huevo vibrador, muñequeras y tobilleras con cierre de velcro y unas argollitas, los gatos. Mientras me las enseñaba, me dio unas bolas chinas que tiempo antes se había ofrecido a comprarme, y que yo no había recordado para nada en los últimos días.


Entonces subimos al dormitorio, me ató a la cama boca arriba, en aspa y me tapó los ojos con una venda. Me encanta la venda, aparte de que todo se percibe de otra manera, me ayuda a aislarme, a no pensar en nada más.





Me hizo algunas fotos, y después empezó a sobarme, a masturbarme… hizo que me corriera varias veces, siempre después de pedirle permiso, no sé cuantas, perdí la noción del tiempo, y del espacio porque ni siquiera era consciente de dónde estaba. Estaba totalmente abandonada. A partir de este momento, no recuerdo muy bien. Creo que me desató, me acurruqué y me quedé dormida o casi dormida.

Tampoco recuerdo cuanto tiempo estuve dormida ni como me desperté. Lo siguiente que recuerdo es que me ataba de pie, con los brazos en alto, las muñecas juntas y los ojos vendados. Pero tengo la sensación de que se me olvida algo entre una cosa y otra.

Así atada empezó a pellizcarme los pezones, no lo llevo muy bien, pero realmente no era insoportable, pasó brevemente su mano sobre mi cuerpo, y tras unos instantes empezó a azotarme con el gato, en el culo y las tetas principalmente. De vez en cuando metía su mano entre mis piernas.




Yo recibía los azotes con cierto miedo, temiendo que me dolieran mucho. En realidad solo me dolía alguno que caía sobre los pezones, que ya tenía bastante sensibles por los pellizcos. De todas formas no perdí ese termorcillo hasta que terminaron, que no sé cuanto tiempo fue porque nuevamente perdí la noción del tiempo y del espacio y de lo único que era consciente era de sentir como caían los azotes sobre mi cuerpo. Cuando terminaron mi Amo me masturbó dos veces, me daba mucho placer, me gustaba mucho… llegó el orgasmo, era bastante fuerte y en ese momento me pellizcó un pezón con la mano que tenía libre… el dolor del pezón hizo que me olvidara del orgasmo.




Me soltó las ataduras y me colocó de rodillas sentada sobre mis talones, pero yo no encontraba la postura, estaba incómoda supongo que por la tensión que había cargado en las piernas unos momentos antes. Entonces me dijo que me colocara a 4 patas, así estaba más cómoda. Casi enseguida me hizo caminar hacia él para comerle la polla hasta que se corrió en mi boca y yo le mostré su leche antes de tragarla.




Nuevamente los recuerdos son borrosos, creo que nos sentamos en el sofá y charlamos animadamente sobre diferentes temas, mientras nos alimentábamos de leche y galletas. Estábamos en un apartamento en medio del monte, había calefacción y estábamos bien, fuera llovía, no apetecía salir ni siquiera para comer. Me sentía bien, como con un amigo que hace tiempo que no ves.

Después de un buen rato de conversación, me dijo que íbamos a probar la mesa. Nos acercamos y mientras él la preparaba yo me senté en el sofá y me apeteció un cigarrito. Tenía que pedirle permiso para fumar, hasta entonces lo había hecho y siempre me lo había dado, pero a mí me resultaba un coñazo y muchas veces no fumaba por no pedirle permiso. Decidí no hacerlo esta vez, el había sido muy sutil todo el tiempo, muy complaciente, pensé que no le daría importancia.

Me preguntó por qué estaba fumando sin pedir permiso, le contesté algo así como que pensé que no habría diferencia, puesto que me iba a azotar igualmente. Me dijo que notaría la diferencia en los azotes y me invitó a apagar el cigarro y acercarme a la mesa. Una vez allí ató mis tobillos a las patas y las muñecas juntas, atadas al otro extremo, dejando mi cuerpo tendido sobre la mesa. Tenía cierta movilidad. Me colocó la venda en los ojos.

Y empezó el castigo por mi falta. Dejaba caer dos o tres azotes con el gato, más fuertes que los anteriores, yo me quejaba, él paraba, me acariciaba la cabeza y me preguntaba si estaba bien, estaba perfectamente, le decía que estaba bien. Repitió varias veces la operación, yo estaba bien, pero me quejaba, él estaba preocupado por mí y yo lo notaba. Le dije que me azotara más tiempo y parece que perdió un poco el miedo a ir más allá de lo que yo pudiera soportar. Me concentré en sentir los azotes, los soportaba perfectamente, los disfrutaba. Me incorporé lo que me permitían las ataduras, “¿Por qué me azota Señor?” quería transmitirle que estaba bien, que podía continuar, que estuviera tranquilo.

Y me cayó una lluvia de azotes en el culo principalmente, algunos en la espalda las caderas y las tetas, me sorprendió que a pesar de estar extendida sobre la mesa aún podía azotarme las tetas, al tener los brazos extendidos hacia arriba podía acceder a ellas y también en alguna ocasión en que yo me incorporaba un poco. De vez en cuando levantaba mi cabeza agarrándome por el pelo…

- “¿Volverás a fumar sin permiso?”…
- “No señor, no volveré a fumar sin permiso”
- “¿Lo merecías, zorra?”
- “Sí Señor, lo merecía”

Había observado que él sabía cuando hacer una pausa y cuando continuar… me dejé llevar, me abandoné. Dos o tres de los azotes cayeron en mi coño, me sorprendieron mucho, producían cierto dolor que desaparecía rápido dejando una sensación de calor que en cierta forma era agradable, no podría decir si me había gustado o no, pero sí que me había producido curiosidad. Mientras lo pensaba, los azotes seguían cayendo sobre mi cuerpo y yo en ocasiones intentaba huir de ellos (una de las patas de la mesa quedó desencajada a raíz de eso). Levanté el culo ligeramente, tan ligeramente que no sé si fue perceptible, preparándome para recibir otro posible azote en el coño y al mismo tiempo temiendo quedar demasiado expuesta, temiendo que el dolor fuera mayor que la vez anterior.




Tras una pausa me dijo que me daría 25 azotes más, que yo los contaría uno a uno, irían en tandas de 5 y se terminaría el castigo. Bueno… 25 azotes, me parecía que había recibido muchos más, me pregunté si sería capaz de contarlos mientras los recibía.

Los conté, y cuando terminaron, agradecí el castigo. Me quedé tumbada en la mesa, con los brazos extendidos por encima de mi cabeza y los tobillos atados a las patas, ni siquiera me molesté en apoyar la cabeza en mi brazo. Nunca pensé que recibir azotes pudiera agotar tanto. No pensaba en nada, estaba totalmente evadida de todo, realmente me sentía muy bien. Me dejó un rato abandonada en la mesa, no sé que hizo mientras ni cuanto tiempo fue, no intenté escuchar para averiguarlo, estaba totalmente concentrada en lo bien que estaba, a la vez que cansada, sin pensar en nada, sólo disfrutando de ese descansito mientras él me permitiera estar así, y al mismo tiempo preparándome para lo que pudiera venir. Se acercó, me quitó la venda y me preguntó nuevamente si estaba bien. La luz no era demasiado fuerte, pero me hacía mucho daño en los ojos, no quería abrirlos. Intenté hacerlo para mirarle a los suyos y decirle que realmente estaba bien. Sólo quería apoyar la cabeza un poquito más.

Me dejó un ratito más así… mmmmmm… que gustito. Y después me desató, estaba muy tranquila y sólo tenía los hombros algo adormecidos. Estaba relajada.

Por enésima vez mis recuerdos están borrosos a partir de este momento. Creo que yo me senté en el sofá acurrucada mientras él recogía las “herramientas”, supongo que parecía estar pensativa porque caminando hacia la maleta preguntó en voz alta “¿En qué pensarás pequeña?”, me gusta cuando me llama pequeña, me transmite cariño y me gusta cuando me llama zorra, me transmite quien manda. Cada cosa siempre en el momento oportuno.

Sonreí en mi interior mientras le seguía con la mirada, no sé si exteriormente pudo percibirse esa sonrisa. Sonreí porque si le decía la verdad, que era que realmente no estaba pensando nada, no iba a creerme. No pensaba en nada, estaba tan ausente de todo, tan relajada. No le contesté, no dije nada y él respetó mi silencio.

Lo siguiente que recuerdo es que los dos estábamos sentados en el sofá, vimos un trozo de Historia de O en el portátil que había llevado, pero los dos la habíamos visto varias veces y no parecía interesarnos mucho. Seguimos charlando cómodamente, nos sentíamos bien el uno con el otro. Después de horas hablando, nos fuimos a la cama. Eran las 2 o las 3 de la mañana, yo me había levantado a las 7.30 (él mucho antes) y había sido un día muy intenso, estábamos muy cansados.

En la cama yo estaba inquieta, intentaba no moverme mucho para no molestarle, pero me movía buscando una postura y no conseguía dormirme. El cogió mi mano y la colocó sobre su paquete… mmmmmm que bien. Empecé a masajear sus huevos y su polla que estaba dura, después de un rato apartó sus calzoncillos seguí jugando con su polla y sus huevos, lo disfruté unos minutos y después pensé que me gustaría comérsela, le pedí permiso para hacerlo y salté entusiasmada sobre ella cuando me lo concedió.

Disfruté un buen rato de la libertad de comerle la polla como yo quisiera, lamerle de vez en cuando los huevos… hasta que me sujetó la cabeza y empezó a follarme la boca… y se corrió en el fondo de mi garganta y yo tragué encantada la lechita de mi Señor. No recuerdo si se lo agradecí, si no lo hice debí hacerlo. Fue el momento del día que más mojada estuve.

El se veía tranquilo y relajado, si no estaba dormido no debía estar muy lejos. Me acosté completamente desnuda y destapada, tenía mucho calor, encontré rápidamente una postura y me quedé dormida. Me desperté a las 7.00 (había puesto el despertador a las 8.00) en esa misma postura en la que me había dormido. Y de nuevo empecé a dar vueltas en la cama, quería dormirme, aún me quedaba una hora. Supongo que di tantas vueltas que al final le desperté, (…) y una vez más terminé lamiendo sus huevos, comiendo su polla y tragando su leche.

Nos levantamos tranquilamente, desayunamos más leche y más galletas, nos duchamos, nos arreglamos y fuimos a tomar un último café antes de que le devolviera al aeropuerto. El café fue largo, porque nos habíamos levantado temprano y teníamos tiempo, se pasó charlando animadamente no recuerdo sobre qué. Mi culo se apoyaba directamente sobre la silla de madera porque el “largor” de la falda me obligaba a mantener una postura un poco artificial si quería interponerla entre la silla y yo.

Recuerdo que estaba bastante mojada a pesar de que la conversación no tenía que ver con nada que pudiera excitarme. Tengo orden de comunicarle siempre que esté mojada, pero no veía la forma de meter la cuña dentro de la conversación. Un poco también porque los temas eran tan ajenos a esto, que supuse que decírselo tal vez le haría sentirse obligado a comportarse como amo y quizá en ese momento no tenía ganas. Cuando nos levantamos para marchar, miré de reojo la silla esperando no haber dejado ningún rastro de mi presencia.

Emprendimos el camino hacia el aeropuerto, la conversación seguía siendo animada y yo seguía mojada, cada vez más mojada, y seguía sin ver el momento de decirlo. Al final pensé que se lo diría cuando llegáramos al aeropuerto, o le cogería su mano y la pondría en mi coño para que lo comprobara directamente. Para bien o para mal, a medio camino del aeropuerto se reventó una rueda. Controlé bastante bien la situación, en ningún momento pasé miedo y creo que él tampoco, fui disminuyendo la velocidad sin pisar el freno porque no tenía muy claro que pasaría si lo hacía, paramos y a esperar por la grúa.

Pensé en aprovechar la espera para enseñarle la mojadura de mi coño, pero aunque no parecía nervioso, tampoco se veía tranquilo y entre unas cosas y otras esa humedad casi había desaparecido. Además la grúa llegó muy rápido. Nos cambiaron la rueda, nos la inflaron y nos pusimos de nuevo camino al aeropuerto. Creo que eran las 15.00 cuando finalmente llegamos, decidimos comer aunque no era lo que estaba previsto, pero claro, el pinchazo tampoco estaba previsto.

Nos sentamos en el restaurante del aeropuerto, eso después de cruzar la cafetería llena de gente que me miraba y nos miraba con mayor o menor disimulo. Me haría gracia saber qué pensaban sobre nosotros, que éramos familiares, que éramos pareja, que era mi jefe… no sé, seguramente cualquier cosa menos la realidad, que él era mi Amo y yo su sumisa.

Cuando nos sentamos me arrepentí de no haber ido primero al baño, hacerlo ahora suponía que tenia que volver a cruzar la cafetería y además dos veces. Recorrí el sitio con la mirada esperando encontrar cerca el cartelito WC con su muñequito y su muñequita, pero no tenía ninguno a la vista. Y entonces pensé en voz alta “¿dónde estará el baño?”. El notó esas pocas ganas que tenía de cruzar la cafetería y me dijo que fuera a ponerme las bolas chinas… lo dijo así medio entre bromas, tan medio entre bromas que me pareció más una sugerencia que una orden, y entre bromas intenté escabullirme, si no me levantaba por no ir al baño, como iba a ir además hasta el coche (que es donde estaban las bolas). Hasta que me di cuenta de que realmente tenía que hacerlo, y me levanté diciendo “bueno voy” resignada, en lugar de “Sí Señor” obediente… pero eso lo pensé después, en ese momento fue algo inconsciente, no fue un acto de rebeldía.

Crucé la cafetería cortada, procurando no mirar a nadie, a ver si así no me veían J Después tenía dos opciones, hacer la mayor parte del camino por dentro del edificio donde hacía menos frío pero delante de más gente o ir por fuera del edificio donde había menos gente pero hacía más frío. No lo dudé mucho, pasaría por dentro y si querían mirar que miraran. Pasé muy decidida y seguramente con algo de chulería, que para eso una es chula. Total que fui hasta el coche, luego al baño y volví al restaurante.

Me senté y me preguntó si llevaba puestas las bolas, le dije que sí, me dijo que entonces asomaría por fuera el cordoncito para retirarlas, le dije que sí. Me dijo que me levantara la falda y abriera las piernas, disimuladamente se iba a agachar para comprobarlo, y así lo hizo. Me hizo gracia el juego, el pequeño riesgo de que las otras personas del restaurante se dieran cuenta de lo que se cocía en esa mesa. Me ordenó que mantuviera las piernas abiertas durante toda la comida. El se agachó un par de veces más a lo largo de la comida para ver el cordoncito asomando.

En un momento dado, me dijo que comprobara con la mano la humedad de mi coño, bajé la mano disimuladamente para hacerlo, pero no estaba mojado. A esas alturas yo ya estaba pensando más en la vuelta a casa, me sentía muy cómoda, no me hubiera importado nada esperar hasta la hora de su embarque (las 20.35), pero eran las 16.00, habíamos pasado 4 horas el tiempo establecido y yo debía volver a casa.

Nos levantamos, me acompañó hasta la puerta y conduje de vuelta al hogar. Iba caliente por la autovía, con las bolas chinas porque él me había ordenado mantenerlas hasta llegar. De vez en cuando dejaba que mi mano rozara el coño, aumentando así mi excitación.

… y llegué a casa.

Sé que la próxima vez él no será tan sutil, tan correcto y yo estoy deseando que no lo sea. Me resultaría muy fácil resumirlo en una sola palabra… sencillamente fue perfecto.

ifis{Ae}



domingo, 9 de noviembre de 2008

... y después

Continuamos hablando por msn en los días sucesivos, prácticamente a diario. A mí me excitaba un montón y al mismo tiempo íbamos descubriendo como nuestras personalidades eran completamente diferentes, nuestra forma de enfocar la vida, nuestros valores. Lo único que teníamos en común era el interés en D/s, buscando lo mismo, cada uno desde su lado.

Nuestras diferencias hicieron que chocáramos muchas veces, yo llegué a pensar que nunca nos entendériamos, a la vez que como Amo me atraía cada vez más. Y chocando chocando, un día chocamos más de la cuenta, dejamos (o dejé, no recuerdo bien) nuestra conversación de msn. Me escribió un mail describiendo todas mis "virtudes", pensé que no valía la pena contestarle y decidí no hacerlo. Sin embargo, dos o tres días después le contesté, recriminándole su actitud pero sin cerrar la puerta. A partir de ahí supongo que los dos entendimos que teníamos que ser más tolerantes con las particularidades del otro... y todo empezó a ir bien.

Inicialmente yo había sido muy reacia a darle mi número de teléfono, por un lado para evitar la posibilidad de que se pusiera pesado abusando de su uso, y por otro lado porque aún no quería dejarle entrar en mi vida cuando él quisiera, sólo en los momentos en que a mí me apetecía, cuando yo quería conectarme al msn. Un día que tenía mucho tiempo para estar sola, me sorprendí enviándole un mensaje preguntándole si podía conectarse... por un lado reclamaba su presencia, cosa que hasta entonces para mi era bastante accesoria, y por otro lado, le estaba dando mi número de teléfono.

Poco a poco fui deseando quedar con él, experimentar en sus manos todo eso que me ofrecía. Me había demostrado una paciencia infinita, me había demostrado que me aceptaba tal como y era, y me respetaba... ya no tenía que estar pendiente de "marcar el territorio". Me había dicho muchas veces que no quería quitarme nada de lo que ya tenía, sólo aportarme cosas nuevas... y lo más importante, me lo había demostrado.

Buscamos una fecha para nuestro primer encuentro, por unas circunstancias y otras la más cercana posible sería un mes después. Estaba bien, por mi parte podría haber sido aquel mismo fin de semana, pero por otro lado me gustaba saborear la espera de algo que deseas. Y al mismo tiempo nos daba margen para conocernos más, y planificar, buscar un sitio adecuado, que nos diera juego. Un mes se pasa antes de lo que uno se imagina.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Cómo empezó todo

Le conocí una noche de Sábado, estaba en casa aburrida y no de muy buen humor y entré en el chat de sumisas, con la esperanza de encontrar alguien con quien hablar sobre D/s. No pensaba encontrar un amo, era algo que prácticamente había descartado, primero por mi particular forma de ser y segundo porque hablando con alguno de aquellos posibles candidatos di con un machista consumado. Y pensé que seguramente en el fondo todos pensarían igual y eso sí era imposible de conciliar conmigo. Jugaba a D/s de vez en cuando con algún amigo y eso al menos por el momento servía para calmar el gusanillo.

Cuando entré en el chat no tardaron mucho en aparecer unos cuantos mensajes privados, intenté contestar a todos, aunque era del todo imposible. Entre todos, uno captó especialmente mi atención, no recuerdo porqué, tampoco era para hacer la ola, no es la primera vez que alguien capta mi atención inicialmente y al conocernos más me parece que no tiene nada que aportarme. De momento le di mi cuenta de msn.

La conversación fue bien aquel primer día, hablamos durante varias horas y a mi me excitó mucho. Al día siguiente estuve muy cachonda todo el día, me masturbé 5 o 6 veces hasta que conseguí apagar tanto calor.